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⚡Lo más HORRIBLE que me ha pasado en la vida
¿Cómo chingados lo haré?
Cuando mi hija estaba por nacer, yo no podía dejar de pensar en ciertas cosas.
Como, por ejemplo: “¿cómo chingados voy a enseñarle cosas que ni yo hago?”
Cosas que sé que son buenas, como la disciplina, los deportes, comer bien y todo eso que cuando eres joven te vale madres y de repente un día te das cuenta que de verdad es bueno.
Entonces pensé en mil formas de explicarle. En mi mente ensayé los discursos y me di cuenta que lo que estaba haciendo era una estupidez.
Y si algo no soy (ahora, porque antes sí) es estúpida.
Así que dije: déjate de mamadas y enséñale como se debe.
¿Y cuál es la única forma efectiva de enseñar algo? Siendo el EJEMPLO.
Por eso decidí superar varios miedos y aversiones…
Por ejemplo, al mar.
Mis padres son muy miedosos respecto al mar. Cuando era pequeña y me llevaban, me decían…
“Siempre debes pisar o morirás”.
“No te alejes o morirás”.
“No te sumerjas o morirás”.
La Nalle de 5, 6,7 años… se imaginaba muerta flotando hasta Cuba y por eso me costaba mucho estar en el agua.
Pero venían dos cosas aún peores.
La primera fue la afición de mi madre por ver películas de tiburones y monstruos marinos. Y obviamente yo las veía con ella.
Por eso, al estar en la playa no podía dejar de imaginar que un tiburón me comía.
Si me metía y sumergía tantito la cabeza, tenía la visión de los dientes de un tiburón a punto de atrapar mis piernas.
Y la segunda cosa peor fue…
Un día me metí al mar en una zona “baja” pero con un poco de corriente. Tenía 12 años… y al estar ahí con otro amigo, el mar empezó a jalarnos. Por la desesperación, chocamos entre nosotros, él pudo salir…
Peeeeero…
Yo ya estaba en lo profundo, no pisaba y la corriente era fuerte. Al querer patear, mi pie chocó con un pinche ancla haciendo que el dolor hiciera más difícil mi salida.
Entre manotazos para intentar salir, vi a mi papá sentado en la orilla de la playa, con una cerveza en su mano conversando con alguien.
Ahí me di cuenta que nadie se había fijado en mí y lo más seguro era que moriría ahogada y flotaría hasta Cuba.
Entonces, mágicamente mi mano encontró la cuerda del ancla que había pateado y jalé de ella para salir.
Fue la cosa más horrible que me ha pasado.
Después de eso casi no me metí más al mar. O al menos lo hacía solo en la parte baja. Nunca metía la cabeza, ni me sumergía. Solo me quedaba parada como estúpida, chapoteando.
Pero llegó Ingrid, mi esposa que es mitad pez y nada hasta en tierra. Y empezó a ayudarme a perderle el miedo al mar. No lo conseguí del todo hasta que Miranda nació.
Fue en el momento en que decidí siempre enseñarle con mi ejemplo.
Me fui con todo sobre la natación, ya sabes, aprender bien, con la técnica y todo el asunto. Ahora es la cosa más divertida que hago, y es el único deporte que me gustaría seguir practicando en serio.
Mi bebé disfruta el agua, la metemos a todas partes y siempre lo hacemos como si se tratara de una fiesta porque no queremos que tenga miedo nunca.
Lo mismo pasa con el tema de la comida. Siempre me “puse mis moños” para comer, pero ahora como de todo para que Miranda vaya haciendo lo mismo.
Bueno, en realidad no como “de todo” porque he eliminado la harina, el azúcar y los alimentos fritos (y de paso, el alcohol, que no bebía con frecuencia pero apenas decidí que desde ahora nada, cero).
Sé que si en su entorno ella solo ve alimentos saludables, le será más fácil tener una vida nutritiva y sana.
Porque si le digo que no debe comer chocolates pero yo sí los como, eso sería contradictorio. Y debo ser congruente con lo que le enseñe en su vida.
No creas que estos cambios no me cuestan, claro que lo hacen. En mi familia se come con ganas y sin remordimientos.
Y ahora soy la rara que llega con su brócoli a las reuniones familiares. Soy la que toma agua y rechaza la Coca Cola. Soy la de “la comida especial”.
Además, de que la disciplina nunca ha sido mi fuerte, pero ahora tengo un pequeño motorcito que me está observando y aprendiendo de mí…
… Y por eso no la voy a cagar.
¡Te escribo mañana!
P.d. Y sin duda un hábito que adoptará mi pequeña es la lectura. Ahora tiene 6 meses y ya tiene dos libros. Le encantan… aunque intenta comerlos.
Quiero que se acostumbre a ver libros por todas partes, que esa sea su televisión (no tenemos en la casa) y que su creatividad e imaginación no tengan límites.
Y como “somos lo que comemos”, seguro un día me dirá: “mamá, escribiré mi primera historia, ¿cómo la publico?”
Hablando de historias… ya tengo lista la siguiente. En unas horas la podrás leer (si quieres) y descubrir qué más cosas se incluyen en este nuevo universo que es el sueño de toda lectora.
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