⚡Fluidos contagiosos

Ella me salvó

Fluidos contagiosos.

Hay una serie que me gusta mucho. La he visto unas diez veces y seguro la veré treinta más. 

Se llama “Cómo conocí a tu madre”.

Si has visto la serie seguro sabes que la historia de Ted empieza mucho antes de conocer a la madre de sus hijos.

Mi historia será igual. Le contaré a mi hija la historia de cómo llegué a ser la persona que debía ser para conocer a su madre.

Porque si Ingrid me hubiera conocido antes, seguro ni se hubiera fijado en mí porque me pasaba de tonta… o de mamona. (Iba de un lado al otro de esa balanza).

Lo chistoso es que para ser la persona ideal para Ingrid, tuve que conocer a muchas chicas (algunas me ayudaron, otras me madrearon).

Este correo es la historia de una de esas chicas. La responsable de que no me contagiara de sida en la universidad.

Aunque siempre fui un poco nerd, es obvio que cuando tienes veinte años lo más importante son las hormonas. El estudio pasa a segundo plano, solo quieres chicas.

La ciudad en la que estaba mi universidad era famosa por los “juebebes”, porque eran los jueves cuando todos los estudiantes se embriagaban y se besaban con quien fuera (y otras cosas).

Me explico. 

Había un antro llamado “Santos y Pecadores”, donde cada jueves iban todos los universitarios para encontrar con quien tener sexo.

Fui un par de veces a ese antro. No para tener sexo (me daba asquito, la verdad), sino para reirme de mis amigos, porque era gracioso ver con quién se iban para burlarse al día siguiente.

Porque lógicamente al estar todos ebrios, nadie se fijaba mucho en la calidad de las parejas. Al día siguiente terminaban arrepentidos (y arrepentidas) de su elección al ver a sus “parejas” de día, con la luz iluminando sus hermosas facciones 🤣.

Es claro que en la universidad había mucho desmadre (creo que en todas). Las fiestas entre las carreras eran legendarias por los enredos amorosos. 

La verdad era que aunque la tentación estaba ahí, nunca la tomé. ¿Por qué? (A parte del asco jajaja) Porque estaba perdidamente enamorada. 

Y lo peor que te puede pasar cuando hay filas de chicas dispuestas, es estar enamorada de alguien.

Aunque ahora que lo veo a la distancia, estar enamorada fue lo que me salvó de que me contagiaran alguna exótica ETS, demasiado abundantes por ahí.

La chica que me salvó era mi mejor amiga de la escuela (típico) y era considerada muy rara. No por su forma de vestir o que tuviera un tic extraño.

Era rara porque leía mucho. Era lista. Pero lista de verdad, no solo de esas que sacan 10 en los exámenes. 

Tenía temas de conversación que a los veinte años son raros en alguien. Y por eso me encantaba.

Pasaba todo mi tiempo libre con ella, aprendiendo de su forma de ver las cosas. Es genial la forma en que algunas personas pueden marcar tanto tu vida. 

Ella lo hizo. 

Me dio libros, me recomendó series. Me habló de todo. No era aburrida o seria. Al contrario. Era muy divertida y sarcástica. Pero muy centrada.

Eso me hizo crecer como persona. Hizo que mi cerebro girara más rápido por los retos que eran sus conversaciones. Me alejé de los antros y me enfoqué en los libros.

Estudié la carrera equivocada, pero gracias a que fui a la universidad la conocí. Y gracias a eso crecí.

¿Después de eso estuve lista para Ingrid? No, obvio no. Faltaba mucho camino todavía. Pero fue un buen primer paso. Un excelente primer paso.

Nuestros caminos se separaron en cuanto acabó la universidad. No sé si alguna vez se dio cuenta de mis sentimientos, pero creo que eso en realidad no importa.

A veces las historias de amor no son para ser eternas, son para prepararnos. 

Hay personas que están de paso, pero que es muy importante que conozcamos porque al hacerlo nos conocemos mejor nosotras.

Así que no te lamentes por aquel amor fugaz. Mira lo que te enseñó y hazlo parte de ti.

Seguro alguien más llegará y entonces entenderás.

Entonces dirás: “gracias por alejarme de los antros, el alcohol y los besos con herpes”.

¡Te escribo mañana!

❤Besos, Nalle.

P.D. ¿Sabías que leer es la clave para no presentar problemas mentales relacionados con la edad? (Alzheimer, demencia senil)

Es un dato científica y nallelíticamente comprobado.

Por ejemplo, mis abuelos maternos tienen 87 y 86 años.

Mi abuelo lee sus libros como si fueran comida (si no lee se muere dice) y está más cuerdo que muchos políticos e influencers que conozco.

Mi abuela resuelve crucigramas todos los días y se la pasa leyendo su colección de “Selecciones”.

Ambos te pueden contar cosas que les sucedieron en la primaria, los nombres de sus compañeros, quien se peleó por los terrenos en la fiesta de navidad de 1965, etc.

Llevan toda su vida leyendo y recuerdan todo.

Lee, tu cerebro te lo agradecerá.