⚡ De nuevo tú

Cap. 10

Si eres nueva en esta newsletter te cuento que aquí comparto historias y anécdotas todos los días.

Hoy toca el turno a la historia que estoy publicando aquí, vamos en el capítulo 10 y seguro no entenderás ni madres. 

Por eso si quieres leer los primeros nueve capítulos puedes hacerlo  en este ENLACE. Lee y luego vuelve aquí.  

De nuevo tú

Capítulo 10

No debía mirar esos labios. Eran peligrosos. Esa mujer frente a ella era lo que más deseaba en la vida y debía apartarse, por el bien de las dos.

—Ya es tarde… debo irme… —dijo Kay parpadeando mucho para salir del trance en el que había caído.

—Claro, te veo más tarde. ¿Estarás en tu hotel, verdad?
 —¿Qué?
 Marsel sonrió antes de decir:
 —¿Recuerdas que quedamos en que iría a verte en la noche? Para hablar del caso…
 —¡Ah, sí! Claro… Entonces… —De repente se sintió muy torpe. No sabía si debía despedirse con un beso, un abrazo o con un movimiento de mano. Aún estaba pensando qué hacer cuando Marsel depositó un beso en su mejilla.
 —Hasta la noche, Kay.
 Cuando salió de la oficina vio que Pérez aún seguía esperando sentado en el sofá.
 —¿Qué pasó? ¿Ya me recibirá? —preguntó el hombre.
 —Supongo que sí.

Se metió al elevador para salir de ahí y llegó veinte minutos tarde a su reunión, aunque afortunadamente el secretario estaba ocupado y la junta se retrasaría.

Mientras esperaba que todo comenzara, su asistente le había llamado para informarle que en un par de días se reincorporaría al trabajo, después de haber estado ausente para resolver un problema familiar. Con ella, Kay sentía que la calma podía regresar a su vida. Podía enfocarse en su trabajo y en decidir qué hacer con su futuro. La propuesta de trabajo seguía esperando una respuesta de su parte pero aún se sentía incapaz de tomar esa decisión. Miró su agenda con diversos proyectos repartidos por los siguientes dos años. Si aceptaba ese empleo, debía reprogramar todo para poder cumplir con esos compromisos. Y lo más importante: debía marcharse de Cd. Montejo en cuanto su diplomado acabara, sin saber cuándo podría volver.

La punzada en su corazón fue alarmante. Y en su mente solo pudo ver el rostro de Marsel. Con ese ánimo estaba cuando la reunión empezó, haciendo que le fuera difícil concentrarse en lo que el secretario decía. Actuó de la forma más profesional que pudo y luego se retiró con la promesa de que al terminar con las asesorías y el diplomado, se vería un gran cambio en todas las fuerzas de seguridad, no solo las de esa ciudad, sino que también en todo Castilnovo.

Cuando llegó a su hotel únicamente tuvo tiempo para bañarse y ponerse a terminar con la primera asesoría que debía implementar para cubrir algunas fallas en ell código de procedimientos periciales. 

Le encantaba esa parte de su trabajo, y aunque respeta profundamente a los compañeros criminólogos que estaban en la primera línea de trío, ella siempre se sintió mejor diseñando estrategias y mejorando las instituciones de seguridad. Le encantaba dar conferencias, diplomados y asesorías. Le encantaba la libertad de viajar por el mundo con sus ponencias y libros.

La idea de permanecer en un solo sitio nunca le había atraído… hasta ese momento. Justo cuando Marsel volvió a aparecer en su mente, la puerta sonó. Alguien había llegado. No le sorprendió para nada encontrarse con la mujer de sus pensamientos cara a cara.

Marsel levantó una bolsa y dijo:

—Traje la cena.

—Eres un ángel, te lo juro. —Se hizo a un lado para dejar que su amiga entrara a la habitación y en ese instante se dio cuenta de lo hambrienta que estaba.

—Perdón por llegar tan tarde, es que el trabajo me atrasó bastante hoy.

—No te preocupes, yo también estaba trabajando… —dijo mirando el desorden que tenía en su cuarto—. Perdón, voy a limpiar.

—Tranquila, es como en la universidad. Tenías un desastre ordenado.
 Mientras Marsel miraba lo que hacía, Kay cerró su laptop y recogió los documentos que tenía sobre la cama. Al ver el colchón, se sintió repentinamente incómoda, así que prefirió centrar su atención en dejar todo listo para que cenaran y trabajaran.
 —Podemos estar en el balcón —dijo  señalando la pequeña mesa y las dos sillas.
 Marsel caminó hacia ahí sin decir nada, solo tomó asiento y sacó lo que había llevado. Kay sirvió las bebidas del frigobar.
 —Entonces... La tienes ¿no? La respuesta a mi problema…
 —Sí, mira… —Fue rápido por el expediente que Marsel le había dejado—. Dices que este tipo elegía a sus víctimas por el parecido con su madre, a la que odiaba por los maltratos que recibió de niño… pero ¿y esta ropa?
 —¿La ropa?
 —Aquí al fondo del armario. —Le entregó una de las fotografías de la escena donde se podían ver algunos vestidos colgados en ganchos y con una bolsa protectora encima.
 —Nadie de mi equipo los tomó en cuenta. Nos parecieron irrelevantes ya que no había indicios en ellos…

—Pero los habría. Las ropas que tenían las dos víctimas que encontraron no eran las que usaban al desaparecer… Y creo que por eso no has logrado su confesión… El móvil está mal. Su criminogénesis no es solo el odio… sino el amor. Él amaba a su madre, una mujer a la que siempre quiso complacer y para la que nunca fue suficiente como hijo…
 Marsel abriendo mucho los ojos.

—¡Carajo, ¿cómo no lo vi?! ¡Claro! Su predisponente fue la locura de su madre…

—Pudo heredar algún gen familiar, correcto…
 —Su preparante fue el maltrato y el desencadenante… —Marsel revolvió los papeles—. Fue… la muerte de su mamá. Fue cuando empezó a matar.
 —Exacto. Ahí supo que jamás podría complacer a su madre porque el tiempo se le había acabado… y perdió el control de la realidad. Por lo que leí en el expediente… creo que intentó que esas mujeres fueran su madre, que lo amaran. Les puso su ropa, las llevó a su casa… pero no consiguió amor, solo rechazo…  Luego buscaba a otra, una nueva oportunidad de amor maternal.
 Marsel observó el expediente con fascinación por varios segundos.
 —Eres brillante.
 —No, no… lo único que hice fue mirar desde otra perspectiva.
 —Pero esto es… Si logro que me diga donde dejó a las otras chicas, podré cerrar el ciclo de muchas familias y de… —La voz de Marsel se ahogó.
 —¿Tu amiga? —La chica asintió pero parecía incapaz de hablar. Kay le tomó la mano—. Oye, tranquila. Esto acabará pronto —susurró acercándose a Marsel.
 —Fue mi culpa —soltó Marsel de golpe—. Esa noche terminé definitivamente con Samuel, estaba mal y la llamé… Ella salió de casa para ir a verme y… nunca llegó. Murió por mi culpa… —Marsel rompió en llanto.
 —No, no es así —dijo Kay con firmeza—. Fue culpa de él. Él decidió lastimarla, no tú. Oye… —Levantó a Marsel de su silla y la abrazó—. No estás sola en esto. —Sintió a Marsel haciendo más fuerte el abrazo, como si buscara aliviar por fin su dolor al estar así con ella. Kay dejó que su amiga llorara en su hombro, acariciando su espalda para consolarla. 

—Fallé, Kay… Si hubiera visto esto antes, tal vez…
 —No podías… —Se separó un poco de Marsel para mirarle la cara—. La culpa es un sentimiento aplastante y muy dañino para la objetividad. Odias demasiado a ese sujeto, por eso no podías verlo como alguien roto y que solo buscaba amor.

—Fui una tonta, debí delegar este caso, pero me aferré. Quería ser yo quien le sacara la confesión, quien lo quebrara… y por eso tardé demasiado.
 —Eres humana. Todos cometemos errores.
 Marsel se limpió las lágrimas y sonrió con melancolía.
 —Siento que te debo la vida…

—No es nada.
—Pero, Kay…

—Por favor, Marsel. Sabes que jamás podría cobrarte algo a ti. —Esquivó a su amiga y abrió su bebida.
 —¿Por qué?
 —¿Qué?
 —¿Por qué no podrías cobrarme…?
 —Porque somos amigas.
 —Ah… —Marsel se sentó frente a ella y abrió un recipiente con comida—. ¿Y acostumbras ser así con todos tus amigos?
 —Pues claro —dijo ella intentando no mirarle los ojos.
 —No te imagino haciendo esto mismo por Pérez…
 —¿Y qué pasó con él hoy?
 —Lo hice esperar un rato más y luego le permití pasar.
 —¿Y? ¿Te invitó a salir?
 —Por supuesto que no. Solo tartamudeó por cinco minutos, dijo algo sobre Arquímedes y se fue. Es un diota.
 —Tal vez solo… le resulta aterrador invitarte a salir.

—¿Aterrador? —Marsel clavó sus ojos en los suyos, haciendo que Kay se estremeciera.
 —Sí, o sea… Eres una mujer guapísima, lista, divertida y… —Cuando su cara empezó a arder  supo que era su señal de retirada—. Eso, ya sabes.
 Marsel asintió despacio y dejó su comida sobre la mesa, para regresar su atención a ella.
 —¿A ti… te daría… terror… invitarme a salir?
 —¿Salir? —Kay dio dos sorbos a su bebida, intentando controlar sus nervios—. Hipotéticamente hablando… Es… No, creo que no.
 —¿Segura? —Marsel le sonrió y Kay se sintió atrapada por esa hermosa chica.
 —Sí, o sea… En caso de que… pensara algo así… En teoría, claro… No creo que sea difícil invitarte, solo es una pregunta, ¿no?
 —A veces hacer una pregunta puede llevar años… —susurró Marsel, desviando la mirada hacia su comida—. Hay cosas que resultan muy complicadas.

—¿Y cuándo… irás por la confesión? —preguntó para desviar la conversación hacia algo más seguro.
 —Mañana a primera hora.
 —De acuerdo. Entonces tengo que retrasar un poco mis clases… —dijo ella sacando el celular de inmediato.
 —¿Qué?
 —Para ir contigo… —aclaró rápidamente—. ¿En serio crees que te dejaría ir sola a ver a ese sujeto?
 Regresó la vista al celular y empezó a teclear un mensaje a sus alumnos de la primera clase. Pero fue interrumpida cuando alguien la abrazó.
 —En serio, Kay… —dijo Marsel cerca de su oreja—. En serio te amo.
 
 


 Continuará…
 

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