⚡De nuevo tú

Capítulo cuatro

Kayri nunca pensó estar así con Marsel. Durante sus años en la universidad la chica se había negado una y otra vez a hacer eso, por lo que cuando se lo propuso esa tarde jamás creyó que Marsel accedería.

En realidad lo había pensado como una broma, pero Marsel había aceptado casi de inmediato, haciendo que Kayri se diera cuenta de lo importante que era para su amiga contar con su ayuda en ese caso.

Por un momento tuvo el impulso de decirle que no era necesario que lo hicieran, pero luego pensó que no podía desaprovechar esa oportunidad.
 —Esto… nunca estuvo en mis planes —susurró Marsel mirándola a los ojos y abrazándola por el cuello—. Creí que me cobrarías tus servicios de otra manera.

—Sabes que siempre quise que hiciéramos esto… Solo debes cerrar los ojos. Será rápido, no sentirás nada. —Kayri sujetó más fuerte a su amiga, que no pudo evitar soltar un gemido.
 —De acuerdo… despacio ¿sí?
 —Tranquila, solo déjame asegurar bien esto…  —Se acomodó muy bien el arnés y abrazó de nuevo a Marsel—. Contaré hasta tres, ¿de acuerdo? Uno… dos…
 Kayri empujó a Marsel para caer en picada hacia el vacío. Sintió a su amiga abrazarla con todas sus fuerzas y escuchó su grito mientras ella reía por las cosquillas en su estómago.

Siempre le había encantado saltar del bungee y aunque años atrás le había rogado a Marsel que saltara con ella, la chica nunca había querido. Sin embargo, ahí estaban rebotando en el aire, con las tripas en la garganta.
 —¡Eso fue horrible! —dijo su amiga cuando los tipos del bungee las auxiliaron para soltarles las correas.
 —¡¿Horrible?! ¡Es lo más emocionante de la vida!
 —¡Estás loca!
 Marsel empezó a dar grandes zancadas para salir del parque extremo.
 —Vamos, no fue para tanto… ¿Marsel? —Su amiga la miró de reojo y le sonrió.

—No me obligues a hacerlo de nuevo, ¿vale? Sentí que se me salía todo por la boca.
 —Eso pasa la primera vez pero luego solo queda la diversión. La próxima…
 —¡Ay, no! 

Kay soltó una carcajada al ver la cara de terror de Marsel.
 —Tranquila, la próxima saltaré sola, tú puedes esperarme abajo en el área de niños llorones.
 Marsel le sacó la lengua y luego se colgó de su brazo para salir de ahí juntas.
 —Nunca entendí tu afición por las emociones fuertes.
 —Me gusta la adrenalina.
 —¿A tu última novia también le gustaba todo esto?
 —Ahm… —Kay titubeó un momento. No estaba acostumbrada a que Marsel le hiciera esas preguntas—. Sí, le gustaba mucho todo esto.
 —¿Y porqué no funcionaron las cosas?
 —Esa es una excelente pregunta…  —Habían llegado a la camioneta de Marsel—. Creo que lo nuestro nunca fue demasiado serio en realidad.
 Cuando subieron al vehículo, Marsel la observó en silencio un momento.
 —¿Nunca has sentido una conexión especial con alguna chica?

Su estómago hizo lo mismo que en el bungee cuando su mirada se cruzó con la de Marsel. Sí, había sentido esa conexión muchos años atrás con ella, aunque en realidad solo se tratara de un sentimiento unilateral.
 —No —mintió—. Nunca he sentido algo extraordinario por nadie. ¿Y tú?
 Marsel titubeó unos segundos, con una expresión nerviosa.
 —Ahmm… creo que… en realidad… —Un teléfono empezó a sonar, haciendo que la chica buscara en su bolso—. Perdón, debo responder… Hola… —dijo Marsel pegando el celular a su oreja—. No, no te preocupes, iba a llamarte… Sí, estoy libre el viernes… —Kay miró de reojo a su amiga, que estaba muy roja—. Me encantaría pero… —La chica la observó dos segundos y luego giró levemente el cuerpo hacia el otro lado, como si quisiera privacidad. Kay se sintió repentinamente incómoda, como una intrusa escuchando algo que no debía—. ¿Puedo devolverte la llamada más tarde? —Y colgó—. Lo siento… era del trabajo.
 Kay levantó una ceja.
 —Eso no sonó a trabajo…
 —Sí, sí, lo fue… solo es… este chico…
 —No es necesario que me cuentes —dijo Kay mirando por la ventana.
 —¿Por qué no? Eres mi amiga.

«Amiga». Kay sintió un odio repentino por esa palabra en la boca de Marsel. Fue como una cachetada, un recordatorio del lugar que tenía en la vida de aquella mujer. Luego pensó que no tenía ninguna razón real para sentirse así. Siempre habían sido amigas y seguramente lo serían por mucho tiempo más.

—Entonces cuéntame… 

—Pues… Augusto es un compañero de la oficina y… hemos salido un par de veces.
 —Bien.
 —¿Solo eso dirás?

—¿Qué debo decir? —soltó con más desdén del que debía—. O sea… ¿tú quieres salir con él? —preguntó suavizando el tono de su voz.
 Marsel sonrió mientras encendía la camioneta.
 —Creo que en realidad no sé lo que quiero. 


Kayri se había mantenido encerrada esos dos días teniendo reuniones por zoom, dando los últimos retoques a los temas de su diplomado y  leyendo el expediente que su amiga le había entregado. En el fondo estaba totalmente agradecida por tener tanto trabajo, así podía dejar de pensar en tonterías, como por ejemplo, la cita que Marsel tenía en ese instante.

Había algo oscuro y doloroso creciendo en su pecho por la llamada que Marsel había atendido en el auto. Cuando estuvieron juntas en la universidad, Kayri siempre respetó el noviazgo que su amiga tenía en ese momento, aunque moría de ganas por ser ella su pareja, nunca intervino en esa relación ni se aprovechó de la confianza que Marsel había puesto en ella.

Incluso prefirió actuar con prudencia cuando supo que Samuel, el novio de Marsel en ese entonces, le había sido infiel a la chica. No le echó más leña al fuego, sino que se limitó a decir lo que sabía y respetó la petición de Marsel de mantenerse alejada mientras ella solucionaba eso. 

Tumbada sobre la cama, recordó la última salida juntas. Habían decidido ir al cine y luego habían caminado muchísimo para encontrar un puesto de hot dogs abierto a esa hora. Ahí a medianoche, sentadas en el parque central, habían hablado de mil cosas mientras cenaban. Y como a Marsel aún le faltaba cursar un año, las amigas habían acordado que Kayri iría de visita con frecuencia. De verdad tenía la intención de hacerlo… pero aquella noche se enteró que Marsel había decidido perdonar a su novio y regresar con él. Había sentido una puñalada en el corazón cuando, al terminar la velada, Marsel le había pedido que la llevara al departamento de su novio, pues pasaría ahí la noche.

Pocos días después de eso, sin pensarlo demasiado, había aceptado una beca para una maestría en Argentina, quedando aquella noche de cine como la última ocasión que estuvieron juntas.

Al marcharse se había sumergido en su carrera, ignorando cada día más a Marsel y sus intentos por mantener abierta la comunicación. Al regresar al país tres años después, su pretexto había sido el trabajo, logrando así que Marsel quedara en el olvido.

Se estiró sobre la cama y se mantuvo contemplando el techo pensando qué tan cierto era eso. Porque en cuanto llegó a Ciudad Montejo lo primero que hizo fue llamarle a Marsel, fue correr a ella de nuevo. ¿De verdad había superado aquel amor? ¿O eso oscuro y doloroso que sentía por imaginar a Marsel con otra persona era el indicador de algo más?

En esos diez años había tenido varias relaciones, aunque era cierto que no eran tan importantes para ella. Nunca había pensado en establecerse en ninguna ciudad con ninguna de sus ex, mientras que en ese momento no podía pensar en otro lugar tan perfecto para vivir como ese sitio. ¿Era por el lugar o por Marsel?

Regresó su atención a los documentos entre sus manos, queriendo apartar de nuevo cualquier pensamiento que no fuera trabajo. El plan era estar en Ciudad Montejo solo cuatro meses, los mismo que duraban las asesorías al gobierno y el diplomado que daría a las fuerzas de seguridad. Su agenda estaba llena por los siguientes dos años. Solicitada en varios países e instituciones, tenía todo el mundo para elegir un nuevo destino… y sin embargo…
 Dio un salto cuando los golpes en la puerta sonaron. Según su reloj eran las 9 de la noche. Se acomodó la ropa y fue hacia la entrada, solo para quedar sorprendida al descubrir a la persona ahí.
 —¿Q-qué haces aquí?
 —¿Así recibes a tus visitas?
 —Perdón… —dijo con una sonrisa—. Es que… creí que estabas en una cita.
 Marsel arrugó el gesto y entró a la habitación.
 —La cancelé. No tenía nada de ganas de salir.
 —Pero estás aquí…
 —Sí, es que… —Marsel apretó los labios.
 —¿Qué sucede?
 —Vine a… ahm... Necesito que hablemos.
 —¿Sobre qué?
 La chica tenía las mejillas rojas.
 —Amor…
  

 Continuará…

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