⚡Cap.11 EL PULSO DEL CORAZÓN

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Capítulo 11

Ruido. Silencio. Dolor. Nada. Voces. Movimiento. Calma. Gal sentía y no sentía. Estaba y no estaba. Poco a poco, fue reconociendo sonidos. Parecía estar en un hospital. Su hospital. ¿Trabajando? Dolor.
 —Mmmm… —Un sonido salió de su garganta.
 —¿Gal, me escuchas? ¿Gal?
 Esa voz. Ella podría jurar que la conocía. Era dulce, a pesar de estar impregnada de preocupación.
 —Mmmm…
 —¿Gal? —Alguien jaló su párpado y una potente luz le provocó dolor en la pupila.
 —Está reaccionando —dijo una voz masculina que también le resultó familiar.
 —Ana… —dijo ella, sin saber exactamente quién era Ana.
 —Aquí estoy.
 Una preciosa mujer se inclinó frente a ella y le sonrió. Gal intentó suspirar, pero aquel intento se quedó atorado en una garganta que parecía obstruida por algo espeso.
 —Uuuggr. —Quiso quitarse algo que tenía en la nariz y le impedía respirar, pero alguien le sujetó las manos.
 —Tendrás que respirar por la boca —dijo aquella mujer. Gal la miró intentando recordar de dónde la conocía. Entonces un impulso llegó a su cerebro, detonando todos los recuerdos. Ana, besos, dolor.
 —Ana —dijo de nuevo descubriendo una terrible sensación de resequedad en la boca—. ¿Qué…?
 —Has estado inconsciente por diez minutos. Hemos logrado controlar la hemorragia pero debes mantener los tapones en tu nariz, ¿entiendes?
 Ella asintió sin estar realmente segura de lo que Ana le había dicho.
 —¿Qué pasó aquí? —dio una voz potente. El doctor Cepeda se inclinó sobre ella—. ¿Estás bien?
 —Ajá…
 —¿Qué sucedió?
 Cepeda miró alrededor. Entonces Aa carraspeó y tomó la palabra.
 —Gal se golpeó la cara con la orilla de la camilla, doctor.
 —¿Con la…? ¿Cómo llegó su cara ahí?
 —Ahm… Bueno…—Ana la miró una fracción de segundos antes de regresar la vista hacia Cepeda—. Creo que… dijo que estaba mareada y… traté de sujetarla pero… cayó…
 —¿Mareada?
 —Ya lo sabía —dijo el otro doctor, al que Gal por fin reconoció como su amigo Willy—. Ha estado comiendo muy mal doctor. Hay guardias donde de plano no come nada por estar todo el tiempo trabajando.
 —¿Es cierto eso, Gal? —preguntó Cepeda, pero sin esperar respuesta continuó—: No servirá de nada tu esfuerzo si caes muerta de hambre un día. El médico debe poner el ejemplo con su propia salud. Espero que de ahora en adelante te alimentes bien, ¿entendiste?
 Ella asintió, porque hablar casi no podía y porque no quería contradecir a Willy. ¿De dónde sacó eso de que no comía?
 —Bien. Terminen de atenderla y regresen a sus labores.
 —Doctor, me gustaría quedarme con ella hasta que le hagan la radiografía… Es que… Me siento responsable de lo que ocurrió.
 —¿Responsable?
 —Sí… —Ana volvió a mirarla—. Debí sujetarla con más fuerza…
 —Nadie podría culparte por algo así…
 —Insisto, doctor. Además, mis cirugías están programadas hasta en varias horas.
 —Bien, doctora. Hazte cargo de Gal y repórtame cualquier novedad.
 Cepeda se fue acompañado de un par de enfermeras que también estaban ahí con ellos.
 —¿Entonces? —Willy se cruzó de brazos y las observó.
 —¿Qué?

—Todos aquí sabemos que Gal nunca se ha saltado ninguna comida y aunque los sandwiches no son exactamente una bomba nutricional, no podía desmayarse por eso. ¿Qué pasó?
 —Ahm… —Ana sonrió y volvió a mirarla. Gal quería que esa mujer se acercara un poco más.
 —¡¿Entonces?!
 —No es asunto tuyo —dijo ella intentando sonar autoritaria pero su voz gangosa solo hizo que Willy y Ana soltaran una carcajada.
 —¿Cómo te sientes?
 Ana se sentó a su lado y le acarició el cabello.
 —Siento que mi cara es un globo y me duele.
 —En eso tienes razón, pareces un sapo inflado —dijo su amigo—. Ya que quieren hacerse las tontas, se los permitiré por esta ocasión. Pero no podrán evitar que saque mis propias conclusiones. —El doctor les dirigió un último guiño y salió de ahí.
 —¿Qué crees que se esté imaginando? —le preguntó Ana.
 —Una orgía.
 La doctora soltó una carcajada y se acercó despacio. Gal sintió un suave beso en su mejilla.
 —Perdón, fue mi culpa.
 —No… Yo salté sobre ti.
 —Yo te hice saltar sobre mí. Gal, de verdad lo siento. No deberías tener la cara hinchada, ni los tapones en la nariz, ni el dolor.
 —Ya pasará.
 —Avisaré que ya estás consciente para que te hagan la radiografía.
 —¿Tiene que ser justo ahora?
 Ana volvió a sonreír y Gal odió no poder suspirar a su antojo.
 —Podemos esperar un poco —dijo Ana inclinándose de nuevo hasta sus labios.


***

Ana observó a Gal a través del cristal mientras le hacían la radiografía. Intentó pensar como doctora. Un golpe, inflamación, radiografía, medicamentos, reposo, todo estaría bien si se seguía el procedimiento. 
 Pero cuando vio la cara morada de Gal, sus pómulos inflamados y la nariz llena de tapones, su corazón se apachurró.
 Y cuando el diagnóstico llegó, se sintió más culpable.
 —¿Tiene fractura de tabique? —le preguntó a Susan, la radióloga.
 —Míralo por tí misma.
 Ana se acercó a la radiografía y miró el tabique totalmente desviado de Gal.
 —Carajo… —susurró.
 —Es una buena noticia, ¿no? Tendrás otra paciente para cirugía. —Ana no respondió, solo fulminó a Susan con la mirada. Pero la radióloga estaba entretenida tecleando algo en su computadora—. Acabo de subirla al sitema. Llévala con el otorrino. Podrías adelantar los trámites llamando a su familia.
 —Claro —dijo ella entrando por Gal, que en ese momento estaba siendo ayudada por una enfermera.
 —Con cuidado —dijo ella sujetando la mano de Gal, para sentarla de nuevo en la silla de ruedas.
 —Estoy bien, puedo caminar.
 —Nada de eso —intervino ella—. Que no tengas mareos no significa que debas esforzarte. Te llevaré con el otorrino.
 —¿Por qué?
 —Gal, tienes el tabique fracturado…
 —¿Qué?
 —Me imagino que… seguramente tendrán que operarte…
 —Pero… No se ve tan mal, ¿o sí? —Gal miró a la enfermera frente a ella, que asintió con rapidez.
 —Muy mal —remató la mujer.
 —Yo te acompañaré, no te preocupes. Oye, seguro querrán a alguien de tu familia para el protocolo, ¿quieres que les llame a tus padres?
 —No —dijo Gal de inmediato—. Ellos no están disponibles.
 —¿Por qué? ¿No viven aquí? —Ana notó un gesto de incomodidad de Gal, que se acomodó sobre la silla.
 —Perdón es que esto me duele —le dijo Gal señalando su cara.
 —Puedo inyectarte otra dosis si te duele mucho. Entonces, ¿tu familia...?
 —Están de viaje. Son investigadores marinos y están incomunicados en altamar.
 —Wow, ¿en serio? —Ana sonrió al tener un dato concreto de la familia de Gal—. Eso es... impresionante.
 —Sí… Ahm… ¿Podrías acompañarme tú?
 —Claro que sí.
 Empujó la silla por medio hospital, procurando que Gal tuviera la cara en buena posición para evitar más sangrado. Sabía que debía estar sintiendo algo horrible y eso la hizo apresurar el paso.
 El otorrinolaringólogo las recibió enseguida.
 —Ana, ¿cómo está tu padre? —comentó el doctor Luna cuando las dos entraron a su consultorio.
 —Muy bien, doctor, disfrutando del retiro.
 —La vida privilegiada de algunos, ¿eh? —dijo el doctor con una sonrisa—. Veamos, ¿qué le pasó a Gal? Veo que… —El doctor miró su computadora—. Oh, fractura… Gal, ¿donde rayos metiste la cara?
 —Ahmmm…
 Gal no respondió nada más y Ana sintió sus propias mejillas quedar muy calientes. Pero el doctor Luna estaba muy entretenido mirando su pantalla.
 —Deja verificar algo.
 El doctor se acercó a Gal y la revisó, murmurando cosas entre dientes.
 —¿Es… grave? —preguntó ella.
 —No, pero requiere una cirugía para reducir la fractura… Gal, estás muy inflamada, tendrás que esperar un par de días. —El doctor caminó hacia un calendario en una pared—. Sí, te programaré para operarte en dos días. Necesitamos que le avisen a un familiar o…
 —Ellos están fuera de Castilnovo, doctor.
 —¿Todos?
 Ana dudó un momento, ¿Gal no tenía hermanos? ¿Tíos? ¿Primos?
 —Están en altamar, no se les puede contactar.
 —Bueno, necesitamos que alguien firme los papeles del alta y cuidados postoperatorios.
 —Yo lo haré… Somos colegas —dijo ella.

—Perfecto. Gal, vete a casa a descansar estos dos días y yo mandaré imprimir los documentos con tu nombre, Ana.
Jaló la silla para salir de ahí, giró por el pasillo hasta el elevador. Cuando las puertas se cerraron, Gal habló.
—¿Eres mi colega?
Ana soltó una risita.
—Si le decía quién soy realmente en tu vida, no me dejarán entrar a la cirugía.
—¿Qué?
Gal giró a verla con los ojos muy abiertos.
—No pienso dejarte sola en el quirófano con esos matasanos, Gal.
Eso hizo que Gal riera e hiciera una mueca de dolor.
—Perdón, ¿estás bien? —Ana se agachó para quedar a la altura de Gal.
—Sí, solo intenta no hacer bromas estos días, colega.
Las puertas del elevador se abrieron y Ana empujó la silla mientras decía:
—Después de tu cirugía colocaré un inmenso letrero en la puerta.
—¿Y qué dirá ese letrero?
—En realidad soy su novia.


**

«Novia». En verdad Ana había usado esa palabra. Recordarlo le causó un ligero estremecimiento. Meses atrás apenas se permitía pensar en Ana. Intentaba no mirarla, no coincidir con ella. Y ese día, ¿de repente ya era su novia?
Gal se rascó la nuca. Debía admitir que ella había dado su consentimiento para aquello. Le había dicho a Ana que le gustaba, que no quería algo pasajero. Un noviazgo era lo lógico, pero ¿de verdad sería bueno para ella? ¿No sería un impedimento para su carrera?
—Aquí estás… —Willy entró a esa oficina—. Auch, te ves peor que Rocky Balboa después de una pelea.
—Cállate…
—Y también suenas como él. ¿Cómo te sientes? ¿Pasaste bien la noche?
—Fue terrible.
—Hubieras estado peor en tu departamento. Aquí hay mucha gente para cuidarte. En especial una cirujana… —Wlly se acercó mucho a su cara.
—¿Qué?
—Intento ver tu reacción pero tu cara ha desaparecido.
—Pues así de mal me siento. No puedo respirar.
—Obvio, tienes la nariz partida como una triste zanahoria. Pero estarás bien. Te operarán y en un par de semanas ya estarás por aquí dando vueltas como siempre.
—Eso suena aún más terrible.
—¿Dónde está Ana? Creí que seguiría pegada a ti.
—Estuvo aquí conmigo hasta que fue al quirófano. Debe seguir ahí. ¿Puedes llevarme a casa?
Willy sonrió.
—Sabes que sí. Pero no estoy seguro de que a tu dama le agrade la idea.
Gal agradeció tener la cara tan hinchada o su amigo no hubiera tenido problema en notar su sonrojo.
—Ella solo es amable.
—Claro. Y Santa Claus vive en mi cochera. ¿Se estaban manoseando, cierto?
—¿Qué?
—Cuando tuviste el accidente… Ana estaba muy roja cuando Cepeda pidió explicaciones. Por eso mentí, tonta. Ustedes deben preparar bien sus coartadas si quieren hacerlo en el hospital.
—No lo estábamos haciendo…
—Como digas, Pinocha. Solo traten de no ser tan salvajes o mínimo ponte un protector en la cara.
—Deja de decir tonterías y ayúdame a pararme.
—No, no, nada de eso —dijo Ana desde la puerta—. Puedo traer la silla de ruedas.
—Ya estoy bien —dijo ella.
Ana y Willy le ayudaron a pararse.
—¿Mareos? ¿Náuseas?
—Nada de eso. Solo quiero agua y una ducha.
—El agua puedo dártela yo, pero la ducha…
—No me hagas golpearte —le dijo Gal a su amigo.
—Gal, ¿está bien si Willy te lleva a casa? —preguntó Ana de repente. Gal quiso decir que no, que quería que ella la llevara, pero entonces entendió que Ana no podía, que tal vez estaba ocupada.
—Claro.
—No hay problema, yo la cuidaré hoy.
—No sería todo el día —dijo entonces Ana—. Solo debo pasar a buscar comida para Gal. Luego iré a su departamento.
El corazón de Gal dio un vuelco.
—No es necesario… Puedo pedir comida.
—Necesitas comida nutritiva, Gal. No papas y sándwiches —dijo Willy.
—No tardaré, ¿de acuerdo? —Ana la miró de una forma tan dulce que por un momento Gal no supo qué responder.
—Ahm… Seguro estás cansada…
—Estoy bien. Puedo dormir más tarde.
—Pero, Ana…
—No insistas. Me daré prisa para estar contigo en una hora.
Ana se acercó a darle un beso en la mejilla y salió de ahí. Su amigo soltó un silbido a su lado.
—La tienes loquita por ti. El sexo debió ser muy bueno.
Gal no pudo evitar darle un zape a su amigo y regresar la mirada a la puerta por donde Ana acababa de salir.



Willy soltó otra carcajada mientras veía la pantalla de su celular y solo levantó la vista hacia ella cuando pasó a su lado.
—¿Todo bien?¿No te sangró la nariz?
—No, es un tapón poderoso.
—Soy el mejor.
—¿Tú me lo pusiste?
—Te estabas desangrando, Gal. Ana y yo hicimos todo lo más rápido posible… Pero quedó bien —dijo su amigo analizando la herida—. Fue un golpe tremendo, como si no solo te hubieras golpeado sino… caído de la camilla.
—¿Ya desayunaste algo? Tengo huevos en el refrigerador.
—¿Eso pasó, Gal?
—No.
—¿Por qué no quieres decirme?
—¡Porque es privado!
—¡¿Entonces sí lo hicieron?!
Willy brincó tan emocionado que la golpeó justo en la nariz, haciendo que Gal sintiera un tremendo dolor antes de que todo quedara negro de nuevo.


Voces, susurros. Gal abrió los ojos y vio la pared de su habitación. Al otro lado del departamento, vio a Willy y a Ana de pie.
—¡Eres un descuidado!
—Fue un accidente.
—Ana… —susurró ella.
En menos de un segundo, Ana ya estaba a su lado.
—¿Estás bien?
—Lo estaré solo si lanzas a Willy de la ventana.
—¡Escuché eso!
—¿Qué hora es?
—Las diez.
Gal pensó. Había salido del hospital solo un par de horas atrás.
—Eso significa que no descansaste nada —le dijo a Ana.
—Puedo dormir un rato aquí. Traje suficientes analgésicos como para hacerte dormir por semanas.
Gal miró las bolsas que Ana había dejado en la mesita de la sala.
—¿Qué es todo eso?
—Comida. Llamé anoche a casa y pedí que prepararan comida para ti. Traje gelatinas, crema de brócoli, sopa de verduras y alguna cosa más que mi madre te mandó.
—¿Tu madre?
—Si. Desde que se jubiló descubrió que cocinar le gustaba y ahora se la pasa preparando cosas  con nuestra cocinera. Así que… Bueno, le comenté que… Ahm… Le dije que eras una amiga… —susurró Ana haciendo que Gal sonriera.
—Está bien, no tienes que decirlo tan pronto…
—¡¿Qué cosa no quieren decir tan pronto?!
—¡¿Por qué sigues aquí?!
—Porque tu conexión a internet es más rápida que en mi casa y porque como tu mejor amigo mi deber es asegurarme de que no mueras.
Ana negó con la cabeza mientras sonreía.
—Willy dice que no han comido nada. ¿Quieres que comamos lo que traje?
—Eso estaría muy bien.
Ana se acercó a ella y la ayudó a levantarse de la cama. Sin soltarla de la mano, llegaron hasta la mesa de la pequeña sala.
—Esto será incómodo —dijo Willy viendo lo baja que quedaba la mesa.
—Presiona ese botón —dijo Gal.
—Esto es tecnología pura —dijo su amigo mientras la mesa se elevaba a una altura decente.
—Ven a ayudarme —le dijo Ana a su amigo.
Gal se quedó ahí sentada, pensando que por primera vez en años, en ese departamento había más de una persona… Y eso no se sentía tan mal.


**

Ana terminó de acomodar los platos limpios en la pequeña alacena de Gal. Willy se había marchado después de desayunar y Gal estaba dormida en su cama.
Ana miró ese pequeño departamento. Nada más entrar estaba la cocina, enseguida un sofá frente a un mueble lleno de libros y la mesa en medio. Detrás del sofá estaba la habitación, que podía verse perfectamente porque en lugar de pared, lo que dividía todo eran unas tablas con espacios entre ellas.
Aquel lugar era perfecto para una persona, pequeño pero elegante y cómodo. Ana se asomó al baño para recoger los medicamentos que había dejado ahí y volvió a ver a Gal, que no parecía estar muy cómoda. Como no podía acostarse bien, le había colocado varias almohadas para que estuviera más sentada, que acostada.
Ana regresó a la sala, donde buscó entre los libros de Gal. Todos eran sobre ciencia, medicina, botánica, biografías de grandes médicos de la historia… Eso la hizo sonreír. Donde otros hubieran colocado una televisión, Gal tenía libros.
Ana pudo imaginarla ahí sentada durante sus días de descanso leyendo y estudiando sin parar.
—¿Ana?
—Aquí estoy —dijo ella yendo hacia la cama.
—Creí que te habías marchado.
—Gal, apenas puedes respirar, ¿crees que te dejaré sola? Estaba viendo tus libros, ¿está bien?
—Claro que sí. Pero… deberías dormir.
—Sí, quería tumbarme en tu sofá a leer un poco y dormir.
—¿El… sofá? —Gal miró hacia la sala—. Estarías más… cómoda… aquí, ¿no?
—Es que… Yo solo… no quiero invadir tu espacio… Sé que esto fue inesperado y…
—No me molesta. De hecho creo que después de todo lo que hiciste, lo justo es que al menos te deje dormir en un lugar cómodo.
—Lo justo... Sí, eso me parece muy justo.
Sintiéndose un poco torpe, Ana se quitó el suéter y los zapatos. Sin dejar de mirar los ojos de Gal, se subió a la cama junto a ella.
—Esto es un poco raro —susurró Gal a su lado.
—Si es demasiado puedo ir al sofá.
—No me refiero a eso.
—¿Entonces? —Ana también hablaba en susurros, de repente todo ahí se sentía muy íntimo. Gal carraspeó y miró hacia otro lado.
—Tú y yo en… una cama… y no… puedo… tocarte…
El corazón de Ana dio un brinco. Contuvo la risita nerviosa que se le quiso escapar y sujetó suavemente la cara de Gal para que la mirara.
—¿Qué te parece un beso?
Ana pudo ver el nerviosismo de Gal, que de repente se quedó inmóvil. Aquello le causó tanta ternura, que Ana se preguntó si aquello estaba bien o iban muy rápido. Un día no eran nada y luego ahí estaban en su departamento a punto de besarse sobre una cama.
Se acercó despacio y depositó un beso sobre los labios de Gal, que respondió aunque enseguida se separó.
—Perdón es que… No puedo respirar.
—Lo siento, ¿te dolió?
—No, solo… —Entonces Gal abrió mucho los ojos y se apartó de Ana.
—¿Qué sucede?
—Me duché y me lavé la boca pero… siento que tengo… sangre seca y seguro… huelo a sangre.
—No me importa.
—¿Segura?
—Es que fui vampira en mi otra vida.
Gal soltó una carcajada y se llevó las manos a la nariz.
—Auch.
—¡Lo siento! Sin bromas. sin bromas.
—Estoy totalmente de acuerdo… —dijo Gal acomodándose de nuevo sobre las almohadas—. Ana…
—¿Sí?
—Te estoy esperando…
Ana soltó una risita y se arrodilló frente a Gal. Con mucho cuidado la besó. Lento, tratando de no presionar demasiado. Intentando no volverse loca. Las manos de Gal la abrazaron y Ana tuvo claro que a veces no es necesario tener sexo para sentir algo inmenso.




__________ Continuará_______



Pd. Cada viernes nuevo capítulo.


Pd.2. Te unes aqu´a mi canal de WhatsApp donde hablo de escritura y uso esta historia como ejemplo para explicar qué hago, cómo lo hgao y porqué. Sin spoliers.

Pd.3. ¿Escrbiste una historia y no se la has enseñado a nadie? ¿No te has animado a publicar tu novela? Responde un emoji de huevo si es tu caso.



Pd4. Hoy es viernes 13, ¿sabes de donde viene la leyenda de que es un día maldito? Quien responda bien se gana algo.

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