⚡De nuevo tú

Cap. que sigue


En esta newsletter comparto historias y anécdotas todos los días. Sin falta.

Hoy toca el turno a la historia que estoy publicando aquí, vamos en el capítulo 14  y seguro no entenderás ni madres. 

Por eso si quieres leer los primeros capítulos puedes hacerlo en este ENLACE. (No es spam y nadie clonará tu tarjeta te lo garantizo).

De nuevo tú 

Cap. 14

Su corazón no existía, ella no existía. Solo era un ente que flotaba frente a esa mujer  que estaba cada vez más cerca.
 —Kay… —dijo Marsel con voz temblorosa—. Te contaré la verdad. Te diré lo que pasó hace diez años.

Un escalofrío bajó por la columna de Kayri, poniendo alerta sus sentidos. La cara de Marsel estaba roja y movía las manos con nerviosismo.
 —¿Quieres que nos sentemos? —preguntó ella señalando las sillas en el balcón.
 —No, no. Sería imposible mantenerme sentada… Es que…
 —Si es algo incómodo para ti no tienes porqué decirlo.
 —Quiero decirlo —dijo Marsel con seguridad—. Pero antes, necesito saber… Debes ser honesta conmigo, Kay.
 —Lo intentaré. —Sonrió para hacerle ver a Marsel que estaba bromeando, pero la chica parecía dominada por los nervios—. ¿Estás bien?
 —Sí… Es que… Cuando me contaste que Samuel estaba viendo a otra chica, ¿por qué lo hiciste?

—¿Por qué lo hice? ¿Tú por qué crees? ¡Te estaba viendo la cara!
 —Sí, pero… ¿tenías algún otro objetivo?
 —No —dijo con sinceridad—. Solo me pareció horrible que te pusiera el cuerno. ¿A qué vienen tantas preguntas? ¿Acaso hice mal? ¿Preferías que no te dijera nada?
 —Claro que no. Agradezco que me dijeras pero… ahm… Es que en ese momento estaba pasando algo en mi vida… Había alguien más.
 —Sí, ya me dijiste. El chico misterioso —interrumpió algo irritada. No quería hablar de eso, era como someterse a tortura. Pero Marsel continuó:
 —Es que, este chico… Me hacía sentir cosas que no podía identificar, creí que solo era amistad. Reíamos tanto juntos… Me acompañaba a casa después de la escuela y… se quedaba a charlar conmigo… Era algo diferente a lo que tenía con Samuel y eso me hizo creer que no era amor, que era una conexión diferente…
 Kay sentía su respiración agitada e intentaba ordenar sus emociones. Recordó aquellas noches en que después de las clases caminaba con Marsel hasta su casa, junto con otros compañeros que vivían por el mismo rumbo. ¿Cuál sería el chico misterioso?
 —¿Y… quien era? Es que… nunca vi que nadie más se quedara a charlar contigo…
 Marsel sonrió de una manera que Kay nunca había visto.
 —Cuando llegaste hace unas semanas, pensé que no había necesidad de decirte esto. Pero luego… pasó algo.
 —¿Qué pasó?
 El rostro de su amiga se sonrojó a un grado alarmante.
 —Este chico apareció y aquella conexión que creí muerta, revivió.
 La punzada en su corazón fue tan dolorosa, que Kay estuvo a punto de quejarse pero se mordió la lengua y dejó que los celos se apoderaran de ella. Aquello era peor que con Samuel. La confesión de Marsel la estaba matando.
 —Eso es… genial, Marsel. Así podrás… Ustedes podrán… —Le costaba respirar. Inhaló profundamente y trató de retomar el control de sí misma, pero estaba perdida. Quería gritar.
 La puerta se abrió de golpe y Jocelyn entró.
 —Lo siento, Kay. Esto es urgente —dijo señalando el celular—. Es un desastre de relaciones públicas y necesitan tu ayuda.
 —Claro, claro. —Se sentía bastante aturdida pero feliz de tener un pretexto para detener eso. Miró a Marsel que seguía roja, pero sonriente. Ella no podía devolver el gesto, tenía la cara entumecida—. Oye, no sé cuanto tiempo me tomará esto… —le dijo a su amiga—. Si tienes algo qué hacer podemos platicar luego…
 —No Kay, aquí te espero.
 Quiso buscar una excusa para sacar a Masel de su habitación, pero la mujer fue hacia la cama y se sentó ahí, dándole a entender a Kay que no tenía escapatoria. Aquella conversación seguiría.
 Eso la puso de peor humor, de manera que no tenía el mejor ánimo para lidiar con el problema mediático que se había desatado, así que no pudo evitar sonar más dura de lo que quería. No era su  asunto que unos burócratas idiotas de un país al otro lado del mundo hubieran metido la pata. Ella tenía realmente un problema en ese momento. La mujer a la que amaba estaba a punto de confesarle su amor por alguien más, y seguramente Marsel esperaba que ella conociera al sujeto, que conviviera con él, que pasaran tiempo juntos. Y Kay no estaba segura de poder hacer eso.
 Mientras discutía con la persona al otro lado de la línea, se arrepintió de su decisión. Quería decirle que dejaran la declaración así, ella iría a donde ellos quisieran a hacer el trabajo que le ofrecían. Haría lo que fuera para aliviar el dolor que sentía en ese momento. Los ojos de Marsel seguían clavados en ella, haciendo que su enojo creciera. Estaba a nada de hacer una locura.
 —Ten esto —le dijo a Jocelyn lanzándole el celular—. Tienes razón, son unos imbéciles.
 —¿Estás bien? —susurró su asistente.
 —No —admitió—. Debí aceptar ese maldito empleo. Por favor déjame sola con Marsel. Y no me importa quien llame, no nos interrumpas.
 Jocelyn la miró con preocupación pero salió del cuarto. Ella giró hacia la cama, donde Marsel le devolvió la mirada. Kay caminó hacia ella, lista para recibir el tiro de gracia.
 —Disculpa la interrupción…
 —Está bien. ¿Por qué pareces furiosa?
 —Por la llamada, supongo.
 —Kay…
 —Ya dime lo que tengas que decir —soltó con un genio de los mil demonios.
 —Pues parece que estás furiosa pero conmigo —dijo Marsel poniéndose de pie para quedar frente a ella.
 —¿Tú crees?
 —¿Por qué estás enojada?
 Un torbellino de palabras chocaron en su garganta, haciendo que Kay no tuviera idea de qué decir ni por dónde empezar.
 —¿Te parece poco que... que…?
 —¿Qué?
 —Vienes aquí y dices que estabas loca por ese imbécil de la universidad y que apareció de nuevo, y  yo aquí como… Eres… no puedo… ¡¿Es que no te das cuenta?!
 —Claro que me doy cuenta, Kay… —dijo Marsel en un tono tan suave que la hizo temblar—. Eres tú la que no ve… La que nunca vio… Eres brillante como criminóloga pero si una chica está loca por ti no te enteras…
 —¿Q-que dijiste?
 Marsel se acercó tanto que Kay dejó de respirar.
 —El chico al que amé… Es una chica.
 —¿U-una chica?
 Marsel asintió.
 —Una chica bastante divertida que solía contarme mil cosas cada noche… Que me acompañaba al cine… Que me hacía reír…
 Su corazón dolía. Su cuerpo temblaba sin control. Su cerebro intentó ordenar lo que acababa de oír y una cálida esperanza inundó su alma. Pero no podía hacer la pregunta que en realidad quería hacer, así que decidió hacer una broma:
 —¿Hablas de Karla?
 Su amiga soltó una carcajada y le dirigió una mirada brillante.
 —Hablo de ti, boba. Te amaba, Kay… —Los ojos de Marsel se empañaron—. Cuando descubrí que lo que sentía por ti era amor, ya te habías ido. Por eso te busqué, te llamé para decírtelo esperando que sintieras lo mismo por mí. Pero tú pusiste más distancia entre nosotras, empezaste a ignorarme... Entonces me convencí de que lo que sentía era solo de mi parte, y como nunca mencionaste que  te gustaban las chicas… te dejé en paz. Diez años después vuelves, me dices que sí te gustan las mujeres y no puedo dejar de preguntarme si… alguna vez… sentiste algo por mí…
 A Kay se le escapó un suspiro. Tenía la piel de gallina y calor en la cara. sabía que estaba roja, sabía que seguro se veía patética. Y también sabía lo que debía decir. Aquello que había querido decir por muchos años…
 —Estaba totalmente enamorada de ti, Marsel. Tú eres la chica que me tenía loca, por la que nunca salí con nadie más. Te amaba con todo mi corazón, con todas mis fuerzas. Y por eso me fui, creí que era la única manera de olvidarte ya que tú habías regresado con Samuel…
 —El peor error de mi vida. Aquella noche de cine, la última vez que te vi tenía tanto miedo de hacer algo que arruinara nuestra amistad. Ahora me arrepiento de no haber hecho algo, debí poner a prueba lo que sentía... Debí besarte esa noche.
 Kay se puso muy nerviosa al imaginar eso.
 —Sí, creo que… también debí besarte.

No podía moverse. Sabía que tenían una cuestión más que resolver, pero se sentía incapaz de mencionarlo. Observó a Marsel, que con las mejillas sonrojadas se acercó más… Estaban a unos centímetros.
 —¿Y… qué haremos ahora? —susurró la mujer, con una voz tan dulce que Kay sintió que se derretía.
 —¿Con qué…? ¿Con lo que dijiste sobre el chico misterioso y la conexión que aún sientes?
 —Exacto. —Marsel le acarició la mejilla con suavidad.
 —Pues creo que… Tengo que ser sincera contigo —dijo con toda la seriedad que le quedaba, haciendo que Marsel la mirara preocupada—. Es que… No quisiera que pensaras cosas que no son…
 —¿Qué?
 —Es broma…
 Sin esperar nada, Kay se lanzó a los labios de Marsel. 

Una boca atrapó la suya haciendo que todo dentro de ella explotara. Unos brazos rodearon su cuello, mientras sus labios eran reclamados para siempre. Sentía la suavidad de cada roce, el delirio del deseo creciendo en ella y el cuerpo de Marsel temblando contra el suyo. 

No podía detener eso, no quería. Por fin estaba besando a la chica de sus sueños, el amor de su vida acaba de decirle que también sentía algo, que siempre lo había sentido. Sonrió contra la boca de Marsel, que abrió los ojos en ese momento y rompió el beso.
 —Vas a matarme… —dijo la mujer con una sonrisa radiante sin dejar de abrazarla por el cuello.
 —¿Y cómo crees que estoy yo?
 —Por tu lenguaje corporal diría que estás bastante excitada… —comentó Marsel usando su voz de profesional. Kay soltó una carcajada.
 —Eso hasta un ciego lo vería…
 Marsel deslizó las manos despacio por su cuerpo hasta llegar hasta el borde de la sudadera que tenía y metió las manos bajo de ella, haciendo que Kay se estremeciera. La respiración de Marsel se agitó más en cuanto tocó su piel bajo la ropa.
 —Kay… —Empezó a dejar besos suaves en el rostro de la mujer—. La verdad es que… no puedo… pensar… Sigue… —Pero aquello fue interrumpido por el sonido estridente de un celular—. ¡Carajo! —dijo Marsel dando un brinco por el susto. El timbre era odioso, así que Kay se alegró cuando Marsel fue hacia su bolso para apagar el aparato.
 Marsel observó la pantalla varios segundos y frunció el ceño.
 —¿Pasa algo?
 —Tengo diez mil mensajes de la oficina, hay problemas. —Marsel la miró con una sonrisa—. No quiero detener esto.
 Kay volvió a abrazarla.
 —Ni yo… Pero el deber te llama.
 —Odio el deber.
 Pero la cara de Marsel era de todo menos de odio. Sonreía de una manera tan hermosa que Kay podía quedarse ahí parada y mirarla toda la vida.
 —Puedo ir a verte más tarde y… tal vez…
 —¿Por qué te sonrojas? Sabes que también quiero.
 —Es que es un poco raro todo esto ¿no?
 —Sí, pero también es maravilloso. Te llamo más tarde, ¿va?
 Marsel la besó una última vez y caminó hacia la puerta. Kay la vio salir, pero inmediatamente después Marsel entró corriendo y le plantó un beso.
 —¿Me extrañaste? —preguntó Kay bastante divertida.
 —Ven conmigo…
 —¿Segura?
 —Sí. Y estaría bien que llevaras algo de ropa… —dijo Marsel con voz traviesa.
 —Esa es una gran idea.


 Continuará…

**Formato ajustado a los requerimientos de esta plataforma.

________—--------___________—--------___________—--------__________—--------_______

✅Si este capítulo te dejó picada y alocada, contesta con un  “qué calor

Instagram AQUÍ, Threads AQUÍ. Sígueme y te diré el secreto para hacer el mejor guacamole.