⚡Capítulo 2 El pulso del Corazón

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EL PULSO DEL CORAZÓN

Capítulo 2

Gal bajó rápido del taxi cuando se detuvo frente al hospital. Después de pasar 3 días ininterrumpidos trabajando, el doctor Cepeda la había amenazado con llamar a los guardias para que la sacaran de ahí y por fin se fuera a casa a descansar

 Así que sin más remedio, tuvo que ceder. Sin embargo, menos de 24 horas después, ahí estaba de nuevo. Caminó hacia su locker para dejar sus cosas y ponerse la bata. Miró su agenda y caminó hacia el área de cardiología para reportarse con su mentor.
 —¿Qué haces aquí tan pronto? —le preguntó el doctor Cepeda en cuanto la vio entrar a su oficina, donde estaban los otros 3 miembros del equipo.
 —Trabajar, doctor.
 —Te mandé a descansar.
 —Ya descansé lo suficiente —dijo ella de paso. Cepeda negó con la cabeza pero ya no dijo nada más, solo empezó a explicar los síntomas de un paciente.
 Ella escuchaba en silencio cuando la puerta se abrió.
 —Le he pedido al doctor Sanchez que nos envíe refuerzos para ayudarnos en este caso —anunció el doctor Cepeda.
 Gal sonrió al ver a Willy entrar. Su amigo, como médico internista era muy bueno. Gal iba a decirle algo, pero la puerta se abrió de nuevo y su corazón hizo algo super raro que ella no pudo explicar.
 Ana acababa de entrar. Gal no podía parpadear, solo se concentró en respirar mientras al fondo escuchó a su mentor decir que la cirujana que los ayudaría, sería Ana.

 Gal cruzó una breve mirada con Willy, que le lanzó una mueca que la hizo sentir más nerviosa. Miró hacia el suelo, incapaz de volver a mirar a Ana, tratando de sentir enfado, ira, lo que sea… algo diferente a lo que estaba sintiendo.

 Cepeda dijo su nombre y Gal notó que todos la miraban. Se esforzó por mantener sus ojos sobre su mentor y responder sus preguntas.
 En cuanto tuvo oportunidad, salió rápido para iniciar con los primeros exámenes al paciente.
 —¿Estás bien? —le preguntó Willy apareciendo de repente junto a  ella.
 —Sí. —No quería hablar. No tenía nada qué decir.
 —Bien, entonces trabajemos —dijo Willy. Gal centró su mirada en el monitor cardiaco. Eso sí podía hacerlo bien. Concentrarse. Mirar, escuchar. Analizar patrones, buscar anomalías.
 —Ahí —dijo ella, señalando la pantalla—. Algo está mal.
 —Yo no veo nada —respondió su amigo.
 —Sí, ahí está —repitió ella—. Es casi imperceptible… Tal vez… El primer diagnóstico estaba mal. Ahí hay algo.
 —¿Crees que no necesite cirugía? —preguntó Willy.
 —En ese caso, tal vez no sea necesaria mi ayuda —dijo una voz detrás de ellos.
 Gal no pudo evitar girar rápido la cabeza. Ana estaba ahí, con una leve sonrisa en el rostro y unos cuantos mechones de cabello cayendo por su frente. Gal miró de nuevo esos ojos verde oscuro.
 —No tan rápido doctora —dijo Willy con tono animado—. Aún no sabemos si Gal tiene razón.
 Ana amplió su sonrisa y se acercó a ellos. Willy se hizo a un lado y dejó que Ana se parara junto a Gal.
 —Entonces… ¿qué ves? —susurró Ana a su lado. Gal carraspeó antes de hablar.
 —Ahí, ¿lo notas? —dijo señalando un pico en el monitor—. Es milimétricamente irregular.
 —¿Crees que sea algo relevante?
 La voz de Ana no debería sentirse. Pero Gal sentía que esa voz tenía vida. Sentía cómo esa voz la envolvía.
 —No creo que sea necesaria tu ayuda —dijo hostil aunque esa no había sido su intención.
 —¿Ah no? —Ana la miró a los ojos.
 —Si no necesita cirugía, podemos manejarlo Willy y yo.
 —Yo creo que aún no hay que descartar nada, Gal —dijo su amigo—. Toda ayuda es buena.
 Gal desvió la mirada y dejó que Willy le explicara más cosas a Ana mientras ella se mantenía callada. Se atrevió a mirar de nuevo a Ana, que estaba atenta a lo que Willy le explicaba. ¿Cómo podía ser tan hermosa? ¿Y porqué ella no dejaba de pensar en todas esas cosas?
 Frunció el ceño muy enfadada con ella misma. Lo peor que podría pasarle, era sentir algo por aquella chica.

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 —¿Qué carajo fue eso, Gal? —le preguntó Willy horas después cuando por fin la encontró sola en la sala de descanso.
 —¿Qué cosa? —preguntó ella dando un sorbo a su café.
 —Lo que pasó hoy con Ana.
 —No fue nada.
 —Escucha bien, no puedes dejar que  la tensión sexual que sientes te nuble la cabeza.
 —¿Qué tensión sexual?

 —Ay por favor. —Su amigo se sentó junto a ella y la miró por varios segundos antes de decir:—. No tendría nada de malo que lo admitieras.
 —Si tuviera algo que admitir, lo haría. Pero no hay nada.
 —Ana es guapísima, puedo entender porqué estás así.
 —¡Yo no estoy…! —Bajó la voz—. No pasa nada.
 —Que te lo repitas una y otra vez no lo volverá real.
 —¿Qué quieres de mí?
 —Que te permitas sentir, carajo. no eres un robot, Gal. Tienes derecho a interesarte por los demás. incluso por Ana.
 —¿Con qué objetivo?
 —¿Objetivo?
 —Sí, ¿Para qué me serviría… sentir… lo que sea?
 —No hay objetivo para los sentimientos, Gal. Solo los sientes o no.
 —Sabes que no tengo tiempo para nada de esas cosas. Tengo una meta, tengo planes, tengo una carrera esperando por mí.
 —No veo cómo salir con Ana te arruinaría tus famosos planes.
 Gal suspiró.
 —Mira, puedo admitir cierto… aturdimiento cuando ella está cerca, pero no es nada importante. Solo es…
 —Tensión sexual.
 —No. Es solo un interés… profesional, nada más.
 —¿Y… nunca te la has imaginado con su bata y nada más abajo? —Willy sonrió mientras ella sentía su cara ardiendo—. O algo mejor, tú quitándole la bata.
 —Cállate.
 —Bien, bien. Solo quiero decirte que fuiste muy grosera hace rato. Creo que te guste o no, Ana es una colega. Deberías disculparte.
 —No lo haré. No fue para tanto.
 —Yo creo que sí. Si de verdad ella te resultara indiferente, te daría exactamente lo mismo que esté con nosotros en el caso. Pero no toleras su presencia porque hace evidente eso que tanto intentas ocultar —dijo su amigo caminando hacia la puerta.
 Ella no iba a decir nada más, pero la curiosidad le ganó.
 —¿Y qué intento ocultar?
 Willy esbozó una sonrisa.
 —Tu corazón.

Continuará…

Pd. Recuerda que cada viernes te mandaré un pedazo de historia.

Pd.2 El capítulo 1 lo envié hace unos días, si te lo perdiste, búscalo en tu bandeja de entrada.

Pd3. Espera el cap. 3 el próximo viernes.

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