- nallemendez.com
- Posts
- ⚡Cap. 32 |El Pulso del Corazón
⚡Cap. 32 |El Pulso del Corazón
❤️
Gracias por tu paciencia.
Apenas me acabo de dar cuenta que ya es viernes… más bien, ya es la madrugada del sábado.
El Pulso del Corazón
Capítulo 32
Gal pasó los siguientes días intentando ocultar la molestia que sentía después de ver a su suegro. Sobre todo, intentaba que Ana no se diera cuenta de su mal humor. Y es que Gal no entendía como un padre podía desprenderse así de su hija.
Entonces pensó en sus propios padres, que la dejaban sola durante semanas para irse de expedición. Gal miró por la ventana de su oficina pensando si la paternidad era así por naturaleza. ¿Era normal eso en una familia? Aparentemente la familia de Ana y la suya no tenían mucho en común, pero esos días Gal había descubierto que estaba en un error. Ese pensamiento la angustiaba un poco, ella no quería formar una familia si las cosas serían así. No quería imponer su voluntad a sus futuros hijos y tampoco quería obligarlos a seguir un camino elegido por ella. ¿Eso estaba permitido? ¿O acaso todos los padres y madres acababan transformándose en verdugos de sus hijos?
Gal giró la cabeza cuando escuchó la puerta abriéndose. Una hermosa doctora se acercó a ella y la besó.
—Tengo una mala noticia… —susurró Ana contra sus labios. Gal levantó una ceja y esperó—. Jenn me pidió que durmiera en su casa esta noche.
—¿Está viva? Creí que después de su despedida de soltera aún estaría inconsciente.
Ana soltó una carcajada recordando la despedida que, por un milagro, había logrado organizarle a su mejor amiga en tiempo récord.
—Debes admitir que estuvo muy divertida.
—La broma que le hiciste con la botarga cubierta de chocolate estuvo muy buena, lo admito.
—Ella dijo que quería un hombre cubierto de chocolate. Yo solo improvisé un poco —dijo Ana con cara de inocencia—. ¿Entonces?
—¿Entonces qué?
—¿Estarás bien si me quedo a dormir en casa de Jenn hoy?
—Por supuesto que sí, soy una niña grande.
Ana le dio otro beso.
—Puedes llevarme a su casa y quedarte con el auto. Así mañana no llegarás tarde a la boda y Jenn no te matará.
—Es una gran idea.
—¿Qué te pasa?
Gal observó un momento a Ana.
—¿A mi? Nada, ¿por qué?
—Estás rara.
—Solo pensaba en cosas.
—¿De trabajo? —Ana la abrazó por el cuello—. ¿De mí? ¿De alguna otra chica?
Gal sonrió y acarició el cabello de su hermosa mujer.
—La única mujer que domina mi mente eres tú.
—¡Ah qué romántica! —gritó Willy, parado en la puerta.
Gal negó con la cabeza.
—¿Por qué siempre entras sin tocar la puerta?
—Como si estuvieras haciendo algo…. —Willy lo pensó un poco—. Carajo, ya no puedo aplicar esa frase contigo. Ya tienes con quien encerrarte a hacer cochinadas.
—¿Qué quieres?
—Es mi culpa —dijo Ana riendo.
—Tu querida esposa me dijo que hoy estarías libre así que pensé que podría darte la oportunidad de acompañarme a un lugar…
—No, gracias.
—Un lugar sin mujeres desnudas, te lo juro.
—Él de verdad necesita tu ayuda —susurró Ana.
—¿A dónde quieres ir? —le preguntó ella a su amigo.
—Ahm… Es…
—Quiere comprar un anillo de compromiso —lanzó Ana. Gal empezó a toser.
—¿Anillo… de…? —Gal se golpeó el pecho para dejar de toser—. ¿Estás loco?
—Lo dice la que se casó a los meses de empezar su relación.
—¿En serio piensas casarte? ¿Tú? ¿Qué pasará con las demás mujeres del mundo? —bromeó Gal.
Willy se rascó la cabeza.
—Bueno… Verás… Es que… —La cara de su amigo estaba muy roja. Gal miró a Ana que intentaba contener una carcajada.
—¿Qué ocurre? —le preguntó a su esposa.
Ana ya no pudo más y estalló en risas mientras decía:
—Verónica se niega a acostarse con él antes del matrimonio.
—¡No lo digas así! —reclamó su amigo.
—¿Y por eso vas a casarte? ¿Por conseguir una noche con ella?
—No, no, no… Bueno sí —dijo Willy totalmente rojo—. ¡Pero esa no es la única razón!
—¿Cuál es la otra? —interrogó Ana sentándose sobre el escritorio mientras Gal se apoyó junto a ella y se cruzó de brazos para escuchar la explicación de Willy.
—Es… Ella es… Y no digo que ustedes no lo seas también pero… Verónica es la mujer más hermosa del universo y… yo… pienso…
—¡Ya dilo!
—¡Estoy enamorado!
Gal abrió los ojos y la boca al escuchar eso y vio que Ana tenía esa misma expresión. Regresó la atención a su amigo, que miraba el suelo. Gal se acercó al apuesto doctor y le puso una mano en la frente.
—¿Estás muriendo?
—Creo que sí. Gal, esto no es normal. Cuando hablo con ella o cuando le mando mensajes o cuando salimos, me siento tan patético como tú tartamudeando al hablar con Ana.
—Yo no era patética…
—Y cuando dijo que no tendría sexo antes de casarse yo solo sentí envidia por el imbécil que se casara con ella y despertara a su lado. Luego me di cuenta que yo podría ser ese imbécil y… —Su amigo se inclinó y apoyó las manos en las rodillas como si le costara respirar.
Gal empezó a reír.
—Estás tan jodido.
—¿Ves? Te dije que debías acompañarlo —dijo Ana riendo también.
—¿Quieres que te lleve ya a casa de Jenn?
—Quiero… —Ana acercó su boca a su oreja para susurrar—: Que me lleves a casa a recoger mi vestido para mañana, me hagas el amor y luego me lleves a casa de Jenn.
Gal apretó los labios para intentar aguantar la sonrisa que quiso salir. Sentía la cara ardiendo y el gesto coqueto de Ana no ayudó mucho en su intento por controlar sus hormonas. Carraspeó.
—Bien. Willy, paso por ti en una hora…
—Dos horas —murmuró Ana detrás de ella.
—Dos horas para acompañarte al sexo. ¡No! ¡Anillo, vamos por el anillo!
Gal lanzó algunas cosas al cajón, agarró su mochila y tomó la mano de Ana.
—¿En serio me dejarán aquí? —protestó Willy con la cara roja.
—Paso por ti a tu departamento en dos horas. Ana y yo debemos revisar unas cosas antes —dijo Gal mientras se alejaba.
—¡No soy sordo! ¡Sé que iran a tener sexo! ¡Gal! ¡Ana! ¡No me ignoren!
****
Jenn gritaba al teléfono mientras Ana comía palomitas sobre la cama de su amiga, que llevaba diez minutos con una crisis nerviosa mientras hablaba con Pierrot.
—¡Cancelaré todo! —gritó Jenn al cortar la llamada.
—¿Qué pasó? —preguntó Ana buscando una película entre el catálogo de mil millones de películas de esa plataforma de streaming.
—¡Que todo es un desastre! ¡Le dije a Pierrot! ¡Le dije!
—¿Qué es un desastre? —Ana empezó a leer la sinopsis de una absurda comedia romántica.
—¡Todo! ¡Cancelaré todo! ¡Mi vestido es… ! ¡Y el color de las flores…! ¡La banda es…! ¡Y mañana será luna llena! ¡Llena, Ana!
Con tranquilidad, Ana sacó el estetoscopio de la maleta que había llevado.
—Cierra la boca un momento. —Ana empezó a escuchar el corazón de su amiga y luego le tomó la presión—. Ya comiste algo hoy, ¿verdad?
—He tragado como una tonelada de porquerías hoy. No sé qué me pasa.
—Uhm, es un gran misterio. —Ana sacó unos tranquilizantes de su mochila y se los dio a Jenn—. Toma esto.
—No, no. Tú crees que estoy nerviosa. De verdad es triste ver como muchas novias pierden la cabeza horas antes de su boda pero eso no me pasará a mi. No, no, para nada —dijo Jenn metiendo las pastillas hasta el fondo de su garganta.
—Es gratificante ver cómo manejas la situación. —Ana regresó a su tarea de leer la sinopsis.
—¿Quieres dejar de hacer eso?
—¿Qué cosa?
—De comer palomitas y buscar películas. ¡Estoy en crisis!
—¿Tú?
—Yo quería quedarme en mi departamento con Santiago pero mi madre dijo que sería mucho más lindo que me alistara aquí en casa. Pero yo no… ¿Y si Santiago no llega? Debo estar con él para…
—Mi hermano llegará. No es tan tonto como para dejarte plantada. ¿Ya te viste? Yo no sé qué hizo ese tarado para que una mujer tan hermosa como tú se fijara en él. Así que créeme, llegará y todo saldrá perfecto.
—¿De verdad lo crees?
—Tu boda será increíble y la gente hablará de ella hasta el día de su muerte. Ahora, ¿qué te parece si te sientas junto a mí a comer palomitas y a ver esa película ridícula que acabo de elegir para ti?
Jenn miró la pantalla frente a ella.
—Tú odias esas películas.
—Pero tú las amas.
Jenn descansó la cabeza en su hombro y empezó a comer palomitas mientras la película empezaba.
—Eres la mejor amiga del mundo. Perdón por apartarte de Gal esta noche.
—Es mi trabajo vigilar que no mueras de un ataque al corazón.
—No, ese es el trabajo de tu chica cardióloga. ¿Se quedó en casa?
Ana soltó una carcajada.
—Salió con Willy a comprar un anillo de compromiso.
—¡Pff! ¡Qué horror! ¿Qué le pasa a las personas con las bodas? ¡Todo el mundo quiere casarse!
—¿Recuerdas qué harás mañana?
—Así que… Willy será el siguiente. Espero que lleve a su chica mañana.
—¿Lo invitaste?
—Claro que sí. Es parte del equipo y tu padre lo odia tanto como a mí.
—Mi padre no te odia.
—Pero no está feliz conmigo. ¿Pero qué opción tenía? Entre Leopoldo o Ana Galindo, yo siempre elegiré a Ana.
Ana sonrió ante las palabras de su amiga.
—Le dije a Gal que quiero tener hijos.
Jenn se apartó un poco de ella y parpadeó muchas veces como si su cerebro tuviera un corto circuito.
—¿Y qué pasó? ¿Enloqueció?
Ana volvió a sonreír.
—Un poco. Pero luego… Gal es maravillosa y yo… sé que aún hay cosas que le duelen pero… espero que yo pueda ayudarle a sentirse mejor.
—Debe ser horrible no tener familia. Digo, a veces mi familia me vuelve loca pero… están ahí.
Ana miró la pantalla en silencio por varios segundos.
—Le dije que quería tener una gran familia con ella.
—Aww.
—Pero…
—Ay no. ¿Qué pasó? ¿Pelearon? ¿No estás segura de continuar casada con ella?
—¿Qué? —Ana soltó una carcajada—. No es eso. Es que… cuando me imagino esa vida…. siempre los veo a todos en ella. A nosotras, a ti, a mis hermanos y… a mis padres.
—¿Aún no hablas con ellos?
—Con mi mamá hablé hace un par de días. Dijo que estaba como loca haciendo no sé qué cosas con Angélica San Román y que luego me llamaría para ir por un café…
—¿Ves? Todo volverá a la normalidad. Solo dales tiempo. Incluso tu padre terminará por ceder.
—No estoy tan segura de eso.
Jenn la abrazó fuerte, aprisionando sus brazos.
—Escucha bien, Ana Galindo. Todos te amamos. Y si tu papá no está contigo en tu futura vida, nos tienes a los demás.
—Gracias —dijo Ana chocando su cabeza con la de Jenn.
—Y ahora cállate porque seguro viene la escena donde el galán se quita la camisa.
*****
Gal bajó del auto y se acomodó la elegante ropa que tenía encima, sintiendo un poco de incomodidad por su falta de costumbre a vestir así. Si alguien le preguntaba a cuántas bodas había asistido en su vida, ella contestaría que dos, incluida la suya. Gal tocó el timbre de la impresionante casa de Jenn y enseguida fue recibida por una mujer del servicio, que la hizo entrar rápido y corrió a seguir haciendo lo que hacía. Todos ahí parecían al borde del colapso, corriendo de aquí para allá, gritando y llevando cosas a los autos. Gal subió las escaleras hasta la habitación de Jenn, que estaba llena de personas que la habían ayudado con el peinado y maquillaje.
—Por fin llegas —dijo una voz al otro lado de la habitación y Gal dejó de respirar por varios segundos.
Siempre había pensado que Ana era portadora de la belleza absoluta pero en ese momento Gal estuvo segura que la hermosura de su esposa no tenía límites. Ana ya estaba lista, con un vestido espectacular y sus odas castañas cayendo por sus hombros.
—Gal está muy roja, ¿qué estará pensando? —dijo Jenn con una risita y Gal la notó por primera vez.
—Hola, Jenn. Te ves hermosa —le dijo a su amiga e inmediatamente regresó su mirada a su esposa, que se acercó a besarle los labios—. Y tú eres absolutamente bella —susurró.
—Esa es una afirmación muy osada, doctora —respondió Ana acariciando su mejilla y acercando su boca a su oreja—. ¿Sabes lo sexy que te ves con esa ropa? Quisiera estar a solas contigo…
Gal miró hacia otro lado pues estaba segura de que si miraba los ojos de Ana acabaría saltando encima de ella. Escuchó la risita de su esposa a su lado.
—¿Y… ya nos vamos?
—Sí. —Ana observó a su amiga, que en ese momento caminaba hacia la salida. Era hora de ir a la boda—. Ella irá en el auto con sus padres, así que necesito a alguien que me lleve. ¿Estás libre por casualdiad?
Gal sonrió y le ofreció su brazo a Ana para caminar detrás de Jenn. Gal no podía dejar de sonreír mientras caminaba junto a esa hermosa doctora. Muchas veces pensaba que esa vida era un sueño, que no podía existir tanta felicidad en el mundo. Pero ahí estaba abriendo la puerta a la chica que un día le había ofrecido un lugar en la mesa de la cafetería. Gal recordó esa primera charla con Ana mientras arrancaba el auto. Nunca hubiera imaginado que meses después estaría casada con ella. Pero ahí estaba Ana a su lado hablando sobre la crisis nerviosa de Jenn y sobre cómo había extrañado dormir junto a ella.
—A veces tengo miedo… —se le escapó cuando detuvo el auto en un semáforo. Levantó la vista hacia Ana, que tenía una mirada intensa.
—¿De qué?
—De… que esto se acabe. Nunca había sido feliz y… ahora siento que… un ser maligno me quitará todo y…
Pero Gal no pudo continuar porque Ana la había jalado y estaba besándola en ese momento.
—Ningún ser maligno me alejará de ti, Gal —susurró Ana contra sus labios—. Esto es real, es nuestro. Estamos juntas y así seguiremos. Deja de preocuparte, ¿si?
Gal recibió otro beso y asintió.
—Perdón por mi paranoia.
—Puedo entender porqué te sientes así —dijo Ana tomando la mano que tenía sobre la palanca—. Pero nada malo está pasando. Tú me amas, yo te amo, queremos construir una vida tranquila y una familia hermosa.
Gal no pudo evitar sonreír al escuchar eso.
—De acuerdo, trataré de controlar mi mente para no pensar en cosas trágicas.
—Creo que puedo ayudarte con eso. —Ana llevó la mano de Gal hacia su pierna, haciendo que Gal se sintiera nerviosa.
—Estoy conduciendo, Ana.
—Puedes hacerlo con una mano. Y con la otra…
Ana la guió hasta su entrepierna.
—Harás que detenga el auto y te arranque la ropa…
—Exacto. A partir de ahora cada vez que empieces a pensar en ese ser maligno, piensa en mi cuerpo desnudo…. En el calor que sientes al tocarme… En mis pechos… Y en tu lengua sobre mi…
—Ok, esto es imposible —interrumpió Gal parando el coche a un lado de la calle. Con rapidez se quitó el cinturón de seguridad y se lanzó a besar a su esposa, que empezó a reír.
—Gal, nos llevará la policía por hacer esto en la calle…
—No estoy haciendo nada… —dijo ella metiendo la mano bajo el vestido de Ana.
—De acuerdo, tendrá que ser rápido —jadeó Ana dejándose tocar.
****
Ana aún no sabía de qué forma los astros se habían alineado. Pero agradecía que lo hubieran hecho porque al menos pudo llegar a la boda de Jenn justo a tiempo. Cruzó una mirada con Gal, que aún tenía la cara roja. Ana se preguntó si a ella también se le notaría en la cara que acababa de tener un orgasmo en el auto. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un grito.
—¡Ahí estás! —Jenn agitaba la mano para apresurarla.
—Perdón, nos acorraló el tránsito de la tarde… —mintió dándole un beso fugaz a Gal como despedida. Su esposa entró a la iglesia para ocupar su lugar. Ella se agachó para acomodar el vestido de Jenn.
—Tienes el vestido girado… —le susurró Jenn cuando Ana se puso de pie.
—¿Qué?
—Date vuelta.
Ana le dio la espalda a Jenn, que le jaló la ropa sin piedad, casi haciéndole calzón chino.
—Calma, salvaje.
—¿El tránsito? Más bien parece que te atropelló un autobús llamado Gal —le susurró su amiga.
Ana le dedicó una sonrisa cómplice a su mejor amiga.
—¿Lista para casarte?
Jenn parpadeó varias veces y gritó:
—¡Oh, por Dios!
—No pierdas la cabeza, ¿de acuerdo? Piensa en todas las personas que hablarán de tu boda durante las próximas décadas. Debes lucir impecable.
—Bien. —Su amiga agitó los hombros como si se sacudiera el nerviosismo—. Hagamos surgir la envidia…
Ana rió una última vez antes de tomar su lugar justo delante de Jenn, para abrirle camino. La música empezó. Las damas y los pajes empezaron a caminar. Ana los siguió hasta el interior, que estaba perfectamente adornado con flores. Pudo ver varias caras conocidas, amigos en común de su familia y la de Jenn. Miró la alfombra bajo sus pies, el altar y a su hermano parado al frente. Notó la palidez de Santiago, que contrastaba con su sonrisa. Ana pensó que tal vez había sido una mala hermana. Tal vez debió ir también a verificar que Santiago estuviera calmado, o al menos debió ir para llenarlo de tranquilizantes. Amplió su sonrisa cuando sus ojos se cruzaron con los de Gal, que estaba parada junto a su hermana Amanda.
Ana adoraba la forma en que Gal la miraba. Su esposa, acostumbrada al silencio, gritaba con los ojos. Y Ana amaba escuchar la mirada de Gal. Se tragó un suspiro cuando Gal le sonrió de vuelta. Pensó mil veces «te amo con locura», esperando que Gal le leyera la mente.
Cuando llegó a su sitio y giró para observar a Jenn tomando la mano de Santiago, sus ojos encontraron a su padre. Leopoldo Galindo estaba de pie en primera fila, con su traje elegante e impecable. Ana podía jurar que su padre también la miró por un segundo, pero al parpadear sus ojos estaban fijos en los novios. Ana notó una breve pero muy dolorosa punzada en su pecho, y solo sintió consuelo cuando notó a su madre sonriéndole.
Entonces Ana descubrió que junto a sus padres estaba toda la familia San Román y eso le hizo pensar que al menos su papá no haría una escena durante la boda. Leopoldo Galindo no se arriesgaría a quedar mal frente a ellos. Regresó su atención hacia Jenn, pendiente de cualquier necesidad de su amiga. Pero aquella parecía estar flotando en las nubes. Cuando llegó el momento de jurarse amor eterno, Jenn empezó a llorar y Ana sacó el pañuelo que sabiamente había llevado para la ocasión. Con voces gangosas, su hermano y su mejor amiga juraron estar juntos en la salud y enfermedad. Ana quiso aplaudir y lanzar un grito cuando los declararon esposos, pero recordó que en ese lugar no podía hacer eso. Al terminar la ceremonia, Gal le tomó la mano para salir junto a ella.
La imaginación de Ana se había quedado corta cuando Jenn le dijo que quería transformar el salón en un castillo. Aquello era una cosa imposible de imaginar y Ana solo pensó en la cantidad de dinero que la familia de Jenn y la suya habían gastado en todo aquello.
—Estoy un poco asustada —dijo Gal a su lado mirando todo—. Seguimos en Ciudad Montejo, ¿verdad?
—Creo que nos transportaron a un cuento muy cursi de Disney —dijo Ana riendo.
—¡Carajo! —gritó alguien detrás. Ana volteó al reconocer la voz de Alejandra, que parecía asustada viendo la decoración.
—Shhh. —Cristina le pellizcó el brazo—. Debes comportarte.
Ana notó el momento exacto en que las San Román las descubrieron paradas frente a ellas.
—Hola, guapas —las saludó Alejandra dándoles un beso en la mejilla.
—Me pareció escuchar tu voz —dijo Ana tomándole el pelo a su amiga, que hizo una mueca de culpabilidad.
—Ella no es nada discreta —comentó Cristina también saludándolas con un beso.
Ana notó enseguida la incomodidad de Gal, que no estaba acostumbrada a un trato tan familiar con esas chicas y mucho menos a ser observada por todas las miradas que se clavaron en ellas en ese momento.
—No me esperaba tanta… decoración —admitió la San Román castaña bajando la voz.
—La boda de Jenn no podía ser de otra manera —aclaró Ana.
—Eso se ve rico. —Alejandra miraba los bocadillos que ya habían empezado a servir.
—Lleva dos días imaginando qué cosas comerá aquí —les dijo Cris negando con la cabeza. Entonces Ana vio que la princesa se detuvo a observar algo que estaba detrás de ella—. Tu padre nos mira, Ana. ¿Has hablado con él?
—No —dijo ella tratando de ocultar el pesar que sentía por ese hecho—. Ahm… Nuestra relación está en pausa en este momento.
—Oye… —Alejandra la rodeó con un brazo y la estrechó fuerte—. Verás que las cosas se arreglarán. ¿Te cuento un secreto? —Ana asintió y Alejandra se acercó a su oreja—. Durante mucho tiempo tuve una pésima relación con mi padre.
—¿En serio? Creí que eran cercanos.
—No —dijo Alejandra con una sonrisa melancólica—. No hablé con él durante años.
Ana sintió un mareo repentino al escuchar eso.
—¿Años? Pero… cuando murió…
—Ah, si. Ya nos habíamos reconciliado —dijo Alejandra como si aquello no le doliera en lo absoluto.
—Lo que Alejandra quiere decir es que solo debes ser paciente —le dijo Cris para consolarla.
—Justo eso —dijo Alejandra tomando un plato de la charola de un mesero—. ¿Quieren?
Gal negó con la cabeza y le tomó la mano otra vez. Ana le dirigió una sonrisa a su esposa antes de regresar su atención a las San Román.
—Creo que mi madre me busca —dijo Cristina viendo hacia la mesa donde su familia ya estaba instalada—. ¿Nos vemos más tarde en la pista de baile?
—Claro —dijo Gal.
—¿Bailas? —preguntó Alejandra.
—No —respondió Gal con una expresión que a Ana le hizo soltar una carcajada.
Se quedó ahí parada un momento más viendo como Cristina jalaba a Alejandra hasta la mesa de honor, donde estarían todos los San Román y los padres de los novios.
—Creo que debemos ir a nuestro lugar —dijo ella sin apartar la mirada de aquella mesa.
—¿Estás bien?
—Sí. Solo… —Ana bajó la mirada un momento—. No sabía eso sobre Alejandra. Debe ser terrible pasar años así y… no quiero eso para mí. Creo que ahora entiendo lo que decías sobre el ser maligno. ¿Te referías a mi padre?
—Espero que no —dijo una voz grave junto a ellas.
Leopoldo Galindo las miraba con el ceño fruncido.
—Buenas noches, doctor —saludó Gal con esa voz fría que Ana conocía muy bien. Su padre solo asintió levemente y aclaró su garganta.
—Vengan. Debemos hablar.
Su papá caminó hacia la salida pero Ana se sentía incapaz de moverse.
—¿Qué pasa? —le preguntó Gal al notar que aunque la jaló, ella no se movió de su lugar.
—No estoy de humor para pelear con él ahora. Es la boda de Jenn y mi hermano y…
—Yo iré contigo.
Ana esbozó una sonrisa.
—Seguro te gritará.
—Entonces nos gritaremos los dos —dijo Gal esbozando una sonrisa.
—No te imagino gritándole a mi padre.
Las piernas de Ana por fin respondieron. Gal iba adelante, jalando su mano. Su esposa giró la cara hacia a ella y dijo:
—Ana, hay muchas cosas que yo haría por ti..
.
.
… Continuará….
Pd. La versión extendida está quedando más extendida de lo que pensé.
Hay varios capítulos intermedios, es el único spoiler que te haré por el momento.
Eso te conviene, más historia con drama, muchísima tensión sexual a lo bestia y todo eso que te gusta.
Pd2.. Esa versión podrás leerla bajo tu propio riesgo. Si eres menor de edad, esta versión que estoy compartiendo semana a semana es la tuya.
Si eres mayor de edad, cuando ponga el enlace de la versión extendida (que está quednado muuuy extendida), podrás decidir si leerla o no.
.
.
.
.
.