⚡Primera vez hablando con la chica que me gustaba

Hice el ridículo pero me vale :P


Cuando nos gusta una chica y queremos llamar su atención… eso puede ser un verdadero problema.

Y más cuando no tienes nada en común con ella. 

O sea, no compartes clases o equipos o rutas de transporte público o nada.

¿Cómo te acercas?

¿Qué carajo le dices para que te note?

Bien.

Yo tengo la respuesta.

Y es torpe. Muy torpe. 

Pero funcionó y creo que fue un milagro.

Como si Kaiosama hubiera estado de buenas ese día y dijo: va, te esforzaste campeona, ahí la tienes.

¿Recuerdas a la chica que amé durante la universidad?

Pues ella y yo no compartimos clases. Ella era un año menor.

Pero cuando la vi… fue amor a primera vista. En serio, te lo juro.

El problema era cómo hacer para hablarle.

Durante unos días me conformé con verla de lejos.

Entonces un amigo me dijo: Oye, que guapa es Sotanita… Me gusta.

Y yo, ardiendo de celos le dije: Nunca te haría caso, estás bien wey.

Y él: ¿Una apuesta?

Yo: Va.  

Él: Quien le hable primero, gana. 

¿Qué ganaba? Nada, solo ganar. El orgullo de haberle hablado.

¿Qué hicimos? 

Acobardarnos como el par de llorones que éramos.

Así pasaron más días y empecé a desesperarme.  Pero ¡¡¡¡¡¿cómo chingados hablarle?!!!!!!

Te contaré lo que pasó ese día como si fuera una escena:

Lo que más odiaba Nalle en la vida era el calor. Pero la voz de su amigo Lupillo estaba a punto de ganarse el trofeo a lo que más detestaba.

—Dale, no que muy chingona, ¿por qué no le has hablado?

—Tú tampoco lo has hecho.


 —Pero lo haré… —dijo Lupillo observando a la hermosa chica parada al otro lado del pasillo.

—Vas.


 —Espera, estoy pensando en qué decirle.

—Eres un miedoso.

—Ay, pero si hola. Eres más cobarde que yo.

Nalle sabía que eso era verdad, pero también sabía que mientras más días pasaran más difícil sería.

Y había algo aún peor: no podía soportar la idea de que Lupillo le hablara primero a Sotanita. 

Así que con las piernas temblando, caminó hacia el salón donde segundos antes había entrado la chica.

Ahí estaba ella, sentada en primera fila hablando con una compañera. Nalle observó el salón que estaba casi desierto pues era la hora del descanso.

 Entonces sintió más pánico al ver que la maestra de medicina forense estaba sentada en el escritorio comiendo una torta.

Lupillo la miraba desde lejos, con una sonrisa burlona como si estuviera seguro de que Nalle se daría la vuelta y regresaría con el rabo entre las patas.

Nalle tuvo que decidir entre ser una maldita cobarde o agarrarse bien los ovarios para caminar esos cinco metros que la separaban de ella.

Temblando y sintiendo que su cara estaba muy caliente (y seguro muy roja), entró al salón.

En cuanto se paró frente al pupitre de Sotanita, esos hermosos ojos cafés la miraron con curiosidad.

—H-hola —dijo Nalle dándose cuenta de algo: no había planeado qué decirle. 

—Hola —respondió Sotanita.

Fueron unos segundos de pánico, donde las tripas de Nalle bailaban, sus piernas se volvieron gelatina y su cara seguro estaba aún más roja que los calzones navideños de sus tías.

—¿Te puedo hacer unas preguntas de la carrera? —dijo de repente, sintiendo mucho alivio por su instante de inspiración.

—Claro.



 Sotanita se levantó y siguió a Nalle hasta el pasillo, donde se recargó en el barandal y esperó con una sonrisa.



 Nalle quiso morirse de amor ahí mismo mirando a aquella chica.

Pero no podía hacer el ridículo (más).

Así que sacando valor de los ovarios, dijo:

—¿Qué te parece la carrera en general? ¿Tienes alguna materia favorita?


 Sotanita empezó a hablar y Nalle no pudo evitar sonreír. Años después no recordaría nada de esa respuesta.

Lo único que recordaría era esa sensación de estar cayendo, algo sacudiéndose en su estómago, cada pelo de su cuerpo erizado y esa voz… La voz más hermosa que había escuchado hasta ese momento de su vida.

Cuando Sotanita terminó de hablar, Nalle solo asintió y dijo:

—Gracias, solo eso quería saber… es para una tarea… Me llamo Nalle.

—Y yo P… (¿eh, creíste que diría su nombre?) Sotanita.

Nalle se despidió con una sonrisa y se dio la vuelta para regresar a su salón, sintiéndose como pavo real mientras se acercaba a su estúpido amigo que la veía con la boca abierta.


 —Perdiste, tarado.

—¿Qué le dijiste? —preguntó Lupillo.

—Que la amas.


—Tu culo. ¿Qué le dijiste?


—Ve a preguntarle.

Cuando el timbre sonó, Nalle se metió a su salón para la aburrida clase de Serología Forense, donde se pasó la hora pensando en aquella chica de los ojos bonitos, lamentando no haber podido seguir con la conversación.

Lo que Nalle no sabía, era que durante los siguientes días pasarían cosas que la acercarían a esa chica, se convertiría en su mejor amiga y pasaría los siguientes años babeando por ella.

Fin.

Hablar con Sotanita ha sido el momento más cardiaco de mi vida.

Creí que iba a morir, primero de nervios y luego de amor.

Pero lo que quise enseñarte con esto es que a veces solo hay que hacer las cosas sin tanto pensar o planear.

Mi amigo se detuvo demasiado esperando un plan brillante para hablarle a esa niña. 

Yo solo tomé un momento de valentía y moví el trasero hacia ese salón.

Es obvio que ella seguro pensó que yo estaba loca. Tal vez, nunca le pregunté al respecto. 

Pero lo hice. Le hablé.

Así que si hay una chica que te mueve la hormona, ve temblando a hablarle.

No importa el ridículo que puedas hacer. 

Tal vez se convierta en tu mejor amiga, tal vez hasta termine enamorada de ti (y tú nunca te enteres jaja).

Pero ese momento de valentía nadie te lo quitará. Y será una semillita de confianza en ti misma que te irá preparando para retos más aterradores.

Así que no seas chillona y háblale.

¡Te escribo mañana!


P.D. Si este correo te gustó, responde con un: “lista para agarrarme los ovarios”.

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