⚡De nuevo tú

capítulo dos


El tiempo  no pasa igual para todos, ya que si para el resto de las personas un segundo era solo eso, un segundo, para Kayri fue una eternidad. Unos ojos de un color miel casi dorado la observaban mientras ella intentaba recordar quien era y qué rayos hacía ahí.

Se paró de su lugar y caminó los tres pasos que la separaban de su amiga, que la recibió con una abrazo que parecía querer abarcarlo todo.
 —Hola… —dijo sonriendo.
 —Disculpa la tardanza, es que no encontraba donde dejar el auto. —Marsel se separó unos centímetros pero no rompió el abrazo.
 —No pasa nada.
 —¿Segura? Antes te ponías muy neurótica si alguien llegaba tarde.
 —Las personas cambian, ¿sabes?
 —Pues espero que tú no lo hayas hecho… ¡Te odio tanto! —Marsel le dio un golpe en el brazo y fue hacia su silla—. ¡¿Por qué nunca respondiste mis mensajes?!

—Claro que respondí…
 —¡Ay, claro que no! Esos mensajes insípidos no cuentan, además tardabas una eternidad en mandarme noticias.
 —Perdón, solo… creo que me obsesioné con la maestría. ¡Pero mira, aquí estamos!
 —Diez años después… —terminó Marsel con seriedad, haciendo que Kayri sintiera un escalofrío—. Te noto diferente… tu cabello es más corto y juro que hasta eres más alta que antes.
 —Lo del cabello es cierto, me lo corté  un poco más de la cuenta, lo demás sigue igual. Tú ya no tienes ese mechón azul…

—Ahora soy una respetable jefa y no puedo llegar a la oficina con aquellos pelos ridículos de la universidad.

—A mí me encantaban tus pelos ridículos —dijo desviando la mirada un momento—. Te daban personalidad. Y… ahm… ¿dónde estás trabajando?

—En la fiscalía. Dirijo el departamento de criminología, ahora tenemos una encomienda del gobierno para clasificar a todos los internos del país según su peligrosidad.
 —Eso suena a muchísimo trabajo, ¿cuántas cárceles debes medir?

—Ni preguntes… a veces siento que me volveré loca pero me encanta mi trabajo. Además… —Marsel la miró de una manera tan brillante que Kay no pudo evitar sonreír—. No todas podemos ser famosas como tú…
 —¡¿Famosa yo?!
 —Oh, vamos. Desde que te fuiste a Argentina a hacer tu maestría ya eras una estrella en la universidad y luego cuando llegó la noticia de tu primer libro y el segundo... el tercero… las asesorías que has dado a varios gobiernos…
 —Espera, espera… todo suena asombroso pero no es para tanto. Creo que solo soy adicta a mi trabajo y eso no es bueno.
 Marsel se mantuvo mirándola en silencio mientras la mesera dejaba unas copas en la mesa, haciendo que Kayri se sintiera de nuevo nerviosa. ¿Cómo podía una mirada hacerla sentir así? Habían pasado años y aún se sentía una adolescente frente a esa mujer. La mesera le dirigió un guiño y se marchó.
 —Creo que… —Marsel observó las copas y una pequeña nota junto a una botella de champaña. Leyó—: «El amor verdadero solo se comparte con una persona especial». ¿Y esto qué?
 —Ahm… —Kay levantó la botella, en cuya etiqueta decía «Amor Verdadero»—. Creo que es parte de la publicidad de la marca.
 —Oh, vaya… creí que era una declaración…
 El estómago de Kayri dio un vuelco.
 —¿Declaración?
 —De la mesera… ví que te coqueteó un poco… —Marsel arrojó esa piedra inesperada hacia ella. Kayri balbuceó un momento y luego negó con la cabeza.
 —¿Por qué coquetearía conmigo?
 —Pues… —El sonrojo en las mejillas de Marsel fue evidente—. ¿Te van las chicas, no?
 De nuevo una sacudida en su estómago. Durante sus años de universidad, Kayri nunca había mencionado nada sobre su orientación sexual. Y esa pregunta tan directa le había movido el piso como si de un terremoto se tratara.
 —Eh… sí… me van las mujeres. ¿Te importa?
 Marsel le lanzó una mueca encantadora.
 —Por supuesto que no… aunque… ¿por qué nunca lo mencionaste?
 —No creí que hiciera falta decir algo. O sea, los heterosexuales no van por ahí aclarando su orientación, ¿por qué yo sí tendría que hacerlo?
 —Una excelente respuesta —dijo Marsel sirviendo la bebida en sus copas—. Brindo por el amor verdadero…
 —Y tú sabes mucho del amor verdadero —dijo riendo. Pero enseguida notó la expresión seria de su amiga—. ¿Qué pasa?
 —Es que… en realidad Samuel y yo terminamos hace mucho.
 —¡¿Qué?! ¡Pero si ustedes eran eternos! ¡Llevaban como cinco mil años de novios! ¡Incluso le perdonaste aquella…!
 —Sí, sí, no hace falta recordar eso. Se acabó… 

Kay notó el instante de dolor en los ojos de Marsel, así que le tomó la mano que la chica tenía sobre la mesa.
 —De verdad lo lamento. Debió ser muy duro. ¿Estás bien?

—Ahora sí… —dijo la chica apretando su mano—. Pasó hace tiempo… 

—¿Por qué no me dijiste?

—¿Cuándo? ¿En una de tus llamadas? ¡Ah, espera! Nunca me llamaste —terminó Marsel con una sonrisa triste.
 —Y de verdad fui una bruta por no hacerlo… me dejé llevar por lo que estaba viviendo ahí y…
 —Y te olvidaste de mí.
 —No —dijo firme y sin pensarlo—. Nunca me olvidé de ti. Cometí un error por no buscarte antes, es solo que he estado viajando mucho… ¡pero mira esto! Apenas puse un pie en esta ciudad te llamé. Eso debe valer varios puntos, ¿no?
 —Esta cena definitivamente los vale. —La mesera se acercó de nuevo a solicitar su orden, dándole tiempo a Kay de controlar sus latidos después de lo que le había dicho a su amiga.
 —Entonces… —Marsel llamó su atención en cuanto se quedaron solas de nuevo—. ¿Qué tal tu nuevo trabajo?
 —¡Uff! Fantástico. Todo el material sobre criminología clínica vale cada dólar que le he cobrado al gobierno por mi asesoría. Deberías venir al diplomado que abriré.

—Me encantaría pero no puedo desaparecer tantas horas de mi trabajo. Aunque me han servido mucho tus consejos…
 —¿Mis consejos?

—De tus libros…
 —¿Leíste mis libros?

—¡Pues claro que sí! ¿Por qué crees que soy tan buena en lo que hago? Leí cada uno de tus cinco libros. —En cuanto Marsel dijo eso, Kay se sintió terriblemente halagada por esas palabras, haciendo que se arrepintiera por desaparecer de la vida de su amiga. ¿Cuántas cosas más hubieran compartido durante todos esos años si ella no se hubiera alejado así?—. ¿Qué sucede? —preguntó Marsel en un susurro.

—Nada… solo… no sé qué decir… yo sabía que la gente compraba mis libros pero nunca te imaginé… —Su cara ardía.
 —Kay… yo tampoco me olvidé de ti.

Continuará…

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