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⚡Quiso meterme a su cama
Cerveza, putazos y denuncias
A veces la vida te pone a prueba y tienes que decidir entre ser una buena amiga o irte a casa con una chica que te gusta y hacer cosas con ella, ya me entiendes.
Cuando era joven y estúpida, tenía muchas amigas igual de jóvenes y estúpidas.
Pero una de ellas era la peor y por eso era mi mejor amiga (y gracias a ella tengo mil anécdotas para esta newsletter).
En una ocasión me llamó para decirme que estaba en el mejor antro de la ciudad y que tenía que ir o me arrepentiría. Pero cuando llegué, descubrí que era la fiesta de cumpleaños de una chica súper guapa que me gustaba muchísimo aunque no éramos amigas ni nada.
Resulta que mi amiga se había colado a la fiesta y como sabía que si me decía la verdad yo no iría, pues me mintió.
Pero la cosa no acabó ahí…
Mi amiga loca siempre se ha creído el alma de la fiesta y empezó a hacer cosas de esas que ella solía hacer (y todavía las hace).
Pidió muchísimas bebidas y empezó a armar juegos para ver quién aguantaba más.
Todos bebieron con popotes de una sola mega jarra de cerveza…
Y mientras más juegos hacía, ella era la que más tomaba.
Me sentí muy apenada cuando empezó a bailar en un tubo y luego a bailarle a la festejada (la que me gustaba).
Entonces me acerqué a la chica y le confesé la verdad. Le dije que nos habíamos colado y que en ese momento sacaría a mi amiga ebria de ahí y nos iríamos junto con nuestra dignidad.
Para mi sorpresa ella me pidió que nos quedáramos y se pasó el resto de la noche platicando conmigo. Ahí olvidé a mi amiga por un par de horas. Ella siguió en lo suyo, saltando de mesa en mesa y luego vomitó en el baño.
Cuando la noche empezaba a convertirse en día, la festejada me preguntó si quería acompañarla a su casa… obvio quería, iba a decir que sí. Pero ví a mi amiga siendo arrastrada desde el baño hacia la pista en total estado de muerte etílica.
Ahí mis ganas de pasar la noche con la chica hermosa se le fueron encima a mis ganas de ayudar a mi amiga y mantenerla a salvo. Fue una batalla mental.
Mi amiga ebria indecente me necesitaba. Así que con todo el dolor de mi corazón la jalé del calzón y la saqué de ahí casi sobre mis hombros. (Estuvimos a punto de rodar bajando las escaleras).
Cuando salí, miré hacia arriba, donde la festejada me observaba desde el balcón. Le dije adiós con la mano y me odié por ser una estúpida buena amiga.
Le rogué a un taxista que nos llevara a casa (en ese entonces no existía uber ni nada de eso) y arrojé a mi amiga peda al asiento trasero junto con una bolsa que nos dio el conductor, con la amenaza de que si vomitaba tendríamos que pagarle dos días de trabajo pues era lo que necesitaría para limpiar su auto.
Mi amiga ebria aguantó y llegamos a mi casa, donde pasó la noche tirada en mi sofá. Yo no dormí pensando en la festejada y la oportunidad que se me había ido de las manos.
Y la verdad medio odié a mi amiga ebria por varias semanas, hasta qué… nos llegó el chisme de que la festejada se había llevado a otra chica a casa, donde sus padres las habían sorprendido en el acto y se habían armado los putazos.
La acompañante estaba siendo denunciada por no sé qué cosas y todo pintaba mal.
Ahora esa anécdota es una de las favoritas de mi amiga ebria y, aunque cada vez que la cuenta es más exagerada, creo que es una buena historia. Una que me enseñó que siempre debemos ser buenas amigas y nunca dejar a ninguna borracha atrás, ni porque una chica guapísima nos quiera en su cama.
Al final hacer lo correcto siempre nos traerá cosas buenas, por ejemplo, aquella noche me salvé de unos buenos putazos y una posible denuncia.
¡Te escribo mañana!
P.D. Cuéntame esa vez en que tu amiga ebria te metió en problemas… Leo todos los correos, el chisme es mi pasión.
P.D.2. MAÑANA llega eso que tanto quieres… Si eres nueva, puedes leer los primeros capítulos de la historia De nuevo tú en este enlace , es gratis.