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⚡Cap. 5 El Pulso del Corazón
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El pulso del Corazón
Capítulo 5
Cuando Gal eligió estudiar medicina, sabía muy bien lo que eso significaba. Sabía que debía pensar rápido y actuar aún con más velocidad cuando la hora de salvar una vida se presentara.
Pero en ese momento, en ese pasillo, todo era caos. 15 minutos atrás habían avisado sobre un accidente con varios lesionados. Y cuando la primera ambulancia llegó, todos empezaron a correr.
Todas las manos fueron requeridas, y Gal se encontraba inclinada sobre una mujer que lloraba mientras el equipo médico intentaba controlar sus hemorragias.
Ella daba indicaciones con voz firme. Su cabeza estaba totalmente concentrada en hacer las cosas lo más perfectas posible. Ese caos, ese estrés, le resultaba extrañamente gratificante. Le gustaba sentir el control en esos momentos.
Sin embargo, cuando una voz conocida llegó hasta ella, no pudo evitar mirar hacia atrás. Ana estaba recibiendo a un niño que estaba inconsciente sobre una camilla. Varios enfermeros corrían a su lado, mientras Ana daba indicaciones y llevaba al niño a cirugía.
Gal la vio desaparecer por el pasillo y por un momento recordó la cena que habían compartido. Sin proponérselo esbozó una sonrisa, y luego sintió que concentrarse de nuevo le había costado un poco más de lo habitual.
Fue un día duro, Gal pensó varias horas después, cuando se lavaba las manos para ir a tomar un café. Habían sido 15 lesionados los que habían llegado. Algunos de ellos ya estaban estables y otros aún estaban en cirugías de emergencia. Pero su trabajo ya estaba hecho.
Willy levantó la mano en cuanto la vio buscando una mesa donde sentarse a disfrutar de su café.
—¿Qué tal va todo? —le preguntó a su amigo.
—Todo bien ahora que por fin pude comer algo. Fue un día muy caótico —dijo Willy al mismo tiempo que levantaba otra vez la mano para llamar a alguien. Ramirez se acercó.
Gal sabía que ese médico también formaba parte del equipo de cirujanos donde también se encontraba Ana.
—Ufff, estoy molido —dijo Ramirez dejándose caer en la silla.
—¿Terminaron las cirugías? —le preguntó Willy al recién llegado.
—Si, todas. Teníamos 4 quirófanos ocupados.
—¿Y qué tal? —preguntó Gal, algo nerviosa por tener noticias de Ana, pero incapaz de preguntar directamente.
—Pues… perdimos a 3.
Gal asintió mientras dejaba de escuchar lo demás. De 15 lesionados, 3 no habían sobrevivido. Le pareció un porcentaje aceptable dado el estado de gravedad de las heridas.
—¡No me digas! —La voz de Willy hizo que Gal regresara a la conversación.
—Sí, sí. Fue muy duro. Le hemos dicho a Ana que no ha sido culpa suya, pero ella ha tenido que informarles a los padres.
—¿Qué le pasó a Ana? —preguntó ella sintiendo las palabras salir disparadas de su boca.
—Ha perdido a un paciente en cirugía. El niño… Médicamente no había forma de salvarlo pero la vi bastante contrariada.
Willy la miró a los ojos y ella no supo qué significaba esa mirada. Pero tampoco le importaba. Lo único en su mente, era Ana. Sin pensarlo demasiado, agarró su café y salió deprisa de ahí.
Primero fue al área de cirugía, pero Ana no estaba ahí. Luego, pasó a la sala de descanso y deambuló por varios pasillos sin encontrarla. Hasta que vio la puerta de entrada principal y recordó el jardín.
Encontró a Ana sentada en aquella banca donde habían compartido una conversación. La doctora tenía la vista clavada en el suelo y permanecía inmóvil.
Sin saber qué decir, se sentó a su lado. Solo miraba al frente mientras sentía el calor del cuerpo de Ana junto al suyo. Lentamente, extendió la mano para ofrecerle su café y sintió la mano de Ana tocar brevemente la suya para aceptar el vaso. Después de un par de minutos en silencio, la doctora habló:
—Gracias por el café.
Fue entonces que Gal giró la cabeza para encontrar los ojos verdes de Ana sobre ella.
—Sabes que no fue tu culpa.
—Es lo que todos dicen.
—Entonces deberías creerlo.
—Era solo un niño… —La voz de Ana se cortó ligeramente.
—Era una persona con lesiones graves. Hiciste tu trabajo.
—Si estás intentando hacerme sentir mejor, ahórrate el intento —dijo Ana con brusquedad para luego apretar los ojos y negar con la cabeza—. Perdón, no quise ser grosera.
—¿Es la primera vez que pierdes a alguien en cirugía?
—No.
—Entonces ¿cuál es el problema? Creo que estadísticamente podemos asumir que perder a 3 de 15 está bien.
—No Gal, no está bien. No eran números, eran personas.
—Personas gravemente heridas. Nuestro trabajo es hacer lo médicamente posible para ayudarlos. Los milagros no existen Ana, solo ciencia. No hiciste nada malo.
—Tenía la edad de mi sobrino —dijo entonces la doctora evitando su mirada—. Y antes de que me digas que ese niño no era mi sobrino, lo sé. Se que no era él pero…
Gal observó detenidamente a Ana. No sabía qué decirle. Ana había dicho que tenía claro que ese niño no era su sobrino… Y Gal no entendía como sabiendo eso, Ana aún parecía tan afectada.
Intentando controlarse para que no se notaran sus repentinos temblores, estiró la mano hasta ponerla encima de la de Ana.
—Estoy segura que hiciste todo lo que pudiste.
La mano de Ana giró para sujetar mejor la suya. Gal sintió su estómago hacer algo que la sacudió por dentro. En su mente, algo gritaba que retirara la mano, pero fue incapaz de moverse. Ana seguía mirándola y Gal tuvo miedo de que la doctora pudiera notar el caos dentro de ella. Mantuvo la cara inexpresiva y sostuvo la mirada de Ana.
—Viniste a buscarme…
Gal asintió lento y dijo:
—Pensé que tal vez querías café.
Ana sonrió, haciendo que Gal también lo hiciera.
—Sí Gal, tenía muchas ganas de este café —dijo la doctora soltando sus manos unidas, para luego abrazarla del brazo y acomodar la cabeza sobre el hombro de Gal.
Ella no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Sintió su cuerpo tensarse ante tanta proximidad humana y se preguntó si sentiría lo mismo con otra persona.
Como no sabía qué hacer, prefirió no moverse. Y ahí en silencio, con esa mujer acomodaba contra ella, Gal pensó que tal vez eso era tan satisfactorio cmo leer un libro de cardiología.
_____
Abrió su refrigerador para buscar algo para cenar. Se sentía muy cansada como para salir de casa, así que se alegró cuando vio un recipiente de plástico con sobras de alguna cena pasada. Calentó todo en el microondas y se sentó a comer mientras con una mano deslizaba las páginas de un libro.
Estaba tan concentrada en lo que hacía, que no escuchó los golpes en su puerta hasta que fueron bastante insistentes. Alarmada, usó la mirilla para ver quien era, encontrando la cara distorsionada de Willy a través del pequeño cristal.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó a su amigo cuando abrió.
—¿Por qué no me sorprende encontrarte con tu ropa de vagabunda? —dijo irónicamente el doctor entrando sin esperar invitación—. Vamos, vengo a sacarte de tu cueva.
—¿Qué? No quiero, estoy cenando.
Su amigo miró su plato de comida con asco.
—¿De hace cuántos meses es esa comida? —Pero no esperó una respuesta—. Ramirez nos está esperando en una fiesta. Así que ponte lo más decente que tengas y vamos a conseguir chicas.
—No quiero conseguir chicas.
—Por favor Gal, debes liberar tanta tensión sexual.
—No siento tensión sexual….
—¿Si no es con Ana?
—Cállate —dijo esquivando a su amigo para volver a su lugar en el sofá. Willy se sentó a su lado.
—Oye, está bien sentir algo por Ana. Lo malo es que dudo que pienses hacer algo al respecto… —Su amigo levantó una ceja.
—¿Qué?
—¿Piensas hacer algo al respecto?
—Claro que no. Ya te dije que no siento nada, así que no hay nada que deba hacer.
—¿En serio crees que puedes engañarme?
Gal negó con la cabeza.
—Solo me agrada como doctora. Además…
—¿Además…?
Gal suspiró.
—Ni siquiera sé si ella estaría remotamente interesada en mí. Tal vez solo sale con chicos.
—Bueno, eso tienes que averiguarlo.
—¿Y cómo haría eso?
—Puedes darle a elegir entre un plátano y una papaya, y ver qué escoge —dijo su amigo riendo.
—Eres un imbécil.
—¿Por qué no le preguntas?
—¡¿Cómo crees que haría eso?!
—Así, tal cual me preguntarías a mi si me interesan los hombres o las mujeres.
—No es lo mismo.
—¿Ves? ¿Y te atreves a negar que sientes algo por ella?
Gal volvió a suspirar.
—No sería práctico complicarme la vida.
—Explícame exactamente cómo salir con Ana te complicaría la vida.
—Primero me haría perder la concentración. Me la pasaría con ella todo el tiempo libre y sabes que eso bajaría mi ritmo de estudio. Además…
—¡Ah ya cállate! —La interrumpió su amigo—. Vete a poner ropa decente y vámonos.
—Ya te dije que no iré.
—¿Por qué eres tan terca?
—¿Por qué quieres llevarme?
—Porque no está bien que tu vida sea solo ir al hospital. Tienes 27 años y eres tan torpe socialmente que en serio me preocupa tu vida sexual.
—Mi vida sexual está bien.
—¿En serio? ¿Cuándo fue la última vez que te acostaste con alguna chica?
—Ahm… —Gal frunció el ceño—. Tal vez hace 1 año…
—Yo te lo diré. Fue hace 2 años, 4 meses y 17 días, en mi fiesta de cumpleaños a la que fuiste obligada y solo Dios sabe cómo rayos pasó, ya que estuviste en un rincón todo el tiempo enojada porque no te dejé leer en la fiesta.
—Mmm, puede ser.
—Gal, necesitas vivir.
—Lo pensaré.
—¿Y si invito a Ana? —dijo su amigo con una enorme sonrisa—- ¿Irías?
—¿Qué?
Willy ya tenía el teléfono en una mano. Gal intentó arrebatárselo pero su amigo se alejó mientras el timbre sonaba en el altavoz.
—Hola —dijo una voz que Gal reconoció de inmediato.
—Hola doctora, ¿cómo estás?
—Ah, hola Willy… Bien…
—Oye, ¿estás ocupada esta noche?
—En realidad estaba pensando en descansar…
—Si bueno, eso lo puedes hacer luego… —Gal se lanzó contra Willy, cayendo los dos al suelo—. Estaba pensando que tal vez te gustaría acompañarnos a una fiesta —dijo Willy casi gritando al teléfono que había rodado sobre la alfombra.
Gal vio a su amigo pararse rápido y levantar el celular.
—¿Acompañarlos? ¿A ti y a quien más?
—Gal, por supuesto…
Se quedó inmóvil al escuchar eso. Sus piernas temblaron y su cara empezó a arder. El sonido de una risa le hizo puré el cerebro.
—¿Ella está ahí contigo?
—Efectivamente.
—¿Y en serio quiere ir a una fiesta?
—Por supuesto que no. Por eso te llamo, eres la caballería pesada.
Gal se lanzó de nuevo sobre su amigo y le arrebató el celular.
—Ana… —dijo con voz ronca.
—Hola, Gal —dijo la doctora y aunque no podía verla, Gal supo que estaba sonriendo.
—Ahm… no le hagas caso, está diciendo tonterías.
—¿Cuál es la tontería? ¿La parte de tú en una fiesta o la parte donde te acompaño a esa fiesta?
—Ahm… ¿me lo repites?
Ana soltó otra carcajada antes de volver a hablar.
—Con gusto te acompaño, ¿quieres?
Gal miró la sonrisa traviesa de Willy, así que giró el cuerpo en busca de algo de privacidad. Su corazón golpeaba muy fuerte, sus piernas temblaban más que nunca y su cara estaba en llamas.
—S-solo si de verdad quieres ir. Porque si prefieres descansar…
—No. Quiero ir a la fiesta. —La interrumpió Ana.
—Mándame tu ubicación y pasamos por ti en media hora—gritó Willy detrás de ella.
—Bien —dijo Ana—. Gal…
—¿Sí?
—Te veo en un rato.
Cuando la llamada se cortó, Gal sintió a Willy empujándola.
—Apúrate, Romeo. Ponte algo que impacte a Julieta.
Bastante aturdida. Gal entró a su habitación pensando en que aquello sonaba como una muy mala idea. Y no entendía porqué a pesar de eso, tenía tantas ganas de salir esa noche.
P.d. Espera el siguiente capítulo el próximo viernes.
Pd.2. Responde este correo y dime qué te parece esta historia y qué tanto sexo soportarías en ella. (Espero que esto no lo lea tu mamá).
Pd3. Esto es para Ingrid, mi fan número 1 (que espera pacientemente cada viernes a recibir esto en su correo, aún sabiendo dónde encontrar estos capítulos con días de anticipación): Te amo ❤️
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