⚡Me sacaron del MOTEL

Quedé con ganas de co...mer


Tal vez nunca me había ardido tanto la cara como en la historia que estoy a punto de contarte.

Fue hace bastantes años, como 9 o 10.

Ya te he contado que tuve una novia que vivía en Guadalajara mientras yo estaba en Mérida. Duramos 2 años y ocho meses.

Cuando la conocí, yo no quería una relación con ella precisamente por la distancia. Pero al seguir hablando empezó a gustarme más.

Así que decidimos intentarlo.

La primera vez que la visité, le pedí posada a unos tíos, así que para vernos ella me citaba en el centro o en alguna estación del tren rápido, que era lo único que yo sabía usar en Guadalajara.

Obviamente las dos deseábamos un sitio para estar a solas y leer la biblia…

Entonces ella me dijo: “Hay un motel aquí cerca”.



Yo respondí: “¿Motel? ¿Qué es eso?”. Ok, ok… te estoy mintiendo.

Como no teníamos auto, pues entramos caminando al dichoso motel, ya sabes, llamando la atención a lo grande.

Ella tenía una mochila de colores y el cabello recogido y creo que eso influyó para lo que vino después…

Pedimos una habitación (a una persona oculta detrás de una pared y con la que solo podíamos hablar a través de unas rendijas) y nos metimos.

Aquí viene una verdad: yo nunca había entrado a un lugar de esos.

Así que cuando vi el tubo que estaba a media habitación, pregunté: “¡¿para qué chingados es eso?!”

Ella me explicó para qué servía (y me prometió usarlo) antes de meterse al baño “para prepararse”.

Me quedé sentada en un sofá frente al tubo, esperando que saliera del baño y viendo todas las cosas curiosas de mi alrededor.

Entonces escuché un ruido fuerte. La puerta de abajo se abrió (abajo era la cochera y arriba la habitación). Alguien caminaba subiendo las escaleras.

Entonces vi a una señora vestida con traje de mucama. Me dijo: “Necesito las identificaciones de las dos”.

Y yo: “¿Para qué?”


Ella, dudando un poco: “Es que tu amiga se ve muy chica… ¿es mayor de edad?”


Yo: “Sí, ya tiene 23 años”.

Ella: “Entonces necesito su identificación”.

Justo en ese momento mi novia salió del baño y le dije lo que pasaba… Y ella, como toda ciudadana irresponsable, dijo que no tenía credencial de elector, que nunca la había sacado.

Y tampoco tenía ninguna credencial de su universidad, nada que comprobara que no tenía 12 años…

Así que amablemente la señora nos invitó a largarnos.

Recogimos nuestras cosas y salimos de ahí atravesando toda la terraza hasta llegar a la calle. 

Fue la caminata de la vergüenza, como la de Cersei en Juego de Tronos aunque al menos nosotras teníamos ropa. (Choca esos 5 si le entendiste).

Mi novia empezó a reír cuando llegamos a la calle. Yo estaba enojada. ¿Cómo era posible que no tuviera identificación?

Había viajado miles de kilómetros para leer la biblia con ella y en lugar de eso estaba a mitad de una avenida inhalando humo de coches.

Ahora que lo pienso, qué bueno que nos echaron. Hace un tiempo vi un programa donde se dedicaban a verificar qué tan sucios eran los cuartos de moteles y hoteles, usando lámparas y productos para detectar fluidos corporales… viscosos y olorosos fluidos…

Y resultó que estar en un motel era la cosa más puerca que alguien pudiera hacer. Todo ahí era cochinada.

Ningún motel (y hotel) de los verificados se salvó. Todos estaban igual de “fluidosos”.

Así que aunque mis hormonas no estuvieron contentas ese día, tal vez me salvé de morir por culpa de algún bicho viscoso.

Cuando el tiempo fue pasando la pasíon con esa novia empezó a desaparecer. Ya no nos soportábamos y estábamos juntas más por compromiso que por amor.

Aunque tardamos mucho en terminar aquello (casi tres años), al menos lo hicimos. Bueno, al menos lo hice. Y todo gracias a una santa pedota que me puse.

Por que eso pasa muchas veces, al inicio de una relación una busca cualquier rincón para echar pasión y luego las cosas se enfrían.

Ya no sientes nada cuando la ves. No te dan ganas de lanzarla a la cama y arrancarle la ropa. 

Si ves una cama solo quieres que tu novia se vaya para que puedas estar sola sobre el colchón.

Ahí estaban las señales de que lo que teníamos estaba muerto, pero fui muy necia para verlas. 

Porque obviamente mi concepto de amor estaba muy mal. 

Si pudiera retroceder el tiempo y evitar mi relación con ella… Bueno, seguro no lo haría ya que gracias a toda nuestra mutua toxicidad tengo material de sobra para esta newsletter.

Así que yo salgo ganando por eso y tú también.

¡Te escribo mañana!

P.D.  El amor puede ir y venir por nuestra vida muchas veces. Hay una canción que dice… “Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan solo el primero. Y es que empiezo a sospechar que los demás son solo para olvidar”.

Y esta canción tiene mucho sentido para mi íntima amiga Regina Leal… que tuvo un primer amor… un amor que murió… o al menos eso es lo que ella quiso creer.

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