- nallemendez.com
- Posts
- ⚡Pelotas y ovarios
⚡Pelotas y ovarios
Que se joda
Hace mucho tiempo me pasó algo que no he podido olvidar y que definió algo MUY IMPORTANTE en mí.
Tenía 11 o 12 años, estaba en sexto de primaria.
Para que entiendas mejor todo, debo aclarar algo: soy pésima en deportes. Pero pésima de verdad. Como que Yisus dijo: a esta la hacemos torpe y que se joda.
Si me lanzas una pelota seguro no la atraparé y terminará rompiendo mi nariz. Batear algo, olvídalo. Encestar, menos. Correr, me caigo.
Con esto en mente, viene mi historia.
En sexto de primaria, en la clase de educación física, estábamos aprendiendo sobre basquetbol, ya sabes, reglas y práctica.
Nunca le atinaba al aro y los rebotes se me escapaban. (Y yo creo que el maestro de repente se aburría y pedía que yo pasara a hacer el ridículo para reir un rato).
El caso es que un día a todo el grupo nos llevaron a otra ciudad para un “encuentro deportivo”. Varias escuelas estaban ahí.
Obviamente me paré hasta atrás sintiendo que me había equivocado de vida.
Uno de los organizadores se acercó y empezó a seleccionar a los que participarían y les informaba en qué juego estarían.
Y de repente llegó conmigo.
Escribiendo esto no puedo evitar recordar su cara, sus ojos en mí y su voz diciendo: tú tendrás que correr entre los conos llevando el balón y lanzar a la canasta.
Recuerdo que sentí mi alma cayendo en picada partiéndose la jeta contra el suelo.
Estaba perdida, lo sabía. Y nadie podía salvarme.
Entonces llegó…
…Uno de los momentos más significativos para mí. Uno que me enseñó qué hacer cuando estoy al borde de un precipicio.
Recuerdo que respiré hondo y me relajé.
No podía hacer nada por evitar lo que venía, lo más digno que me quedaba era afrontarlo con calma.
Cuando me dieron la pelota tomé otra decisión: correr entre los conos, lanzar la bola pero no mirar lo que ocurriría.
Y empecé a correr en zig zag haciendo rebotar la pelota, iba de un cono hacia otro y luego hasta la canasta. Tiraba y giraba rápido para ir por otro balón.
De repente empecé a escuchar el “uuuuh”, “aaahh”.
No quería ver la cara de nadie. No me interesaba el resultado, solo seguía y seguía lanzando pelotas y corriendo entre los conos.
Cuando terminé me acerqué a mis compañeros. Me sentía bien de al menos haber podido correr sin tropezar.
“Encestaste todos”, me dijeron.
“¡¿Quéééé?!”
Le había atinado a los 10 tiros.
Mi maestro solo me miraba estupefacto. Nadie de mi escuela lo podía creer, ni yo.
Ahí aprendí algo: hay cosas en la vida que son inevitables, cosas que podrían paralizarnos de miedo. Y el chiste para superarlas es cómo decidimos enfrentarlas.
No se gana nada con buscar maneras de evitar situaciones. Solo hay que afrontar lo que venga al grito de “¡Ahí te voy San Pedro!” y lanzarse a los putazos.
Desde entonces, cada vez que me llega una situación difícil, solo respiro y me lanzo. Aunque sepa que será un desastre, aunque piense que no tengo oportunidad de ganar, aunque tenga la seguridad de que haré el ridículo…
¡Ahí te voy San Pedro!
Y ya.
Nunca he vuelto a encestar. Mi puntería sigue perdida por Tailandia.
Pero lo que sentí en el momento en que dijeron mi nombre y supe que no había escapatoria, es algo que me ha acompañado desde ese día hasta hoy.
Y esto aplica con muchas cosas: esa exposición que debes hacer frente a todos, esa conversación incómoda con tus padres, el momento de dejar a la novia que te trata como su pendeja y mil cosas más.
Así que ya sabes qué hacer cuando sientas que el reto frente a ti es “imposible”: Respira, agárrate bien los ovarios y lánzate.
¡Te escribo mañana!
P.D.2 Recuerda que puedes leer los primeros capítulos de “De nuevo tú” dando click AQUÍ. Dos veces a la semana publico nuevos capítulos de esa historia, es gratis y te los envío por aquí mismo.
¡Mañana viene un capitulazo!
P.D.3. Levanta tu varita por nuestra querida profesora McGonagall, que hoy se nos fue 😭💔