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⚡De nuevo tú
Cap. seis para que no me maten.
Si eres nueva en esta newsletter te comento que aquí comparto historias, anécdotas y experiencias todos los días.
Hoy toca el turno a la historia que estoy publicando aquí, pues he recibido amenazas de muerte por parte de varias lectoras por no haber actualizado esta historia.
Si quieres leer los primeros cinco capítulos puedes hacerlo en este ENLACE. Ve tranquila, aquí te espero.
De nuevo tú.
Capítulo seis
Cuando sus alumnos terminaron de salir del salón, Kay empezó a guardar sus cosas en su mochila. Había terminado la primera semana de diplomado, donde atendía a cuatro grupos numerosos enviados por el gobierno para recibir esa formación.
Estaba terriblemente cansada pero no podía evitar sonreír. Marsel la esperaba en un restaurante para comer juntas después de varios días de no verse. Se aseguró de no olvidar nada y corrió a la salida, donde chocó con un hombre.
—Perdón… —dijo antes de reconocer al tipo—. ¡Perez! —Se lanzó a abrazar a su amigo.
—Hola, pervertida.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a la ciudad a traer a un detenido y me enteré que toda la secretaría de seguridad estaba tomando un diplomado con la famosísima Kay Dahuss… ¿Por qué no me dijiste que estabas en el país? Creí que seguías fuera.
—Iba a decirte lo juro, solo que he estado muy ocupada. Supe que estabas trabajando cerca, pensé en llamarte para vernos un fin de semana.
—Pues si la montaña no va a uno… ¿Vamos por un café?
—¿Ahora?
—No, el año que viene…
—Es que… ahora tengo un pendiente.
—Tu clase ya acabó —dijo su amigo señalando el salón vacío.
—No es algo de trabajo… es… tengo que ver a alguien…
—¿Una mujer? ¿Tienes una cita? —Pérez le sonrió con burla.
—No es una cita, solo es una amiga que… de hecho… bueno, es… ahm…
—¿La conozco?
Kay asintió. Sus mejillas le ardían.
—Es Marsel.
Pérez abrió mucho los ojos y soltó una carcajada.
—¡Ándale! ¡¿Marsel?!
—¿La recuerdas? —En cuanto esa pregunta salió de su boca se sintió estúpida. Era obvio que Pérez la recordaría, ya que a él también le gustaba la chica en la universidad. Sin embargo, ambos siguieron siendo amigos, pues aunque los dos se sentían atraídos por Marsel, ella tenía novio y eso bastó para que esa atracción siempre fuera algo platónico para los dos.
—¿Está aquí?
—Sí, trabaja en la fiscalía… Quedamos para comer…
—Que bien… Voy contigo…
—¡Claro que no!
—¿Por qué no?
—Porque siempre decías tonterías frente a ella.
—¡Mentira!
—Siempre querías presumir tu cerebrote y te la pasabas hablando de cosas sin sentido. Ella seguro te odia todavía por eso.
—Que me lo diga ella. —Pérez se acomodó la ropa—. ¿Me veo bien?
—No irás…
—¿Por qué te molesta tanto? Acaso... ¿tienen algo?
Kay negó con la cabeza.
—Solo somos amigas.
—¿Segura?
—Sabes que sí. Ella nunca… No le dije nada.
—Por tonta. Si yo hubiera tenido la oportunidad de pasar tanto tiempo con ella como tú, le hubiera saltado encima en la primera.
—Y dices que la pervertida soy yo.
Esquivó a su amigo, que la siguió.
—¿Tienes un auto? —Kay no respondió—. Oye no te enojes.
—Solo promete no decir cosas que no debes.
—¿Cómo que te morías por ella?
—Exacto…
Pensó en llamarle a Marsel para decirle que llevaría compañía pero fue emboscada por una secretaria de la universidad que le estaba prestando sus instalaciones para que le firmara unos documentos, cosa que hizo que se retrasara bastante.
Así que prefirió darse prisa. Rebasaba autos a toda velocidad y aceleraba para ganarle a las luces del semáforo. Cuando llegó al restaurante eran casi treinta minutos después de la hora acordada.
Marsel levantó la vista cuando escuchó sus pasos y le dirigió una sonrisa radiante, que fue desapareciendo cuando se percató de quien venía con ella. Kay le dirigió una mueca de disculpa antes de abrazarla.
—Perdón, no pude quitármelo de encima…
—¡Marsel! —Pérez le dio un caderazo a Kay para que se hiciera a un lado—. Cuánto tiempo ha pasado y tú sigues muy guapa. —El hombre besó la mejilla de Marsel.
—Y tú te ves… —La chica lo miró de arriba abajo y Kay aguantó la risa al ver el apuro de su amiga. Pérez ya no tenía el cuerpo atlético de la universidad. Era un hombre con bigote chistoso y la barriga le estiraba los botones del uniforme que traía—. Saludable…
—Sí, sí, me va bien. No tanto como a Kay, pero bien. —Los tres se sentaron. quedando Kay enmedio, y Pérez y Marsel frente a frente.
—¿Estás tomando el diplomado con ella?
—No, qué va. A los de la gendarmería nunca nos toman en cuenta para las cosas buenas. ¿Y tú?
—La fiscalía no fue invitada tampoco. Solo los de la Secretaría fueron los afortunados —dijo su amiga sonriéndole.—. Por eso le pedí a Kay clases privadas.
—Ella con gusto te da todo lo privado a ti…
Kay pateó a Pérez debajo de la mesa.
—¿Qué pedimos para comer? —dijo ella abriendo uno de los menús de la mesa, ignorando la mirada que Marsel le dirigió.
Quería arrancarle los pelos del bigote a Pérez, pero aquello había sido su culpa, ella lo llevó a esa comida. Después de que el mesero anotara su orden, su amigo volvió a hablar:
—Estaba viendo un programa el otro día sobre los illuminati y los grupos que gobiernan el mundo en las sombras. No manchen, esa gente millonaria debería morirse. ¿Recuerdas Kay, cuando queríamos secuestrar hijos de políticos y madrearlos?
—Nunca quise hacer nada de eso, tú te la pasabas diciendo tonterías en el salón.
—Era una buena idea, ¿verdad? —Pérez miró a Marsel, que parecía bastante contrariada.
—Debo ir al baño… Kay, ¿tú quieres ir?
—Claro, claro. —Se levantó—. Ahora venimos… —le dijo a su amigo para seguir a Marsel hasta los sanitarios.
—¿Por qué trajiste a ese idiota? —dijo su amiga con una expresión de desesperación.
—Por… creo que porque también soy idota. Perdón, sé que debí alertarte. Fue mi mejor amigo en la universidad y me dio gusto verlo hoy, pero… no esperaba que quisiera venir…
—Está bien —dijo Marsel levantando la mano para detener su monólogo—. Lo toleraré solo porque es tu amigo. ¡Pero en cuanto empiece a hablar sobre Pericles y Aristóteles me largo!
Kay soltó una carcajada.
—¿Aún recuerdas eso?
—Era de lo único que hablaba, Kay.
—Claro que no, solo lo hacía cuando estabas tú, creo que quería impresionarte para ser tu amigo.
—Era aterrador…
—Sí, también se lo dije pero nunca me hizo caso.
Marsel la miró en silencio un momento y sonrió.
—Me alegra verte. Han sido días largos en la oficina. ¿Qué tal tus clases?
—Increíbles. En serio creo que deberías venir.
—Es lo que más quisiera pero no puedo ausentarme tanto tiempo del trabajo, estamos a tope. Pero… bueno, de verdad me encantaría eso de las clases privadas.
—¿Esta comida cuenta como clase?
—Si no hubieras traído a tu querido amigo, sí. Ahora solo es… una comida. Así que tendrás que reponerla.
—Cuando quieras.
—Kay…
Su corazón latió fuerte cuando Marsel dio un paso hacia ella. Vio a la chica dudar un momento.
—¿Qué pasa?
Marsel se rascó la frente y parecía buscar las palabras adecuadas. La chica abrió la boca para decir algo, pero…
—¡Oigan, ustedes! —La voz de Pérez les llegó al otro lado de la puerta—. ¡Ya llegó la comida!
En serio quería arrancarle el bigote.
Marsel negó con la cabeza y sonrió con resignación al pasar a su lado. Regresaron a la mesa donde su amigo daba grandes sorbos a su cerveza. Vio cómo le hacía una señal al mesero para que le llevara otra.
—Entonces, Marsel… ¿Te casaste? —preguntó Pérez.
—Eh… no. ¿Y tú?
—Sí, pero estoy en trámites de divorcio.
—¿En serio? —quiso saber ella, que no tenía idea de eso—. ¿Qué pasó?
—No aguantamos la distancia. El amor no soporta tanto tiempo lejos.
Kay sintió una punzada en su estómago y le lanzó una mirada fugaz a Marsel, que tenía la vista fija en Pérez, como si sus palabras la hicieran pensar en algo más.
—Lo lamento —le dijo Kay a su amigo—. Estás bien ¿no? ¿Necesitas algo?
—Preséntame a alguien —pidió el hombre, bebiendo varios tragos de la cerveza que el mesero le entregó—. Tú siempre tuviste muchas amigas guapas, aunque nunca aprovechaste eso. ¿Recuerdas eso, Marsel? Kay siempre estuvo rodeada de bellezas. Y admito que esa fue mi primera razón para ser tu amigo, ya después me caíste bien.
—Qué afortunada soy —dijo ella con ironía.
—Pero nunca quisiste ayudarme con ninguna de ellas…
—Porque te gustaban todas, eras como una abeja de flor en flor. Mis amigas corrían peligro contigo.
—Y tú desaprovechando tu posición estratégica con todas ellas. Aunque claro, estabas tan enamorada que no podías fijarte en otra ¿no?
A Kay se le fue el alma a los pies y miró asustada a su amigo.
—¿Qué? —le preguntó Marsel a Pérez que acabó con su cerveza y pidió otra.
—Sí, esta tonta… —Pérez la señaló y luego giró el rostro para hablarle a ella—. Wey, tenías a Cindy, a la chaparrita aquella, a la Natalia, puras viejas bonitas y tú babeando por alguien que nunca te hizo caso.
—Yo no babeaba por nadie —se defendió Kay.
—¡Ay, por favor Kay! ¡Estabas totalmente enamorada de ella!
Continuará…
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