⚡Cómo mandar a todos a la chingada

Y vivir para contarlo

Quiero saber la verdad.

Sospecho que todas las que leen esto están en un grupo secreto de WhatsApp donde (además de mandar fotos de mujeres en bikini) conspiran para ponerse de acuerdo sobre qué preguntas hacerme.

Ayer me llegaron muchos mensajes, PERO uno se repitió un montón. 93 veces. Los conté y más de una vez porque en la primera se me perdió la cuenta.

93 chicas me preguntaron los siguiente:

¿Cómo hiciste para no tener miedo del qué dirán sobre ser gay?

Algunas usaron más palabras y agregaron algunos insultos hacia sus familiares homofóbicos que no pondré aquí porque somos niñas bien… (Jaja oilooo -expresión yucateca-).

Realmente creo que hay muy pocas personas de la comunidad que no han sentido miedo al descubrir lo que sienten. Esa atracción “prohibida” hacia alguien “prohibido”.

Yo tuve miedo, claro que sí.

Además, en mi pueblo jodido donde ni siquiera se mencionaba la palabra “homosexual”, no tenía absolutamente a nadie para hablar.

Y si a eso le sumas que mi familia es católica de esas muy cercanas a los círculos eclesiásticos, pues peor.

No lo decía, no coqueteaban con nadie, no quería que “se me notara”.

Pero hay algo que pasa con las personas y aquí viene una de mis teorías locochonas…

Mientras más años tengas, más te vale madres todo.

A los viejos les vale un kilo de pepino con chile todo a su alrededor. 

No les importa ser groseros, empujarte o lo que sea. Ellos no toleran pendejadas porque ya entendieron de lo que trata la vida: de aprovechar el tiempo.

Y piensa esto EN SERIO.

Tiempo. 

Es lo único que tenemos en verdad.

El dinero lo consigues y lo pierdes. Lo consigues y te lo quita Coppel. Lo consigues y te lo quita Hacienda. Y lo consigues…. y lo pierdes. Así hasta que te mueres.

El amor es igual, va y viene. Llega una chica, te rompe el corazón, llega otra y otra y otra. Y una sigue y sigue enamorándose. 

En todo hay otras oportunidades.

Con el tiempo no.

No hay forma de recuperarlo.

Lo vivido ya valió. Lo que cagaste ya lo cagaste.

Y los pinches viejos saben eso. 

Lo saben y por eso viven aprovechando el tiempo que les queda. Y no lo digo de forma  culera.

Lo digo porque aprendí eso y fue lo que me hizo mandar a todos a la chingada y vivir siendo feliz.

Yo no quiero perder mi tiempo haciendo felices a otros. 

Ellos tienen su propia vida y su tiempo. Por eso un día me desperté y supe que ya no podía darles mi felicidad.

Y me solté el cabello, me vestí de reina, me puse tacones… ¡Espera, esa canción no va!

Solo me lancé a buscar el amor de una chica, Sí, chica, con bubis y toda la cosa.

Le dije a mi madre que tenía una nuera y se la presenté. Ahí no me importó nadie más. Mis padres lo sabían y ya. 

No les pedí permiso ni su opinión. Solo les informé y viví lo que quería vivir.

La cagué muchísimas veces. En otras fui feliz con la novia en turno y cuando terminamos lo hicimos “bien”.

Y de todas esas experiencias no me arrepiento (aunque algunas dolieron mucho) porque yo las elegí, usé mi tiempo en lo que quise.

De todo ese desmadre entendí muchas cosas y usé mi superpoder de autocrítica para mejorar cada día.

Mejorar para la persona que deseaba en mi vida. 

Y aunque aún no la conocía sabía que iba a llegar.

Pero aquí te revelo un secreto: Soy alguien muy mamona.

No tolero a cualquier persona. 

Y por eso sabía que “la chica” debía ser alguien muy superior a las que había conocido antes.

Y si quería a alguien “superior”, yo también tenía que serlo.

Llegamos justo A TIEMPO.

Conocí a la mujer súper lista, divertida, empática y guapa que tanto quería. Alguien con quien desde el inicio hablé de todo sin miedo y sin pena.

Y el tiempo que invertí en ser valiente, patear la puerta del closet, conocerme y arruinarlo con muchas, valió la pena.

Cuando te preguntes cómo ser valiente… solo piensa en el tiempo. Es tu vida la que estás viviendo, es tu tiempo. La felicidad debe ser para ti, no para los demás.

Cuando llegue el momento seguro podrás patear la puerta de ese closet sin mirar atrás.

De verdad espero que un día lo hagas.

Porque la libertad y felicidad que se siente ni siquiera la puedo describir (y eso que soy una excelente escritora).

                                                                                                              ¡Te escribo mañana!

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