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⚡ De nuevo tú
cap. 8
Si eres nueva en este espacio te cuento que aquí comparto anécdotas, experiencias e historias.
Hoy publicaré un nuevo cap de una pequeña historia de amors y como eres nueva seguro no entenderás ni madres, Así que te dejó en ESTE ENLACE los primeros 7 capítulos para que vayas, los leas y luego regreses por aquí.
Disfrútalo.
De nuevo tú
Capítulo 8
Ir temprano a la casa de Marsel había sido una pésima idea. Eso era lo único que podía pensar Kay mientras en su cabeza se repetía el beso que ese sujeto le había dado a la mejilla de su amiga.
Estúpida, todo seguiría perfecto si se hubiera quedado en su cama, en su hotel, lejos de ese lugar. A salvo.
—Kay, ¿qué haces aquí? —Marsel dio un par de pasos hacia ella, pero Kay solo podía sentir la rabia en su garganta y el zumbido en sus oídos.
—Yo… vine por… aquel… caso… Puedo volver luego —dijo girando sobre sus talones.
—¡Espera! —Marsel la sujetó del brazo, haciendo que la mirara—. ¿Estás bien?
—Oye tengo que correr al aeropuerto —dijo el hombre pasando a su lado—. Hola. —La saludó a ella.
—Te presento a Augusto, trabajamos juntos. Ella es Kayri Dahuss…
—¡¿Kayri Dahuss?! —El tipo le estrechó la mano. Kay quiso romper cada hueso pero se aguantó—. Que gusto conocerte por fin. Marsel habla mucho de ti. Le gusta presumir que es tu amiga.
—Eso no es verdad. Me gusta presumir lo lista que eres… —aclaró la chica pero Kay solo torció el gesto.
—Ojalá pueda verte a mi regreso —le dijo Augusto—. Hay… bueno, estaría bien hablar de criminología, ¿no? —La sonrisa del hombre hizo que Kay lo detestara más.
—Claro, estaría bien —dijo sin ánimo.
Augusto parecía más feliz que nunca. Le dijo adiós con la mano y se marchó. Kay lo siguió con la mirada hasta que bajó las escaleras.
—Oye… —Marsel la llamó—. ¿Quieres pasar?
—No —dijo sin poder evitar sonar enojada.
—¿Qué sucede?
Negó con la cabeza.
—Solo estoy cansada. Nos vemos luego, ¿sí?
—¿A eso viniste? ¿A decirme que estás cansada? Kay, son las seis de la mañana… ¿qué pasa?
—Es que… —se rascó la cabeza intentando conectar sus neuronas—. Creo que ya sé como lograr la confesión…
—¡¿En serio?! —Marsel la jaló al interior del departamento—. ¡¿Por qué no lo dijiste antes?!
—Es que te vi con tu novio y…
—¿Novio? —Marsel esbozó una sonrisa—. No es mi novio.
—¿Entonces solo lo invitaste a pasar la noche contigo?
—¡¿De qué hablas?! Augusto no durmió aquí. Vino a dejarme unos expedientes que tendré que revisar porque se irá tres semanas a un curso. Antes de ir al aeropuerto me dejó todo eso. —Marsel señaló la mesa de la sala donde había varias carpetas.
—Ah, creí que… Es que… dijiste que habían salido antes…
—Y solo eso. Nunca ha pasado nada. Ni quiero que pase. —Marsel apretó los labios un momento, mirándola con timidez—. ¿Te enojaste por eso?
—No me enojé —dijo sintiéndose muy estúpida.
Marsel sonrió.
—¿Segura?
—No tengo porqué enojarme… Eso sería raro, ¿no crees?
Pero su amiga no respondió. La miró varios segundos antes de atreverse a hablar de nuevo.
—Kay, quiero decirte algo pero… —La mujer se detuvo, moviendo la boca sin que saliera ningún sonido.
—Te escucho.
—Es que... he estado pensando que… Esto fue hace mucho pero… no sé porqué… me parece que debo… —El pecho de Marsel subía y bajaba con rapidez, haciendo notar su agitación.
—Solo dilo. —Sonrió para darle ánimo a la chica.
—¿Recuerdas cuando Samuel me engañó? ¿Recuerdas que tú me lo contaste y te pedí espacio?
—Sí, dijiste que querías resolver las cosas a tu manera.
—En realidad lo que…
El teléfono que tenía Kay en su bolsillo empezó a sonar. Vio el número en la pantalla y se sorprendió de que llamara a esa hora.
—Perdón, es que…
—Claro, no hay problema.
Marsel dio unos pasos atrás para darle privacidad.
—Hola —dijo al contestar.
—¡Kay! Que bueno que te encuentro despierta. Me han enviado una propuesta increíble para ti, es para ser la jefa del gabinete de…
—Ah, sí. También me enviaron la propuesta al correo.
—¡¿Y no me lo dijiste?!
—La vi anoche.
—¿Y? ¿Ya respondiste? ¿Cuándo nos vamos?
—¿Te puedo llamar luego? Estoy en algo importante… —Y cortó la comunicación—. Perdón, era Jocelyn, mi asistente.
—¿Asistente? No sabías que tenías una.
—Es que tuvo una situación familiar y ha estado ausente un mes.
—¿Y es normal que tu asistente te llame tan temprano?
—No, solo está emocionada por una propuesta de trabajo que me enviaron.
—Ah… —Marsel la miró con seriedad—. ¿Y la aceptarás?
—Es posible. Tengo que organizar todas las otras cosas pero si lo logro, creo que sí. Sería el broche de oro para mi carrera.
—Eso es… fantástico, Kay —dijo Marsel abrazándose a sí misma.
—¿Te parece? —Observó bien a su amiga, que con su cuerpo le decía otra cosa—. ¿Regresamos a lo que me decías?
—Bah, no es nada. Podemos hablar luego. De hecho, ya debería estar alistándome para la oficina…
—Claro —dijo ella mirando su reloj—. También tengo que estar en mi primera clase del diplomado en una hora… pero… tu caso… tengo la respuesta…
—¿Me la dices luego?
A Kay le sorprendió escuchar aquello. Creyó que Marsel correría a la penitenciaría a sacar la confesión de aquel sujeto en cuanto escuchara lo que descubrió.
—Hoy tengo reunión con el secretario de seguridad después de las clases…
—Podría pasar a tu hotel más tarde… —propuso Marsel.
—Eso estaría bien, aunque… ¿por qué estás tan triste?
—¿Triste?
—Sí, de repente pareces muy triste.
La mujer esbozó una sonrisa melancólica.
—¿Tú cómo estarías si…?
—¿Si, qué?
—Nada. Nos vemos después ¿va?
—Marsel… —Kay se acercó a la mujer, que negó rápido con la cabeza.
—Será lo mismo que antes ¿no? Te irás y pasarán diez años antes de volver a verte. —Notó los ojos húmedos de su amiga.
—No, no será así… Vendré a visitarte.
—Lo mismo dijiste hace años y jamás volviste…
Kay sonrió con vergüenza.
—Ya te pedí perdón por eso. Es… una gran oportunidad la que me ofrecen y… —Se imaginó aceptando ese trabajo, viviendo al otro lado del planeta. Meses atrás hubiera gritado de emoción por esa oferta, pero en esos momentos, de repente, solo podía pensar que no era para tanto—. ¿Quieres que la rechace?
—¿Qué? —Marsel parecía muy sorprendida por su pregunta.
—Si aún no me has perdonado por no llamarte durante todo este tiempo, entonces te doy el poder de decidir mi futuro.
—No bromees… —dijo su amiga caminando hasta su habitación. Kay la siguió sin pensarlo.
—No es ninguna broma, Marsel. Si quieres me quedo aquí.
Su amiga la miró con picardía y sonrió.
—Eres una tonta.
Entonces Kay se dio cuenta de algo: estaba hablando en serio. Observó a su alrededor, siendo consciente del lugar en el que estaba. Había entrado al cuarto de Marsel. Era muy bonito, con una pared llena de libros y fotografías, una cama que se veía muy cómoda, un par de burós y una puerta que seguro iba al baño. Parpadeó varias veces mientras su mirada vagaba por el lugar, hasta que se encontró con los ojos de Marsel.
—¿Quieres que me quede?
—¿A vivir aquí en Ciudad Montejo? ¿Tú? ¿La que viaja por todo el mundo?
—Puedo seguir dando mis asesorías y tener una casa aquí. Regresar después de cada trabajo.
Marsel se mordió el labio inferior y la miró con tanto brillo en sus ojos que Kay se estremeció.
—¿Y eso lo decido yo?
—Sí…
—¿Por qué me darías ese poder?
—Ya te lo dije, quiero que me perdones de verdad.
Marsel asintió y amplió su sonrisa.
—¿De quién estuviste enamorada hace años?
—¿Qué? ¿Seguirás con eso?
—Es que… necesito saber su nombre.
—Se llamaba Fernanda.
—Esa es una vil mentira.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque estoy viendo tu sonrisa maquiavélica, Kay. ¿Me dirás la verdad?
Soltó una carcajada y movió la cabeza, captando algo con el rabillo del ojo. Una fotografía que no había visto, en un marco que estaba junto a la cabecera de la cama.
—¿Y… esa foto?
Marsel giró el cuerpo hacia donde ella señaló. Sus mejillas se pusieron muy rojas. Kay fue hacia la fotografía y la levantó, acercándola más a su rostro. Recordó el momento justo en que fue tomada. Ese semestre Marsel cursaba fotografía forense y por eso andaba con una cámara por todos lados. Ese día, su amiga le había pedido tomarse una foto juntas. Kay se había parado en un escalón y Marsel en el siguiente, quedando más alta. Cuando el obturador iba a disparar, Marsel la había abrazado por atrás y le había dado un beso en la mejilla.
Y justo así salían en la imagen entre sus manos, ella con cara de sorpresa y Marsel dándole un beso
—Es que… es una de mis fotos favoritas… —susurró la chica a su lado.
Kay sintió un enorme remordimiento por lo que había hecho. Con esa foto se daba cuenta lo importante que su amistad había sido para Marsel y ella la había abandonado sin darle ninguna explicación.
Con su corazón latiendo muy rápido, miró los hermosos ojos de Marsel y dijo:
—Hablo en serio. Si me lo pides, te juro que me quedaré.
Continuará…
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