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⚡Cap 15 |El Pulso del Corazón
❤️
Vamos a ver como les va a estas doctoras.
Capítulo 15
La noticia corrió como pólvora. En el momento en que pisaron el hospital, Gal notó enseguida las miradas, los cuchicheos, las risitas contenidas. Ana solo le sonrió y negó con la cabeza. A ninguna de las dos le importaba en realidad todo eso. Al menos Gal nunca había pensado en mantener su relación en secreto. Pero no entendía cómo todos en el hospital se habían enterado tan rápido.
—Kika me ha preguntado si es verdad que Ana y tú tienen un romance…. —dijo Willy cuando se lo encontró en la cafetería.
—¿Quién es Kika?
Willy bufó.
—¡Kika! La enfermera sexy que te coqueteaba.
Gal parpadeó varias veces sin entender absolutamente nada de esa oración.
—Ah —dijo al no querer perder más tiempo en algo que no le importaba.
—Y debes tener en cuenta que yo nunca dije nada, eh. Supuse que Ana y tú no querían que los jefes supieran todavía, o tu novia iba a recibir un fuerte regaño por haberse metido a tu cirugía siendo alguien tan cercana a ti.
—En realidad no tendrían porqué regañarla. Solo entró para observar…
—Engañó a todos para que la nombraran responsable de ti, Gal. Es obvio que una llamada de atención si debería recibir.
—Sí, como sea —dijo ella dando un sorbo a su café. Miró hacia la puerta en busca de señales de su novia, pero no la vio.
—Pues debes saber que fui un amigo fiel y no dije nada durante todos estos días.
—¿Y cómo se enteraron todos en el hospital?
—He escuchado cosas… —dijo Willy riendo—. La principal es que… —Su amigo carraspeó y fingió una voz aguda de señora chismosa—. La doctora Gal Rivadeneyra besó a la doctora Ana Galindo en el estacionamiento.
Gal sonrió al recordar el beso que le había dado a su novia el día anterior después de su revisión médica.
—Al menos eso es cierto.
—¿Y cómo estuvo?
—¿Qué cosa?
—Bah, tú sabes. El s-e-x-o —deletreó su amigo. Gal levantó una ceja.
—No pienso responder.
—¡Alucinante! —gritó Willy levantando ambos brazos al cielo.
—Deja de hacer eso.
—Oye, estoy feliz por ti. Por fin dejarás de ser una amargada encerrada en su burbuja. Ahora serás una amargada que tiene como novia a la mujer más hermosa y sexy del hospital.
—Del mundo. —Se le escapó a Gal sin poder evitarlo. Intentó no mirar a su amigo a la cara, pues sabía que había cometido un error al decir eso. Pero ante el silencio, levantó la vista hacia Willy, que sonreía de oreja a oreja.
—Estás perdida. Lo sabes, ¿verdad?
Iba a patear a su amigo pero sus ojos detectaron un movimiento. Ana acababa de entrar a la cafetería y el cerebro de Gal se olvidó de lo demás. Se quedó hipnotizada mirando a Ana ir por un café. La observó poniéndole azúcar y crema. Analizó la expresión de su rostro… Y sonrió cuando los ojos verdes la encontraron.
Un escalofrío bajó por su espalda cuando Ana caminó hacia ella y se inclinó para darle un beso.
—¿Todo bien? —preguntó su novia, pero ella había olvidado cómo hablar.
—Sí —dijo Willy de su parte—. Aunque creo que a Gal se le fundió el cerebro. ¡Hey! —Su amigo le empujó el hombro.
—Todo bien —dijo entonces ella, haciendo que Ana soltara una risita—. ¿Y tú?
—Acabo de terminar una cirugía y debo entrar a la siguiente en pocos minutos. ¿Tienes horas de consulta?
—Sí. Y me toca cubrir la noche en urgencias.
—Te alcanzo ahí, ¿te aparece?
—Solo intenten no ocasionar otro accidente —dijo Willy bajando la voz—. O tendré que reportarlas con los jefes.
—No olvides mencionarles aquella ocasión en que te encerraste con la enfermera nueva… ¿cómo se llamaba? —dijo Gal.
—De acuerdo, me quedaré callado.
Ana volvió a reír y Gal regresó su atención a su novia.
—Intenten no meterse en problemas —dijo Ana antes de darle un último beso y marcharse.
Gal la siguió con la mirada hasta que Ana giró por el pasillo.
—Oh, sí. Te tiene mal.
—Su madre quiere conocerme —dijo entonces.
—¿En serio? —Willy silbó—. ¿No es muy pronto?
Gal miró a su amigo. Quería saber cosas, pero no sabía muy bien cómo preguntarlas.
—¿Te parece?
—Pues sí, ¿no? Llevan apenas un par de semanas juntas.
—Pero eso es… lo que… se hace, ¿no?
—¿Qué? —Willy frunció el ceño, parecía confundido.
—Que las mamás hagan eso… es lo normal…
—No. No es nada normal. No es necesariamente algo malo pero… sí inusual. Es pronto. Aunque me imagino que Ana y tú van en serio, ¿verdad?
—¿En serio?
—Sí. O sea, no es solo un acostón.
—No —dijo Gal enseguida—. Ella no es solo eso.
Willy sonrió.
—Te ves tan tonta.
—Cállate.
—Bueno, supongo que si las cosas van en serio, aunque sea inusual no deberías asustarte.
—No estoy asustada.
—¿Entonces por qué me preguntas todo eso?
Gal se quedó callada un momento. No sabía cómo explicarle a su amigo que ella solo quería entender cómo funcionaban las dinámicas familiares. Pero si decía eso, Willy terminaría haciendo más preguntas.
—Está bien, sí estoy algo asustada.
Su amigo volvió a reír.
—Estarás bien. Eres una doctora brillante, no consumes porno y, si te ven desde un buen ángulo, hasta eres guapa.
—Idiota.
Gal siempre había disfrutado su vida en el hospital. Era el sitio donde se sentía cómoda, donde tenía el control. Pero desde el momento en que Ana se había convertido en parte de su vida, aquello había mejorado mucho. Ser pareja de una doctora que todo el tiempo estaba ahí de guardia con ella, era maravilloso. Al menos eso tenía Gal en la mente cuando Ana asomó la cabeza en el consultorio donde se encontraba.
Sonrió al ver a la doctora, que aprovechó su soledad para abrazarla por el cuello y darle un beso suave.
—¿Muchos pacientes? —le preguntó Ana mientras le acariciaba el cabello.
—Los de costumbre —dijo ella feliz pero cansada—. ¿Acabaron las cirugías?
—Por el momento. —Entonces Ana torció el gesto—. Mi mamá llamó… Quiere que vuelva a casa.
Gal parpadeó varias veces, tratando de entender lo que sentía.
—¿Ya?
Ana asintió despacio.
—Puedo pensar en algo. No sé, decirle que tuviste una crisis o…
—No deberías mentirle a tu madre —dijo ella con una sonrisa.
—Creo que soy una novia tóxica que no quiere dormir sin ti.
—Bueno, tendremos que encontrar una solución a eso. Ahm… Tratar de pasar juntas todo el tiempo que podamos y… ¿Crees que si tus padres me conocieran dejarían que…?
—¿Me quede contigo…? —Ana soltó una carcajada—. Eso sería un milagro.
—No creo en los milagros.
—Pues si sucede creerás, porque en serio, eso sería un gran milagro —dijo Ana apoyándose contra la camilla.
Gal se paró junto a ella y cruzó los brazos.
—Entonces ¿cuándo quieres hacerlo?
—¿Qué cosa?
—Presentarme a tus padres.
Ana se tapó la cara con ambas manos. A Gal ese gesto le parecía encantador.
—Yo no quiero presentarte a mis padres. ¡O sea sí! —Ana la miró angustiada—. Obvio me gustaría que los conocieras pero no así, no quiero que sea una imposición para ti o para mí.
—Y sigo pensando que esto te causa más conflicto a ti que a mí.
—Me siento como una niña que pide permiso para poder ver a quien le gusta.
—Eso te pasa por vivir aún en casa de ellos… —murmuró Gal. Ana sonrió.
—Tal vez debería mudarme. —Los ojos de Ana se iluminaron—.. ¡Esa podría ser la solución! Así no tendrían porqué enterarse donde duermo.
—¿Y lo harías? Dijiste que es muy cómodo vivir ahí…
—Es super cómodo. Pero ahora tengo novia y… quiero hacer cositas con ella —dijo Ana bajando la voz. Gal sintió un escalofrío en su cuerpo. Las imágenes de Ana desnuda hicieron que su deseo se activara. Se inclinó hacia la oreja de Ana y la besó suavemente.
—Te resulta muy fácil… —dijo Gal con voz ronca.
—¿Excitarte? —preguntó Ana con una risita—. Lo sé. Pero creo que no es buena idea hacerlo aquí.
Gal levantó la vista y recordó su terrible accidente.
—Estoy de acuerdo.
—Entonces… mis padres —Ana suspiró—. ¿Te molestaría acompañarme hoy al club? Mamá estará ahí, podríamos verla un momento y huir.
—Me parece bien.
Ana la abrazó y descansó la cabeza en su hombro.
—Esto no quiere decir que estás obligada a presentarme a tus papás, eh —dijo Ana haciendo que Gal se tensara de inmediato—. Sé que ahora no están aquí pero… no hay prisa de mi parte, ¿de acuerdo?
Gal forzó su garganta para que las palabras le salieran.
—De acuerdo.
***
Ana bajó del auto y miró a su novia. Gal se veía totalmente guapísima y confiada, cosa que Ana no sabía si era porque su novia de verdad estaba tranquila o porque sabía ocultar su nerviosismo.
Tomó la mano de Gal y caminó con ella al interior del club, pensando que tal vez hubiera sido menos intimidante llevarla a su casa. Aquel enorme y lujoso club podría ser algo abrumador como escenario para conocer a alguien, en especial, si ese alguien era tu suegra.
Observó a Gal un segundo, notando su mirada imperturbable y su expresión de seriedad total. Ana detuvo sus pasos y Gal la miró.
—Si quieres podemos hacer esto luego…
—Estoy bien.
—Es que… pareces molesta.
Gal esbozó una sonrisa.
—No estoy molesta. Así que deja de temblar —dijo Gal levantando sus manos unidas—. Estoy sintiendo todo tu nerviosismo aquí.
—Lo siento, tienes razón. Esto no es nada.
Respiró hondo y siguió su camino. Trató de mostrarle a Gal cosas de ese lugar mientras se dirigían a uno de los restaurantes dentro.
—¿Llevas tiempo viniendo aquí?
—Desde pequeña. Sabes quienes son los pacientes de mi papá, ¿no?
—Sí. Es el doctor de los millonarios —dijo Gal. Ana se sintió algo apenada.
—Bueno, pues por esa razón él siempre ha venido aquí. Además, su familia… Nuestra familia… Los Galindo… —Ana no pudo continuar, así que Gal dijo:
—Siempre han pertenecido a sitios como este. No deberías sentirte incómoda por decirlo.
—Es que mucha gente… se ofende por escuchar cosas así.
—Los hechos no deberían ofender. Son hechos —dijo Gal con un gesto que le dio tranquilidad a Ana.
—Pocas personas lo ven como tú —dijo ella riendo.
Cuando llegaron al lugar, a Ana no se le dificultó encontrar a su madre, que estaba sentada en una de las mesas del jardín, frente a una de las albercas. Un mesero estaba tomando su orden.
—Te pareces a ella —le susurró Gal mientras avanzaban.
Ana iba a responder pero entonces el alma se le fue a los pies. El mesero se había marchado, dejando ver que su madre no estaba sola en la mesa. Su padre estaba ahí también.
Ana quiso huir. Ya era mucho hacer que Gal conociera a su madre, ¿pero a los dos? Antes de que pudiera dar la vuelta, los ojos de su padre la encontraron.
—¡Ana!
Leopoldo se había puesto de pie y su expresión de felicidad se convirtió en confusión. Ana entendió entonces que su padre acababa de notar que su hija iba de la mano de una chica.
—Ho-hola, papá.
—Hija. —Su madre se acercó a ella para abrazarla y besarle la mejilla—. Justo tu padre acaba de sorprenderme. Creí que estaría ocupado pero me ha alcanzado para la comida.
—Ah… —dijo ella bastante aturdida pensando que había sido una muy mala idea hacer eso.
—Hola, doctora —dijo Gal, haciendo que Ana regresara su atención a lo que pasaba ahí.
Su novia y su madre se estaban estrechando la mano.
—Mucho gusto… —dijo su madre, haciendo que Ana agarrara valor.
—Mamá, papá, ella es la doctora Gal Rivadeneyra…
—¿Doctora? —Su padre sonrió estrechando también la mano de Gal.
—Sí, papá. Cardióloga…
—¡Oh, qué maravilla! Encantado…
—El placer es mío, doctor —respondió Gal, y Ana pudo ver que su novia seguía igual de seria que antes. Ella estaba totalmente acostumbrada a esa seriedad, pero…
—Solo pasamos a saludar, debemos irnos… —dijo Ana con rapidez.
—¿No se quedarán a comer? —preguntó su madre.
—Es que…
—¿Trabajan juntas? —preguntó su padre.
—Sí, papá. Y… Eh… Nosotras… —Ana miró a Gal, luego a sus padres y la garganta se le bloqueó.
—Soy la novia de su hija —dijo alguien a su lado. Ana miró a Gal, que observaba a sus padres—. Me alegra conocerlos, Ana no deja de hablar de ustedes.
—¿N-novia? —Su padre parpadeó varias veces mientras la veía—. Pero… No me habías dicho…
—Es algo reciente, papá.
—¿Qué les parece si nos sentamos? —propuso su madre.
Ana quiso decir que no, pero cuando su cerebro volvió a funcionar, ya estaba sentada. Su papá se apresuró a solicitar bebidas para ellas y regresó su atención a la mesa.
—Entonces… —La mirada de Leopoldo hizo sentir algo incómoda a Ana.
Su padre y ella siempre habían estado unidos. Ella solía contarle todo lo que le ocurría, pero luego sintió que nada de aquello cumplía con las expectativas de su exitoso papá. Y cuando de amor se trataba, Ana siempre había pensado que su padre era mucho más exigente. Era como si considerara que sus elecciones de pareja dejaban mucho qué desear.
—Hace calor, ¿no? —preguntó ella mirando a todos. Entonces notó el cielo nublado y el viento frío del invierno afuera. Se sintió ridícula y cruzó una mirada con Gal, que se acomodó mejor sobre la silla y tomó la palabra.
—Doctora, leí el artículo que publicó sobre la microbiota de los recién nacidos y cómo la sobreprotección paterna puede afectar la forma en que el cuerpo aprende a interactuar con los microorganismos…
—¿Lo leíste? —le preguntó su madre a Gal, que asintió con la cabeza, seria pero con ese brillo en los ojos tan habitual cuando hablaba de medicina.
—Ella ama leer todo eso —dijo Ana con una sonrisa.
—¿Rivadeneyra? —preguntó Leopoldo mirando a Gal y abrió mucho los ojos—. ¡¿De los Rivadeneyra de Cáliz de Toledo?!
Gal negó con la cabeza.
—No. Yo soy de aquí.
—Oh, vaya… —Leopoldo parpadeó varias veces y luego dijo—: ¿Tus padres a qué se dedican?
Ana notó un movimiento de la mano de Gal, que al estar bajo la mesa pasó inadvertido para sus padres, pero ella lo notó. Pensó que tal vez Gal sí estaba nerviosa después de todo. Decidió intervenir.
—Son biólogos marinos y ahora están en una expedición en altamar, ¿verdad?
Gal la miró un segundo y asintió con la cabeza.
—¡Científicos marinos! ¡Qué maravilloso!
Ana sonrió al ver la actitud entusiasta de su padre. Sabía que el hombre sentía una poderosa conexión con el mar y se le ocurrió que era una buena forma para que Gal le cayera bien. Ese podría ser su tema en común.
—Lo mismo le dije cuando me lo contó —comentó ella riendo—. Y entendí porque Gal es una amante de la ciencia, porque claro, su familia es de científicos.
—¿Y qué investigación hacen? —Le preguntó Leopoldo a Gal, que miró los ojos del hombre sin cambiar su expresión imperturbable.
—El abismo Challenger en la fosa de las Marianas —dijo Gal con una voz que a Ana le pareció algo robótica.
Con la mano bajo la mesa, buscó la mano de Gal y se la sujetó. Su novia la miró a los ojos pero aunque ella le sonrió, Gal permanecía seria. Ana se preocupó un poco al ver oscuridad en esos ojos.
—¿Qué comeremos? —preguntó entonces intentando desviar la atención de Gal, pero su padre dijo:
—Eso es maravilloso, a mi me fascina el tema de la fosa. ¿Tus padres han descendido? —Gal asintió y Leopoldo dio un brinco y se sentó en la orilla de su asiento—. ¡Cuéntame, ¿cómo fue?!
—Quiero pedir algo para comer… —comenzó a decir ella.
—Shhhhh… —La calló su padre.
Ana miró a Gal que parpadeó mucho antes de hablar.
—Silencio. Eso fue lo que… mi m-madre… dijo sobre estar en la fosa. Como estar en el… vacío… como… morir…
Su padre tenía la boca abierta, parecía que no respiraba.
—Fascinante… —murmuró el hombre—. ¿Qué más?
—Oye papá…
—Sshhh.
Ana frunció el ceño y buscó apoyo en su madre, que solo se encogió de hombros y le susurró:
—Déjalos hablar.
Ana suspiró pero decidió que tal vez aquello era mejor que ver a sus padres interrogando a Gal sobre sus intenciones con ella o sus planes o algo más embarazoso.
—¡Cuéntame! —dijo otra vez su padre con un hilo de voz. Ana sonrió al verlo casi arrodillado frente a Gal, de tanto que se había deslizado en su silla—. ¿Tienes alguna grabación de aquello?
Gal asintió y Leopoldo lanzó un grito ahogado.
—Es que él de verdad ama el mar y sus misterios —le dijo a su novia. Gal permanecía seria. Ana sintió el agarre de sus manos y algo le pareció extraño. Gal estaba rígida y su mano estaba muy fría.
—¿Tus padres llevan mucho en eso? —preguntó su madre mientras aceptaba la copa que el mesero estaba dejando frente a cada uno.
—Sí —dijo Gal bebiendo aquello hasta el fondo.
Ana quiso decir algo pues sabía que Gal no estaba acostumbrada al alcohol. Pero su novia bebió tan rápido que antes de poder hablar, Gal ya estaba tosiendo.
—No acostumbra beber —dijo ella dando golpecitos en la espalda de su novia. Ana se asustó cuando Gal se levantó con brusquedad.
—Perdón… —murmuró Gal antes de alejarse de la mesa.
Ana fue detrás de ella.
—¿Qué pasa?
—Baño… —dijo Gal.
Entonces Ana vio el semblante pálido de su novia. Con rapidez la llevó al baño. Llegaron justo a tiempo, pues Gal se metió rápido a un cubículo y Ana la escuchó volver el estómago con violencia.
—Gal… —Quiso abrir la puerta, pero Gal la había cerrado—. Gal, abre. —Pero su novia seguía sin responder.
******
Asfixia. Eso sentía Gal inclinada sobre el inodoro. La cabeza le daba vueltas y una voz le taladraba el cerebro. La voz de su madre hablando sobre la fosa y la muerte. ¿Eso habían sentido sus padres mientras se ahogaban? ¿Vacío? ¿Silencio?
El recuerdo de ellos regresando de aquella expedición le golpeó el corazón. Habían pasado la tarde contándole sobre su descenso. Gal había sonreído, feliz por verlos de nuevo en casa y orgullosa por su hazaña.
Pero luego, solo unas semanas después ellos habían regresado a la fosa y ella no había vuelto a verlos.
Vacío. Silencio.
Asfixia.
Gal se incorporó como pudo, agarrándose la cabeza que sentía a punto de explotar. Entonces una voz lejana empezó a sonar cada vez más fuerte.
—¡Gal, abre! ¡Gal!
A tientas, abrió la puerta. Notó a Ana frente a ella, aunque mantenía los ojos cerrados pues sentía que la luz era como mil puñaladas en su cabeza. La mano de Ana la jaló hacia el lavabo.
—Estoy bien —dijo ella echándose agua en la cara. Respiró hondo varias veces tratando de no gemir de dolor. Tratando de callar las voces de sus padres.
—Mírame… —Ana le sujetó la cara y aunque ella intentó seguir mirando al suelo, su novia atrapó su mirada—. ¿Te duele la cabeza?
—Un poco.
Ana examinó sus pupilas, le tomó el pulso y le tocó la frente.
—Salgamos de aquí.
Por un momento Gal temió que Ana la llevara de nuevo frente a sus padres, pero no. Su novia la arrastró hacia el estacionamiento y en pocos minutos ya estaban rumbo a su departamento.
—No te despediste de tus padres —murmuró con los ojos cerrados.
—Eso no importa. No debí obligarte a esto.
—No me obligaste…
—¿Ah, no? ¿Y por qué colapsaste? Sabía que estabas nerviosa y aún así… —Ana colocó una mano sobre su pierna—. Es mi culpa, perdón.
—No te culpes por esto —dijo ella sintiendo como el auto se detenía. Abrió ligeramente los ojos y notó que ya estaban frente a su edificio.
Ana la condujo hasta su departamento. Gal se sentó en el sofá y descansó la cabeza en el respaldo, parpadeando varias veces, respirando hondo. Miró el librero frente a ella y recorrió los libros ahí colocados. Se estiró para tomar uno y lo abrió.
—¿Qué haces? —preguntó Ana.
—Quiero leer un poco.
—¿Leer? ¡Si apenas puedes mantener los ojos abiertos!
—Estoy bien.
—Pero…
—Solo estaré aquí un rato, ¿si? —dijo ella, tajante.
Se quitó la chamarra, subió los pies a la mesita de enfrente y empezó a leer sin decirle una palabra más a Ana. Al menos su novia prefirió no pelear y la escuchó detrás de ella tumbandose en la cama.
Gal intentó tranquilizarse leyendo una palabra a la vez. Regresó a la medicina. A lo medible. No se dio cuenta cuánto tiempo había pasado, solo que cuando levantó la vista, el sol ya había desaparecido.
Recordó que Ana estaba ahí y giró hacia la cama. Efectivamente su novia dormía. Gal caminó hacia la orilla de la cama, observó a esa mujer durmiendo ahí.
Miró su cuerpo, su rostro, su piel. Sin hablar, se metió a la cama y abrazó a Ana por atrás. Reconoció enseguida la forma de su cintura. La temperatura de su piel, su textura.
Sintió los latidos de su corazón, sintió su cuerpo dejando atrás la tensión que aún tenía. Aquello estaba funcionando, así que empezó a besar el cuello de esa mujer hermosa, que se movió contra ella.
—¿Qué haces? —preguntó Ana, pero ella no respondió. Solo se aferró más a Ana—. ¿Gal?
Jaló a su novia para estar frente a frente y la besó. Buscó aquella boca conocida, buscó refugio en esos brazos, en ese calor. Su cabeza iba mejorando, su mente se tranquilizaba con cada beso.
Sintió que Ana iba a decir algo y presionó más su boca mientras sus manos empezaban a desnudarla. Necesitaba sentir aquella piel contra la suya, así que después de desnudar a Ana también se quitó la ropa y trepó sobre su novia, que soltó un jadeo ante aquel movimiento.
Ana le acarició la espalda, dejando que ella besara su cuello y uniera sus cuerpos. Gal entendía perfectamente aquella piel. La temperatura de Ana reguló la suya y Gal se sintió por fin aliviada y en control.
****
Ana se había sentido terriblemente mal cuando estaba en ese baño escuchando a Gal vomitar. Y luego, al verle la cara de dolor, al sentirla herida, se odió.
Había cometido un error al creer que de verdad Gal estaba bien con aquella reunión familiar. Había querido creer que a Gal no le intimidaba aquello, había querido pensar que podrían hacer eso tan pronto.
Pero era obvio que Gal no estaba bien con eso aunque su boca dijera otra cosa. Y ella debió haber sido firme ante su madre, debió esperar más. Sobre todo, teniendo en cuenta que ella conocía a Gal y sabía de su dificultad para socializar, para estar ante extraños.
Por eso cuando su novia prefirió sentarse a leer e ignorarla, Ana no la pudo culpar. Seguro Gal estaba enojada pero prefería no decir nada más, a pesar de que Ana quería pararse frente al espejo y reclamarse a sí misma su imprudencia.
Creyó que Gal estaría enojada con ella por bastantes días, pero en ese momento se dio cuenta de que no era así. Su novia estaba sobre ella besándola, tocándola. Y Ana no podía hacer más que entregarse.
Mientras sentía la excitación de Gal y la suya, Ana pensaba que estaban bien, que Gal ya la había perdonado. Sonrió contra esa boca. Sujetó la cara de Gal y conectó su mirada con la suya. Los mechones oscuros del cabello de Gal caían sobre su frente y Ana pensó que no había imagen más sexy que esa. Sintió los latidos acelerados de su novia, notó el deseo en su mirada y el calor de su cuerpo desnudo.
Ana sentía algo inexplicable que crecía en su pecho cada vez que Gal la tocaba así. Sabía que Gal se expresaba mejor sin palabras, por eso Ana adoraba esos momentos. Nadie más conocía de esa forma a Gal. Aunque en el trabajo la consideraban una doctora brillante pero sería, Ana sabía que Gal era muchísimo más que eso.
Jadeó cuando notó que estaba a punto de perder la cabeza. Cerró los ojos y sintió su cuerpo volverse gelatina. Respiró agitada tratando de controlar su estremecimiento y quiso protestar cuando Gal siguió moviéndose sobre ella, causándole más escalofríos. Pero antes de que pudiera decir algo, su novia la abrazó más fuerte, ocultó la cara cerca de su cuello y soltó un largo suspiro.
Sintió a Gal respirar profundamente varias veces y, despacio, incorporarse. Su novia parpadeó varias veces mientras la miraba a los ojos. Era como verla recuperar la vista. Entonces Gal le sonrió y pegó su frente a la de ella.
—Hola —le dijo Gal, usando un tono tan causal que Ana soltó una carcajada.
—Hola, monstruo —respondió ella sintiéndose totalmente feliz.
Si de algo estaba segura mientras miraba los ojos de Gal, era que todo estaba bien. Y así continuaría.
Pd. Este viernes nuevo cap.
Pd2. ¿Qué opinas de este cap?
Pd3. ¿Crees que le gane a Shakira en un duelo de baile?
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