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⚡De nuevo tú
Capítulo 12
Si eres nueva en esta newsletter te cuento que aquí comparto historias y anécdotas todos los días.
Hoy toca el turno a la historia que estoy publicando aquí, vamos en el capítulo 12 y seguro no entenderás ni madres.
Por eso si quieres leer los primeros once capítulos puedes hacerlo en este ENLACE. Lee y luego vuelve aquí.
De nuevo tú
Capítulo 12
Estaba hecho, había tomado la decisión que cambiaría su vida para siempre. No había vuelta atrás… No quería que la hubiera. Apretó los ojos un momento, tratando de espantar el mareo que aún sentía.
El sonido de la cristalería la hizo centrarse en lo que pasaba a su alrededor. Marsel estaba terminando de servir los tragos y fue en ese momento en que Kay advirtió el atuendo de la mujer: un vestido muy bonito que dejaba al descubierto sus hombros gracias a los delgados tirantes que tenía. No pudo evitar que su mirada recorriera la piel de su amiga, mientras los latidos de su corazón golpeaban su pecho.
Las palabras de su asistente le llegaron a la mente pero prefirió apartarlas. No se creía capaz de lanzarse a los labios de Marsel, ni siquiera era capaz de moverse.
—¿Todo bien? —le preguntó su amiga entregándole su trago.
—Sí. Es que también tuve una semana muy pesada…
—Nadie nos habló de esto en la universidad ¿no? Todo lo que dejas de lado por esta carrera.
—Creo que solo sucede con quienes nos apasionamos demasiado por esto.
Marsel la jaló hasta el sofá y se sentó a su lado, girando el cuerpo hacia ella.
—Tú siempre fuiste muy apasionada…
—Es que me encanta lo que hago.
—¿Nunca lo dejarías?
Se apresuró a tomar un sorbo de su vaso, pues sintió las mejillas rojas al recordar la tremenda decisión que había tomado apenas unos minutos atrás.
—Creo… que no. ¿Y tú?
—Tampoco. Aunque creo que puedo mejorar mis tiempos laborales, tener más espacios para mí y… lo que amo.
—¿Cómo qué? ¿Deportes extremos? —se burló Kay.
—Esos son para ti. Prefiero algo más tranquilo… Salir a la playa, por ejemplo. Leer frente al mar, sentir la brisa…
—Pues… podemos ir si quieres.
Marsel sonrió de manera pícara.
—¿En serio?
—Claro, solo dime cuando.
—¿Tendrás algún espacio disponible en tus compromisos?
—Estoy bastante segura de poder hacer un espacio —dijo riendo—. Podría ser todo un fin de semana…
—¡Genial! —Marsel se lanzó sobre el celular que había dejado en la mesita frente a ellas—. En dos semanas podría…
Kay imitó a la chica y sacó su celular para consultar su agenda. En realidad no le importaba mucho cancelar algún compromiso, pero sintió mucho alivio al ver que sí tenía libres esos días.
Los siguientes minutos se la pasaron buscando lugares en la playa, haciendo que Kay se sintiera nerviosa por tener a Marsel casi acomodada sobre su hombro, mirando la pantalla de su celular junto a ella.
Y una nueva certeza la golpeó… Todo tenía sentido… Contuvo el impulso de ponerse de pie de golpe, tratando de no alarmar a su amiga. Pero en ese momento Marsel giró el rostro hacia ella, quedando muy cerca.
Los ojos casi dorados al frente la atravesaron. Estaba segura de que Marsel lo sabía, que en ese instante estaba descubriendo su secreto. Sintió pánico por su cercanía y el peligro que eso implicaba.
—¿Aún… no está la comida? —dijo en un intento desesperado por distraer a Marsel, que solo sonrió.
—Esa es una excelente pregunta.
Mientras Marsel fue a la cocina, ella aprovechó para tomarse todo el contenido de su trago y caminar un poco por ahí. Sintió su celular vibrando en su bolsillo y le echó un vistazo: tenía un nuevo correo del gobierno que le había ofrecido el trabajo. Sabía exactamente lo que ese mensaje diría. Buscó en su mente algún tema de conversación que apartara de ella el pánico que aún sentía por los sentimientos que había descubierto apenas, aquello que por fin tenía un nombre y que permanecía como fuego quemando su pecho.
—¿Y cómo le va a tu amiga, aquella chica de cabello rojo? —lanzó para retomar el control de la situación.
—Karla… Pues mejor. Hace un año se divorció de Matías…
—¿Matías? —Kay frunció el ceño.
—El profe de química forense.
—¡¿Anduvo con el profe Matías?!
—Sí, desde la universidad empezaron a salir a escondidas… Nadie lo sabía hasta que dos años después se casaron y tuvieron a su hijo…
—Nunca me enteré de eso…
—Tú nunca te enterabas de nada… —murmuró Marsel aunque Kay lo escuchó a la perfección. Se acercó a su amiga que estaba sacando la comida del horno.
—¿A qué te refieres con eso?
Pero Marsel solo sonrió.
—Hay cosas que no puedo decirte.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué cosas?
La mujer negó con la cabeza.
—Mis labios están sellados.
—¿Entonces para qué me dices todo esto? ¿Para matarme de curiosidad?
—Bueno, en teoría eres experta en conducta, así que… tú dime… ¿por qué lo hago?
—Porque quieres volverme loca —dijo sin poder evitarlo.
Marsel soltó una carcajada.
—Eso… es verdad. Pero en mi defensa debo aclarar que ya tenías bastante locura desde que te conocí.
—¿Ah, sí? —Kay se acercó a su amiga y le revolvió el cabello.
—¡Oye! —Marsel se defendió salpicando agua a su cara—. Estás arruinado mi peinado.
—Como sea te ves hermosa. —En cuanto aquello salió de su boca, Kay sintió su cara arder. Sin embargo, mantuvo la mirada en los ojos de Marsel.
—Y tú eres bellísima… Creo que tus ex han sido muy tontas.
—¿Por?
Su amiga se mordió un momento su labio inferior antes de decir:
—Si ya te tenían, ¿cómo te dejaron ir?
Ella amplió su sonrisa.
—Tal vez nunca me tuvieron en realidad.
—Esa es una muy buena explicación…. Y también muy enigmática.
Marsel se apoyó contra la barra del fregadero y se cruzó de brazos.
—¿Enigmática?
—Sí… —Marsel le sonrió de nuevo—. Si tu corazón no estaba con ninguna de ellas… ¿con quién sí? ¿Tal vez… con… aquella chica misteriosa que amaste en la universidad?
Aunque los nervios aumentaron a un límite casi insoportable, a Kay le hizo mucha gracia la actitud de Marsel.
—¿No lo puedes evitar, verdad? Intentar descubrir el misterio…
—Perdón, sé que te dije que no preguntaría más pero… es… —Marsel negó con la cabeza y alcanzó los platos para servir la cena—. No logro entender cómo alguien tan maravillosa como tú… —Marsel se detuvo de golpe y Kay notó la repentina incomodidad de su amiga—. Solo creo que mereces estar con alguien que te ame con todo su corazón.
—Bueno… —Se paró junto a su amiga, que evitó su mirada—. ¿Y quien dijo que quiero a alguien que me ame con todo su corazón?
—Por favor, Kay. Todos queremos eso.
—¿Tú quieres eso?
Marsel giró hacia ella y Kay estuvo a punto de dar un paso atrás. La vulnerabilidad en la mirada de su amiga la dejó sin aire.
—Por supuesto que quiero… Cuando Samuel se fue… —Marsel parecía muy angustiada—. Me sentí… tan… aliviada…
—¿Aliviada? —Kay estaba muy confundida.
—No lo amaba, ya no. Fueron muchos años tratando de evitar que las cosas se rompieran, cuando ya estaban rotas desde el comienzo, desde que…
—¿Te engañó?
Marsel negó con la cabeza y tardó más de la cuenta en atreverse a hablar de nuevo pero cuando lo hizo, su voz estaba quebrada.
—Desde que me enamoré de alguien más…
Kay no quería escuchar aquello. Por mucho tiempo el blanco de su envidia y celos había sido Samuel, pero tener que escuchar que había otro, alguien más, la hacía sentirse peor de lo que ya se sentía siendo solo amiga de una mujer a la que deseaba tanto… a la que amaba tanto. Porque esa noche todo había quedado muy claro para ella: amaba a Marsel. La había amado desde que la había visto pasar por un pasillo en la universidad, desde que su mirada dorada se había cruzado con la de ella. Y diez años después aquello seguía ahí, haciendo retumbar su corazón, haciendo que se planteara su vida, su carrera y sus objetivos… y haciendo que tuviera ganas de salir huyendo.
—No podemos controlar nuestros sentimientos, Marsel. No tuviste ninguna culpa en enamorarte de otro. Tal vez no fue la causa de tu distanciamiento con Samuel, sino un síntoma de algo que no querías en verdad. Tal vez nunca lo amaste como creías y cuando este otro chico llegó, te enamoraste…
—Es que… fue tan fácil caer a sus pies… —dijo la mujer con las mejillas rojas—. Y luego, me sentí aterrada, creí que mi deber era regresar con Samuel… por eso perdoné su infidelidad… y aparté de mí a quien de verdad amaba…
—¿Y ya no hay remedio para eso? Porque si aún hay oportunidad, deberías buscar a ese chico.
Marsel negó con la cabeza.
—No puedo. Creo que… no está disponible. Además, no estoy segura de que también me amara.
—Pffff, por favor, Marsel ¿quién no te amaría?
—¿Tú me amarías? —Aquella pregunta tan directa de Marsel hizo que Kay casi perdiera el equilibrio. Sus piernas temblaron y se quedó con la boca abierta mirando a su amiga, que solo soltó una carcajada—. Si hipotéticamente te gustaran las mujeres… ¿te fijarías en mí?
Movió enérgicamente la cabeza y prefirió enfocarse en la broma de su amiga.
—¿Si hipotéticamente me gustaran las mujeres? Por Dios Marsel, incluso si fuera heterosexual me fijaría en ti. Te llevaría a cenar todas las noches y te regalaría flores cada día. Serías mi gusto culposo.
—Eres una tonta. Toma tu comida. —Marsel le entregó su plato y la guió hasta la pequeña mesa, donde colocó dos copas y las llenó de vino tinto.
—Esta es una cena muy especial, definitivamente…
—Y eso que no saqué las velas. El humo me hace toser.
—Esta vez te lo perdono. Entonces… pastel de papa rellena… ¿ya la probaste? —Kay examinó su comida.
—Por supuesto que no. Te toca.
—O sea, quieres que tu invitada sea la primera en morir —bromeó ella pero se llevó un poco de la comida a la boca—. Carajo, está delicioso.
—¿En serio? —Marsel la imitó—. No puedo creer que saliera bien. Nunca había usado el horno.
—Tal vez tienes un talento que no has explotado.
—Sería interesante descubrir si eso es verdad. Aunque… —Marsel la miró con encanto—. ¿Vendrías a cenar conmigo todas las noches?
—¿En serio?
—¿Tienes algo mejor que hacer?
—Pues… en realidad no —admitió comiendo un poco más—. Vendré a experimentar contigo en tu cocina.
Marsel levantó su copa y esperó a que Kay también la levantara.
—Brindo por eso… Será divertido.
—O venenoso.
Marsel soltó una carcajada y la observó con una sonrisa.
—Me alegra muchísimo que hayas vuelto. Y espero que… —La chica dudó.
—¿Qué?
—Si te vas de aquí… —Marsel parecía buscar las palabras adecuadas—. Iré a donde estés para cenar contigo
—Bueno, quedamos en que siempre estaríamos en contacto, te lo juré.
—Pues no quiero solo eso, Kay… No quiero simples llamadas o mensajes con emojis.
—¿Y qué quieres?
Marsel clavó la mirada en su plato y esbozó una sonrisa maliciosa.
—Tengo una muy buena respuesta a eso, pero tendrás que esperar.
—¿Espera qué?
—Oye, oye, tengo mis propios trucos y planes, no lo arruines.
—¿Ves? Solo quieres volverme loca.
—De hecho… sí.
Continuará…
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