⚡Cap 13 | El Pulso del Corazón

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Capítulo 13.

Había sido una semana muy cansada y caótica para ella. Pero Ana se negaba a dejarse vencer. Cada guardia era un  maratón de cirugías, de estudio, de preparación para su futuro. Y al mismo tiempo, tenía la cabeza lejos de ahí, en un departamento donde una guapísima doctora se recuperaba.
 Miró por la ventana cómo el sol ya estaba arriba. Había sido una noche muy dura, corriendo en urgencias, yendo al quirófano, atendiendo todo lo que su jefa le ordenaba.
 Pero aparentemente, ya pronto podría ir a casa, más bien, al departamento de su novia. Sonrió ligeramente al pensar en eso. Esas noches durmiendo juntas habían sido fantásticas.
 Físicamente había tratado de tomar distancia, ya que no quería agitar a Gal y causarle una complicación. Pero estar ahí con ella, sentir a Gal agarrarle la mano de esa forma tan tímida, le causaba una ternura infinita.
 Y sus ojos. Los maravillosos ojos de Gal que parecía que siempre estaban mirándola. Le encantaba, definitivamente esa doctora la traía loca y Ana aún no sabía exactamente por qué.
 No es que Gal no fuera guapa, porque lo era. Y además era muy inteligente. Era una buena persona y había mostrado que de verdad quería estar con ella… Pero todo lo que sentía era demasiado, teniendo en cuenta que en realidad llevaba poco tiempo tratando con ella de esa forma tan directa.
 —¿Quieres? —le dijo Willy dejando un café frente a ella, haciéndola salir de sus pensamientos.
 —Eres mi héroe.
 —¿Y ya te vas? ¿Necesitas ayuda hoy con tu paciente consentida?
 —-Ahm… Creo que estaremos bien.
 —¿Segura? —Willy levantó una ceja sin quitarle los ojos de encima.
 —¿Qué?
 —Tienes cara de que necesitas dormir durante un mes.
 —Solo estoy un poco cansada.
 —Porque tu horario laboral y tus otras… pasiones te están absorbiendo, ¿no?
 Ana soltó una carcajada.
 —No sé de qué hablas.
 —Oye, lo puedo entender de Gal que es una amargada, pero tú sí me contarás, ¿cierto?
 —¿Qué cosa?
 —¡Gal y tú! ¿Ya están juntas?
 —Nos fue bien en la primera cita —dijo ella para torturar a su amigo.
 —Tendré que poner una cámara escondida en ese departamento.
 —Ni se te ocurra…
 Iba a amenazar de muerte a su amigo, pero su teléfono empezó a sonar en su bolsillo.
 —¿Tu amor secreto? —preguntó Willy
 —Mi mejor amiga… —dijo ella pegando el celular a su oreja—. Hola.
 ¿Estás viva? Porque si lo estás quiero que me digas exactamente por qué has estado evitándome… Y en caso de estar evitándome y no estar muerta, te mataré.
 —¿Cuál era tu pregunta?
 ¿Dónde te has metido?
 —Estoy en el trabajo…
 —¡¿Todos estos días?! Santiago dijo algo sobre una emergencia nacional… o algo así le dijo tu madre, ¿estás bien? ¿Qué pasó?
 —Hubo una… falta de personal y un terrible accidente…
 Uhm… Ya veo…
 —¿Qué cosa?
 Estás mintiendo.
 —¡Claro que no!
 —Dime exactamente qué estás haciendo, Ana. ¿Algo malo? ¿Ilegal? ¿Delicioso?
 —Ya te dije, he estado en el hospital, tengo una paciente algo delicada —dijo ella viendo enseguida la cara de ironía de Willy, que seguía ahí de metiche.
 Siento que algo no cuadra… Uhm… ¿Segura que no le estás mintiendo a tu mejor amiga? ¿Eh? Mejor… amiga…. Mejor… De toda la vida…. La mejor amiga…
 —Ah, ya, Jennifer.
 —Si todo es cierto, entonces dime, ¿estás ahora en el hospital?
 —Sí.
 Eso significa que estás terminando tu guardia, ¿no?
 —Eh… Sí.
 —Correcto, entonces paso por ti al medio día para que me acompañes.
 —No puedo.
 ¿Por qué carajo no puedes?
 —Porque tengo cosas qué hacer.
 Ana escuchó una risita al otro lado de la línea.
 —Es por Gal, ¿cierto?
 —¿Gal?
 Oh, vamos. ¿Es por ella verdad? ¿Te la has pasado con ella estos días? —Jenn lanzó un grito—. ¡Por Dios! ¡¿Estás teniendo sesiones de sexo salvaje con ella?!
 Ana tuvo que separar el celular de su oreja un momento por los gritos de Jenn.
 —¡Yo no estoy…! Claro que no, Jennifer —dijo bajando la voz—. Deja de decir idioteces.
 —Entonces pasaré por ti.
 —Ya te dije que no puedo…
 —Por Gal…
 —Sí, por… ¿Qué? No, no es por Gal.
 Jenn no dejaba de reír.
 —Eres tan predecible, Ana. Bien, yo entiendo que quieras tener esos encuentros salvajes con tu diosa de cabello negro… pero… ¿podrías dedicar tiempo a tu mejor amiga que pronto se casará con tu hermano? ¿Sabes que ese matrimonio nos une a ti y a mi en un solo espíritu?
 —¿Qué?
 —Es que tú y yo hemos sido amigas toda la vida, así que siento que en realidad esa boda es una unión contigo más que con Santiago…
 —Deja de decir tonterías.
 —Pero es cierto. ¿Entonces a donde paso por ti? Me imagino que hoy tampoco irás a tu casa, ¿verdad?
 —Bien. Un par de horas, Jenn, solo eso puedo salir hoy, ¿de acuerdo?
 ¡Sí! ¡Te amo, te amo, te amo! Te juro que ya no diré nada más sobre tu vida sexual con Gal.
 —Yo no tengo… Ya, como sea. Te mandaré la ubicación.
 —¡La espero!
 Ana cortó la llamada y suspiró.
 —¿Sesiones de sexo salvaje con Gal? —preguntó Willy dejando claro que había escuchado todos los gritos de Jenn.
 —Cállate… Creo que después de todo sí necesitaré tu ayuda hoy.
 —Con gusto, amiga —dijo el guapo doctor tomando un sorbo de su café con una sonrisa triunfal.

*****

Gal se examinó muy bien la cara. La inflamación ya había desaparecido casi por completo. Solo tenía unos cuantos puntos morados alrededor de la nariz, evidencia del gran moretón que la cubría.
 Terminó de cambiarse la ropa y de cepillarse los dientes. Lo cierto era que ya casi no necesitaba cuidados pero no estaba dispuesta a decirle eso a Ana. Ella se sentía muy bien con la presencia de la doctora.  Adoraba verla en su departamento, sentada junto a ella leyendo o en la cocina peleando con las instrucciones de las cosas.
 Ana había demostrado que ella de verdad le importaba. Gal se miró de nuevo en el espejo y se estremeció. Esos días había dejado pasar varias oportunidades para ser sincera con Ana sobre su vida y su familia.

Pero cuando la doctora mencionaba algo al respecto, ella solo sentía ganas de vomitar. Quería alejar por completo ese tema de conversación. Tal vez nunca sería necesario hablar de eso. Tal vez podría inventar algo más. Darle largas al asunto.
 Sonrió cuando escuchó unas llaves entrando en la cerradura. Unos fascinantes ojos verdes la observaron. Y después de eso llegó la sonrisa blanca, absoluta.
 —Hola —dijo su novia dejando sus cosas junto a la puerta—. ¿Todo bien? —Ella solo asintió, incapaz de decir algo más ante aquella presencia divina—. ¿Qué  pasa?
 —Nada, solo… creo que te hice el desayuno… —dijo ella señalando una sartén sobre la estufa.
 —¿Crees? —Ana se acercó a mirar lo que había dentro—. ¿Lasaña?
 —Eso decía la caja…
 —Creo que no debiste molestarte. —Ana se acercó despacio y se detuvo a un paso de ella.
 —Has estado cuidándome todos estos días, una lasaña algo quemada es lo menos que debería invitarte.
 —Es que creo que aún no debes hacer esfuerzos… —susurró Ana haciendo una expresión tan hermosa que Gal no pudo evitar inclinarse un poco hasta sus labios.
 Le dio un beso suave, dándose cuenta enseguida que le costaba menos que antes. Sentía que ya podía respirar, besarla, abrazarla… Las manos de Ana rodearon su cuello y Gal soltó una risita.
 —De verdad creo que quemé el desayuno.
 —No me impronta —dijo Ana sin dejar de besarla—. Y me alegra verte mejor.
 —Es que he tenido una excelente atención médica.
 —Tu doctora debe ser grandiosa.
 —Lo es.
 Sus manos viajaban por la espalda de Ana, que se atrevió a morder su labio inferior, pero luego dijo:
 —Creo que es mejor dar un paso atrás.
 Ana quiso retirarse pero Gal la siguió y volvió a besarla.
 —Es que… había mucho silencio en el departamento.
 Ana dejó de besarla y la miró a los ojos.
 —Esa es una forma muy linda de decir que me extrañaste.
 Gal no pudo evitar sonrojarse.
 —Creo que te estás volviendo muy buena en traducirme.
 —Ya tengo varios días de experiencia.
 Gal se atrevió a acariciar el rostro de Ana. La observó detenidamente tratando de memorizar cada milímetro de su piel. La quería, la deseaba. Tener a alguien en su vida nunca había sido una tentación para ella. Sin embargo, en ese momento sentía que ese era el único camino que quería seguir. Abrió la boca para decírselo. Quería que Ana entendiera lo que pasaba en su mente, quería explicarle eso que ni ella comprendía. Respiró hondo para empezar a hablar…
 —¿Tienes hambre? —dijo en cambio.
 —Muchísima.
 —Entonces vamos a comer.
 —Y luego a dormir, por favor —dijo Ana bostezando. Gal asintió, sabiendo que ella haría todo lo que esa mujer le pidiera.


Miró su reloj. Ana llevaba dormida más de tres horas, mientras ella había aprovechado el rato para estudiar y avanzar en los informes que el doctor Cepeda le había encargado para los alemanes.
 Terminó de leer el reporte clínico de uno de los medicamentos, buscando en internet algunos datos adicionales. Estaba tan concentrada que ignoró los golpes en su puerta hasta que fueron insistentes.
 —¡Ana! —dijo alguien en el pasillo.
 Gal abrió la puerta y se encontró con…
 —Ahm… ¿Jennifer? —preguntó tratando de recordar el nombre de la chica.
 —Hola, Gal —dijo aquella con una sonrisa pícara—. ¿Está Ana?
 —Está dormida —comentó ella algo confundida por la presencia de Jenn.
 —¿Tanto la cansaste?
 —¿Qué?
 La carcajada escandalosa de Jenn la aturdió unos segundos.
 —Ana me dijo que pasara por ella… Iremos a ver strippers.
 —No le hagas caso —dijo una voz detrás de ella. Ana había despertado y Gal no pudo evitar sonreír al verla tan hermosa con el cabello revuelto.
 —¿Quieres entrar? —le dijo entonces Gal a Jennifer.
 —Una chica con buenos modales, me agradas —dijo la amiga de su novia al entrar.
 —Me alisto rápido y salgo… —dijo Ana jalándola a ella hasta el baño. Era el único espacio separado de los demás por una puerta.
 —¿Saldrás?
 —Perdón, olvidé decirte. Jenn quiere que la acompañe a hacer no sé qué cosas. —Ana parecía muy apenada—. ¿Te molesta?
 —Claro que no —dijo ella sinceramente—. Estaré bien…
 —¡Hola, hola! —Escuchó la voz de Willy y a Jenn presentándose con él.
 —Le pedí que viniera a hacerte compañía —susurró Ana.
 —Me parece bien —dijo ella.
 —De acuerdo… Eh… Tengo que cambiarme de ropa…
 Gal miró el cuerpo de Ana, tratando de no pensar en esos movimientos al cambiarse.
 —T-te espero afuera…
 Ana sonrió tímidamente y estiró la mano para ponerle seguro a la puerta.
 —No me molesta que mires.
 Gal no dijo nada, solo asintió despacio e intentó controlar el estremecimiento en su cuerpo. Ana le dio la espalda para alcanzar su ropa cuando empezó a cambiarse. Gal vio su espalda desnuda, deslizó la mirada hacia abajo, descubriendo un trasero que anatómicamente se veía perfecto. Dio un paso atrás para pegarse a la puerta, tratando de no caer desmayada ahí mismo.
 Ana la miró un momento y Gal pudo ver sus mejillas rojas antes de regresar a lo que hacía. Gal pensó en todas las molestias físicas que aún tenía por la cirugía y concluyó que eso le importaba un cacahuate. Con una determinación que no conocía en sí misma, jaló a Ana, que sorprendida, fue atrapada entre los brazos de Gal. La doctora seguía en ropa interior y ahogó un grito cuando Gal pegó su cuerpo al suyo.
 —Eres… perfecta —susurró Gal con voz ronca, hundiendo su cara en el cuello de Ana.
 —Gal, con… cuidado… —Ana le sujetó la cara, evitando que Gal se inclinara demasiado—. No quiero que sangres de nuevo.
 —Entonces no deberías tentarme. —No podía controlar sus manos, que tocaron el cuerpo semidesnudo de Ana mientras repartía besos en su rostro.
 —Perdón, yo solo… quería jugar un poco y… Gal… Gal…
 Ana ya no tenía fuerzas, Gal pudo sentirlo. Su novia la miró a los ojos un segundo antes de buscar su boca. Muy despacio comenzó a besarla mientras se dejaba empujar hacia la pared. Gal aprisionó a Ana, que soltó un quejido al chocar con el frío de los ladrillos.
 Algo empezaba a quemarle por dentro, por fuera, por todas partes. Sus dedos se enredaron en el cabello de Ana, que se retorcía mientras buscaba la manera de quitarle la prenda de arriba.
 —¡Ana, ¿ya estás lista?! —Se escuchó una voz fuerte al otro lado de la puerta.
 —Carajo —dijo Ana tapándose la boca.
 Gal parpadeo varias veces tratando de recordar quién estaba en su departamento pero todo en su cuerpo era confusión.
 —Empiezo a sentir que odio a nuestros amigos… —dijo entonces, dando un paso atrás.
 —Ay no… —Ana empezó a reír tratando de no ser escuchada y le dirigió una mirada de disculpa. Ga negó con la cabeza.
 —Está bien —dijo tocándose la nariz.
 —¿Te lastimé?
 —No, todo bien… Creo… Ahm… —Gal miró una vez más la ropa interior de Ana—. Mejor…espero bella… ¡afuera! Afuera… Te espero.
 Gal iba a marcharse, pero Ana la detuvo de una mano.
 —Oye… —Su novia se acercó a darle un beso suave—. Ahora sí puedes irte.

****

Cuando Gal la dejó sola en el baño, Ana suspiró y se tocó el corazón para tranquilizarlo. Había estado a punto de perder la cabeza. En realidad, la había perdido por un par de minutos. Se echó agua en la cara para bajar el calor que sentía. Gal le hacía estragos en el cuerpo y la mente. Tenerla cerca, sentir su piel, su forma de besarla, su mirada…  Gal tenía algo que desbordaba, que hervía. Y Ana estaba muy conciente de eso. Sospechaba que Gal no era nada tímida en la cama… Ana se estremeció al pensar eso. Sonrió como tonta y volvió a echarse agua. Por un momento odió a su mejor amiga y a Willy. Ella quería estar a solas con Gal, quería que su novia la tocara, quería confirmar eso que ya sabía.
 Pero luego pensó en Jenn, que estaba a punto de casarse. Ese momento era importante para Jenn y ella no quería ser una mala amiga. Así que se apuró a estar lista y salió del baño.
 Willy y Jenn reían a carcajadas mientras Gal tenía esa expresión de felicidad contenida que cambió en cuanto sus ojos la miraron. Pudo ver un destello en esa mirada y cómo la sonrisa en ese rostro se volvió real.
 Fue apenas un segundo, pero Ana pudo notar la complicidad de sus ojos. Recordó lo que había pasado en el baño y sintió algo de calor en la cara,
 —Y ahí está la amiga más hermosa del mundo —dijo Jenn—. ¿Lista?
 —Sí… —No quería irse, no quería dejar a Gal—. ¿Quieres venir? —le preguntó a su novia, que parecía sorprendida ante esa pregunta.
 —¡Qué gran idea! —dijo Jenn colgándose del brazo de Gal—. ¡Así podríamos conocernos mejor!
 Ana notó los ojos de Gal de nuevo en ella.
 —Si te cansas demasiado podría traerte… Pero si no…
 —Si quiero —la interrumpió Gal, sonriendo.
 —¿Y yo qué hago? —preguntó Willy cruzando sus brazos.
 —Venir también —dijo Jennifer—. Necesitamos un hombre fuerte que cargue las bolsas y a Gal si se desmaya.
 —Iré a cambiarme los zapatos…  —dijo Gal caminando hacia el cuarto. Ana solo pudo seguirla.
 —Yo lo hago —le dijo a su novia inclinándose para ponerle los zapatos.
 Sabía que Gal no debía esforzarse demasiado ni ponerse en una posición que le causara sangrado.
 —¿Segura que está bien que las acompañe?
 —Segura. A menos que te sientas muy cansada.
 —Estoy bien. Además, salir me ayudará.
 Ana terminó de ponerle los zapatos a Gal y se sentó junto a ella en la cama, con el cuerpo hacia su novia.
 —De acuerdo, pero si te sientes mareada o te cansas, me lo dices y te traeré enseguida.
 —Estaré bien, doctora.
 —Más te vale, eh, porque recuerda que hoy tu novia se quedará a dormir contigo —dijo bajando la voz para que sus amigos no escucharan.
 Gal se acercó a su oreja y dijo:
 —Hoy no quiero dormir con mi novia.
 Ana miró un momento los ojos de Gal.
 —¿No?
 Gal negó con la cabeza.
 —Dormir no es precisamente algo que quiera hacer esta noche.
 Ana contuvo la risa.
 —Bueno… veamos qué dirá tu doctora al respecto.


Desde que Ana tenía memoria, Jen siempre había estado en su vida... hablando sin parar. Al principio lo que le había preocupado de esa salida, era la idea de que Gal se fatigara. Pero en ese momento, lo que más le preocupaba era la evidente forma en que Jennnifer y Wiilly las estaban atormentando.
 —Entonces Gal, si no tienes ningún compromiso con nadie, podríamos salir  luego a conquistar mujeres a algún sitio —decía Willy. Ana sonrió al ver la expresión seria de su novia.
 —No, gracias.
 —De acuerdo,  dices eso porque… Opción a, ¿eres heterosexual de closet? Opción b, ¿ya tienes novia? —preguntó Willy.
 —¿Hay alguna opción donde tú estás en silencio? —dijo Gal lanzándole una mirada fugaz a ella.
 —¡Ahí está!
 Jenn los arrastró por el enorme centro comercial. Ana intentaba estar como apoyo para su amiga y también se mantenía pendiente de Gal. Al menos a esa hora el lugar no estaba muy lleno y Gal no corría mucho riesgo de ser empujada.
 —Nuestros amigos están locos —le susurró a Gal cuando vio que Jenn y Willy estaban distraídos.
 —Solo quieren saber si estamos juntas o no, cosa que no entiendo, ¿no es evidente?
 Ana sonrió ante eso, miró a su novia y dijo:
 —Hay personas que necesitan escuchar lo evidente.
 Gal asintió despacio.
 —Podemos decirles si quieres.
 —¿Tú quieres?
 —¿Por qué no querría decirles que eres mi novia?
 —Creí que te gustaba tu privacidad.
 —Últimamente estoy dudando de eso… —dijo Gal mientras le rozaba la mano—. Hay una forma simple de confirmar lo nuestro.
 —No podemos tener sexo aquí, Gal.
 Gal soltó una carcajada tan fuerte que todos la miraron. Luego esperó a que todos regresaran a lo suyo para decir:
 —Estaba pensando en algo más discreto.
 Ana asintió. Jenn y Willy caminaban hacia el otro lado del lugar en busca de algo. Ana se colgó del brazo de Gal mientras los seguían. Lentamente, deslizó su mano hasta entrelazar sus dedos con los de su novia.
 Sintió un cosquilleo fuerte cuando Gal correspondió a ese agarre de forma firme. Ana pudo ver la mirada intensa de su novia, que esbozó una sonrisa y siguió caminando junto a ella. Aquello era mejor de lo que Ana había soñado. Era su primera salida después de besarse en aquel consultorio. Era la primera vez que Gal le agarraba la mano de esa manera. Un gesto tan simple no debería sentirse como algo tan poderoso. O al menos eso pensaba Ana mientras su novia la guiaba. Miró de nuevo el perfil de Gal, que observaba a Jenn recogiendo sus anillos de boda.
 —Ana, ¿qué te par…? —Jenn había girado hacia ellas  y tenía los ojos muy abiertos.
 —¡Lo sabía! —dijo Willy corriendo hacia Gal, a quien abrazó y levantó del suelo—. ¡Eres mi ídola!
 —¡Mi nariz! —gritó su novia, dándole un empujón a su amigo.
 —¡Ah! —Jenn también había abrazado a Ana, que estaba apresada por su amiga—.  ¡Yo seré tu dama de honor!
 Ana atrapó la mirada de Gal, que estaba muy roja y solo negó con la cabeza mientras sonreía. Ana adoraba verla sonreír y últimamente había sido testigo de muchas sonrisas de esa guapa chica.
 —Hacen mucho escándalo por… —Empezó a decir Gal, pero Willy la interrumpió.
 —¿Por el final de tu celibato? ¡Claro que sí! —gritó Willy dando saltos con las manos hacia el cielo, como si festejara un campeonato del mundo mundial.
 —¡Ven, Gal! —Jennifer jaló a su novia hasta una de las vitrinas de la joyería—. A Ana le gustan las cosas sencillas, así que ese sería un buen anillo de compromiso. —Su amiga señaló una de las joyas frente a ella.
 Ana suspiró y apartó a su amiga de Gal.
 —Nada de anillos, Jenn.
 —¿Por qué? ¡No me digas que no creen en el matrimonio!
 —No le hagas caso —le dijo Ana a su novia, que tenía esa expresión de sentirse muy abrumada—. ¿Qué les parece si vamos por un helado?
 —Eso estaría muy bien… —apoyó Willy—. Y de paso pueden contarnos detalle a detalle cómo demonios la callada y estoica Gal, conquistó a la doctora más guapa del hospital.
 —No pienso decir nada al respecto…
 —¡Oh, vamos! 

Jenn volvió a jalar a Gal. Ana solo sonrió viendo como su novia era arrastrada por sus dos amigos ansiosos por una confesión.



****

Gal no recordaba la última vez que había tenido una tarde así. Willy y Jenn no se callaban. Incluso si Gal pensaba que Ana hablaba mucho, no era nada en comparación a tener a esos dos enfrente de ella, lanzando preguntas discretas e indiscretas.
Pero esa tarde le había gustado. Estar con la gente no era tan malo si esa gente te gustaba. Y a ella le gustaban esas personas, en especial, Ana.
Ana, que en ese momento cerró la puerta después de casi lanzar a sus amigos al pasillo. Gal sonrió mientras se quitaba la chamarra y se miraba la nariz en el espejo.
—¿Estás bien? —Escuchó detrás de ella.
—Mejor de lo que creí. Me siento bien. —Entonces se fijó en la postura de Ana, parecía algo rígida. Como si de repente no quisiera moverse de su lugar—. ¿Qué pasa?
—Perdona los comentarios absurdos de Jenn. Ahm... Willy solo quiere saber cosas sexuales, como siempre. Pero Jenn, eso que estuvo diciendo sobre… sobre…
—¿Casarnos?
La cara de Ana estaba muy roja.
—Está loca.
Gal asintió mientras pensaba un poco.
—A mí me pareció algo halagador.
—¿Halagador?
Gal se sentó en la cama y levantó los pies para quitarse los zapatos.
—Eres una mujer hermosa, una gran doctora, amable, divertida… Y Jenn cree que yo merezco todo eso. Es… halagador.
Cuando Gal levantó la mirada, notó la sonrisa hermosa de Ana.
—¿Porqué no merecerías algo así, Gal?
Gal quiso soltar una risa amarga mientras su mente era bombardeada por su pasado. La vida le había mostrado que ella no merecía nada de eso. Pero, entonces, ¿por qué Ana estaba en ese momento en su vida? Conectó los ojos con los de su novia, tratando de encontrar sentido a aquello.
Entonces Gal notó algo más. Ella estaba bien físicamente. Y Ana estaba ahí. Ana estaba en la entrada de su habitación como si estuviera esperando la autorización para cruzar ese límite.
Se puso de pie despacio, mientras su cuerpo temblaba. Ella quería a Ana ahí con ella. Quería tomarle la mano, quería esas salidas, quería verla cada día. Pero para tener eso, ella debía dar mucho. Debía mostrarse, debía ceder. Y eso hizo que de nuevo tuviera miedo.
Ana seguía mirándola, sin moverse. Gal sabía que había llegado el momento de tomar una decisión. Si dejaba que Ana se acercara, ella sabía que no habría vuelta atrás. Tomó aire y estiró una mano hacia Ana.
—Ven —susurró.
Gal vio la sonrisa tímida de Ana y notó el titubeo en sus pasos hacia ella.
—¿Necesitas algo? —preguntó Ana con una voz coqueta.
Gal deslizó una mano por el brazo de Ana y observó su cuerpo estremecido.
—A ti.
—Entonces… quítame la ropa.

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