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⚡Cap 23 | El Pulso del Corazón
❤️
Aquí lo tienes.
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Capítulo 23
Las gotas de lluvia golpeaban muy fuerte la ventana junto a ella. Ana observó el agua cayendo sobre la alberca, las ondas sobre la superficie. Eran ya varios días de tormenta, con el cielo gris y el viento frío. Revolvió el azúcar que acababa de poner en su café y solo levantó la vista cuando una voz dijo:
—¿No escuchaste nada de lo que te dije, verdad? —Jenn la miraba feo.
—¿Qué?
—¡Ana!
—Perdón, solo… tenía la cabeza en otro lugar.
—Pues te quiero aquí, ¿entiendes? —le dijo su amiga chasqueando los deseos frente a su cara—. Dos meses. Solo faltan dos meses para el día más importante de mi vida… y que posiblemente me dejará loca.
—¿Qué cosa puede preocuparte? Pierrot está organizando todo.
—Mira… Pierrot puede ser un dios organizando eventos ¡pero es mi boda y te necesito!
—¿Para qué?
—Tres palabras: despedida de soltera épica.
—Esas son cuatro palabras.
—Ëpica, Ana. Quiero que te esfuerces, que me sorprendas. Debe ser algo que me haga pensar: Vaya, Ana de verdad me ama con todo su corazón.
Ana frunció el ceño.
—No estoy segura de que sea normal pensar eso por una mejor amiga.
—Claro que sí. Tú y yo por siempre, baby. Por eso me sentiré muy pero muy decepcionada si resulta una despedida común y corriente.
—De acuerdo. —Ana suspiró—. ¿Strippers?
—¡¿Strippers?! ¡Ana, soy una chica con clase!
—Claro que no.
—De acuerdo, que sean solo tres strippers. Y algo… con chocolate. Ya sabes —dijo Jenn lanzando un guiño hacia ella.
—Un stripper bailando bajo una fuente de chocolate, lo tengo.
—¡No me digas! ¡Debe ser una sorpresa!
—Tú y yo sabemos que las siguientes semanas te la pasarás lanzándome indirectas nada discretas, Jenn. Sería mucho más práctico si me dieras una lista de lo que quieres exactamente.
—De acuerdo… —Jenn empujó las tazas de café para despejar la pequeña mesa. Ana vio cómo su amiga se aseguraba de estar solas en la cocina para animarse a decir—: ¿Qué te pasa? Pensaría en un embarazo, pero es obvio que Gal no podría… ¿Te fue infiel?
—¿Qué?
—¡La razón, Ana! La razón de que lleves días con esa cara de estreñimiento.
—Yo no te…
—¡Claro que sí! Parece que tienes algo atorado en partes muy estrechas de tu alma. ¿Qué sucede? ¿Es por Gal? ¿Le descubriste algo?
Ana no respondió enseguida. Pensó un poco y luego dijo:
—Gal es maravillosa. — No pudo evitar sonreír—. Ella es linda, es inteligente, es cariñosa…
—Contigo me imagino que sí —dijo Jenn con una sonrisa pícara. Eso le hizo arder las mejillas y volvió a sonreír.
—Ella es todo lo que siempre quise. La quiero conmigo siempre.
—¿Pero?
—Pero… alguien me dijo algo…
—¿Sobre Gal y otra chica? Porque si esa tonta se atreve a engañarte usaré su estetoscopio para estrangularla.
—No lo dudo, Jenn. Ni un segundo. Pero no. No es sobre eso. Es más bien… Esa chica dijo que conocía a Gal porque habían… estado juntas en… el orfanato.
—¡¿Orfanato?!
—Shhhhht. —Ana giró hacia la entrada de la cocina para asegurarse de que ni su madre ni Mag estuvieran por ahí—. Sí, ella dijo eso. Y yo no sé… qué pensar.
—Espera… Espera… ¿Le preguntaste a Gal?
—No.
—¿Por qué no?
—No… lo sé. Es… Ella siempre fue evasiva con todo lo relacionado con sus padres pero… ¡Ellos están vivos! Hasta tú los conoces.
—Tal vez no es que fuera huérfana, tal vez estaba ahí mientras ellos viajaban,
Ana pensó un momento.
—No creo que un orfanato acepte a niños con padres que trabajan, ¿no? No es una guardería.
—Yo qué sé, no tengo hijos. Pero bueno, no es algo tan grave, Ana. Si solo fue un comentario de una chica, deberías contarle a Gal. Tal vez haya una explicación lógica.
Ana asintió despacio. Esa idea se le había ocurrido nada más bajar del yate, pero ella estaba segura de que solo obtendría silencio por parte de su novia. Estaba segura de que Gal adoptaría su expresión seria, sería inflexible.
—Gal nunca me dirá nada… En caso de que hubiera algo.
Jenn se acercó más, casi trepando sobre la mesa entre ellas.
—Ana… Si por algo resulta que Gal… Si si situación familiar es… —Jenn suspiró—. Sabes que tendrás problemas con tus padres.
Ella soltó una risita.
—No exageres, no podría haber nada malo con Gal y sus padres. Tal vez no son una familia tan unida como nosotros, o tal vez no son parte de nuestro círculo, pero mis padres adoran a Gal.
—¿Y si esa chica decía la verdad sobre Gal?
—Es que eso no tiene sentido. Conocemos a sus papás.
Jenn se mordió el labio inferior y pensó un momento.
—Tal vez deberías averiguar.
—¿Averiguar?
—Sí. Averiguar a qué se refería exactamente la chica que te dijo eso. Si Gal vivió ahí tal vez fue temporalmente mientras sus papás estaban lejos. En ese caso no habría ningún problema. Lo terrible sería que ella en verdad fuera una huérfana. ¿Te imaginas? Sería un escándalo.
—Gal no es huérfana.
—Mira, Ana. Yo sé que tú la amas y esa tonta también te ama aunque haya tardado millones de años en decírtelo. Y las veo, Ana. Lo que tienen se ve muy prometedor. Y si eso avanza, es mejor que tengas el camino despejado para cualquier compromiso futuro. Debes asegurar que tu familia no pondrá ninguna objeción si el momento de vivir juntas o de casarse llega.
—Tal vez… tienes razón.
—Claro que la tengo. Todos la han recibido muy bien porque ella es una doctora con un gran futuro. Pero… Si hay algo turbio en su pasado, tu familia jamás permitirá nada entre ustedes, sabes cómo son con eso, sobre todo tu padre.
Ana soltó una risita amarga.
—Mi papá se empeñaría en que saliera con alguien del rango de Alejandra San Román… —Una idea saltó a su cabeza y abrió mucho los ojos—. Ya sé cómo averiguar si Gal estuvo en un orfanato.
Jenn levantó su taza de café y antes de dar un sorbo dijo:
—Es momento de empezar con tu plan de espionaje.
Ana agradeció al guardia de seguridad cuando las enormes puertas se abrieron y su auto pudo pasar. Había estado ahí varias veces antes, sobre todo cuando su padre la llevaba para que lo asistiera mientras él revisaba a alguien de esa familia. El enorme Palacio se hacía más grande según se acercaba. Ana estaba bastante distraida pensando si todo eso eran tonto, asi que se olvidó de admirar la belleza de lo que estaba frente a ella.
Fue recibida por el viejo mayordomo de la familia, que la condujo hasta el despacho donde la estaban esperando.
—Mira que hermosa mujer me he encontrado aquí —dijo Alejandra San Román con una sonrisa, dándole un beso en la mejilla.
—Hola, Ale.
—Dame un segundo.
Entonces Ana notó que Alejandra estaba en una llamada telefónica. La chica pegó su celular a su oreja y dijo:
—Tienes luz verde, Paris. Nos ha encantado tu diseño. —Ale soltó una carcajada mientras escuchaba algo y añadió—: Perfecto. En cuanto empieces con la construcción me avisas. Y dile a Emma que me mande algunas donas de chocolate, por favor.
La llamada se cortó.
—Perdón si interrumpo tu trabajo —murmuró ella bastante apenada.
—No te preocupes —dijo Ale señalando un sofá para que se sentara. Lo hizo y Alejandra se sentó a su lado—. Era mi arquitecta, dará unos toques finales a mi casa.
—Ah, sí. Escuché que pronto dejarás este palacio.
—Sí, bueno… Cristina ya quería empezar a cobrarme renta, así que… —A Ana se le escapó una risita—. ¿Ya comiste? ¿Quieres algo?
—Estoy bien. Hace rato desayuné con Jenn.
—¿Cómo van los preparativos de su boda? ¿Ya perdió la cabeza?
—La perdió desde que nació. La verdad es que todo va bien. ¿Irás?
—¿Cuándo has visto una fiesta sin mi?
Ana volvió a reír.
—Eso es verdad.
—Entonces… ¿A qué debo el milagro de tu visita?
—No exageres, tú eres la que siempre está ocupada.
Alejandra la miró de una forma tan brillante que Ana pudo distinguir como mil tonalidades de verde en sus pupilas.
—Nunca estoy ocupada para mis amigas. ¿Todo bien contigo?
—Sí… —Ana miró el suelo por un momento y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja—. Vine a pedirte un favor y eso me avergüenza un poco.
—¿Es algo embarazoso?
Ella negó con la cabeza.
—Es… quiero pedirte que… me ayudes a… tener acceso a información.
Alejandra se acomodó mejor sobre la silla y volvió a sonreír.
—¿Sobre quién? —Pero entonces, Alejandra adoptó una expresión sombría—. ¿Estás en problemas? ¿Alguien te está molestando?
—No, no… no es tan… así.
—Bien, entonces no veo problema —dijo Ale encogiendo sus hombros.
—Ni siquiera te he dicho exactamente qué quiero.
—Eso no importa. —Ale desbloqueó su celular y lo levantó a la altura de su mirada—. Solo dime qué necesitas y haré las llamadas.
—Siempre eres muy amable.
—Somos amigas, Ana. Además, tu novia le salvó la vida a mi… —Ale sonrió—. El padre Sebastián es alguien muy cercano a nuestra familia. Es como… un abuelo bastante terco. Así que tengo muchos motivos para ayudarte.
Ana suspiró, sabiendo que estaba a punto de traspasar una línea. Respiró hondo y dijo:
—Necesito información sobre alguien que posiblemente estuvo en un orfanato.
—¿En cuál? —preguntó Ale, haciendo que Ana notara que a esa chica ya nada le sorprendía.
—No lo sé.
—Bueno, en realidad no hay tanto problema con eso —dijo Ale mientras tecleaba rápido en su celular—. Los tres orfanatos de Castilnovo son manejados por el patronato de mi tía Angie, así que… —Ale pegó el celular a su oreja—. Hola, Angie. ¿Cómo estás? —Ale negó con la cabeza—. No, tía. Yo no tuve nada que ver con eso. —Ale le lanzó un guiño y Ana supo que Ale había tenido todo que ver con eso—. Si me entero quien fue, yo misma le arrancaré los pelos de la cabeza, te lo juro…. Oye, ¿podrías hacerme un favor? Ana Galindo necesita información sobre alguien del orfanato, ¿podríais decirle a Karen que me la envié ahora mismo?
—¿Ahora…? —murmuró Ana sintiendo unos tremendos nervios.
—Sí, Ana Galindo. —Ale soltó una carcajada y la miró—. Sí, esa misma… Correcto, dile que me llame. Ana está aquí conmigo ahora. —Ale volvió a reír—. Mi novia no es celosa… De acuerdo… Manejaremos todo con discreción… Aquí esperamos.
Alejandra cortó la llamada y volvió a mirarla.
—¿Dijo que sí?
—Sí. Le dirá a la directora del patronato que me llame porque mi abogada y yo necesitamos datos confidenciales.
Ana asintió y dijo:
—¿Y tú tía se acordaba de mí?
Alejandra empezó a reír de nuevo.
—Sí. Sabe que eres la chica que casi fue su sobrina —bromeó Alejandra.
—Ay, no. —Ana se tapó el rostro—. Que pena.
—En realidad es un gran halago que tu papá quisiera que tú y yo saliéramos.
—Creí que no te habías enterado de eso.
—Es que… —Ale sonrió y le dijo en un susurro, como si fuera un secreto—: Tu papá nunca fue muy discreto con sus intenciones.
—Eso es más vergonzoso. Él sabía que tú ya estabas con alguien, no tenía porqué insinuar nada —dijo Ana con las mejillas ardiendo.
—No deberías sonrojarte. En realidad, yo hubiera sido la afortunada en caso de salir contigo.
—Dices eso porque eres la persona más gentil del mundo. ¡Y siempre estás sonriendo!
—¿Eso te molesta?
—No. Solo que… me gustan las serias.
—¿Como Gal? Es muy linda.
—Sí… —Ana iba a seguir hablando pero el celular de Alejandra la interrumpió. La chica castaña respondió la llamada.
—Hola, Karen… Sí, necesito información sobre una persona. Te pasaré a la abogada que me está ayudando con este asunto… Ten.
Alejandra le pasó su teléfono. Ana tembló un poco cuando llevó el aparato hacia su oreja. Los ojos de Alejandra sobre ella la hicieron sentir más nerviosa. No quería decir sobre quién quería la información. Pero antes de que pudiera hablar, Alejandra se levantó y fue hacia el otro extremo del despacho para darle privacidad.
—Hola… Quiero saber si tienen registro sobre Galenira Rivadeneyra, por favor. Necesitamos… comprobar si vivió en alguno de los orfanatos…
—Galenira Ricvadeneyra. ¿Sabes las fechas aproximadas de su estancia?
Ana pensó un momento.
—La fecha de ingreso no podría decirte pero… cumplió la mayoría de edad hace diez años, fue el momento en que debió salir.
—¿Tienes su fecha de nacimiento?
—Primero de agosto.
—Perfecto, abogada. Revisaré ahora mismo y les avisaré.
—G-gracias.
Ana se quedó observando el celular varios segundos después de terminar la llamada.
—Ana… —Alejandra se había acercado de nuevo. La miraba con preocupación—. ¿Estás bien?
—No —susurró ella agachando la cabeza—. Tal vez estoy cometiendo un error. Tal vez no debería estar haciendo esto.
—Oye… —Alejandra se agachó a su lado y le tomó las manos—. ¿De verdad necesitas saber esa información?
Ana pensó un momento. Ella quería saber. Quería estar segura de quién era Gal y entender su pasado. Un pasado que su novia se negaba a revelar. Cada cosa que sabía sobre la juventud de Gal, Ana había tenido que sacársela casi a la fuerza. Y eso no le gustaba. Así como tampoco le gusta haber tenido que recurrir a eso cuando en teoría hubiera sido más sencillo preguntarle a Gal.
—Quiero saber la verdad.
Alejandra asintió y la observó como si pudiera ver a través de ella.
—Cuando amas a alguien el pasado no importa.
Ana sintió que temblaba.
—¿Cómo sabes que…?
—No soy tonta. Es sobre Gal, ¿cierto?
Ella asintió.
—Por favor, no le digas a nadie.
—No te preocupes por eso.
Ana sentía sus ojos húmedos.
Entonces el celular de Alejandra volvió a sonar. Ana la vio leyendo un mensaje.
—Karen me mandó la información al correo.
El corazón de Ana retumbó fuerte cuando vio a Alejadnra caminando hacia la computadora sobre el elegante escritorio.
—¿Qué dice?
—Espera… —Ale tecleó un momento y unas hojas empezaron a imprimirse. Alejandra tomó las hojas y regresó a su lado—. Son tuyas.
Ana miró esas hojas como si fueran una bomba a punto de estallar. Tragó grueso y, temblorosa, agarró las hojas. Lentamente bajó la mirada hacia ellas.
Lo primero que llamó su atención fue la fotografía. Una Gal adolescente le devolvió la mirada y Ana dejó de respirar. Leyó despacio todo eso. Más de una vez. Muchas veces. Y en cada ocasión veía menos, pues las lágrimas ya no le permitían distinguir nada. Una gota cayó sobre las hojas al mismo tiempo que un quejido salió de su boca. Un horrible dolor le atravesó el pecho y se inclinó hacia adelante para abrazarse a sí misma.
—Ana… —Alguien estaba ahí con ella tratando de contenerla. Pero no recordaba quién estaba a su lado. Ni siquiera recordaba donde estaba, solo sentía dolor.
Mil cosas pasaron por su mente. Recordó lo que decían las hojas. Las fechas. El nombre. La foto. El llanto salió con más intensidad y la fuerza se le fue. Cayó de rodillas tratando de controlar el dolor en su pecho.
Tratando de respirar.
******
Gal miró su reloj para comprobar que efectivamente ya era tarde. Había tenido una jornada muy dura y apenas podía ir a casa a descansar un poco. Pensó en Ana y la paciencia que había tenido todos esos días, donde ella se había empeñado en extender sus guardias lo más posible. Tenía un objetivo y sabía que debía poner el tiempo a su favor. Sabía que mientras más grande fuera su nombre, menos peligro corría su relación con Ana.
Planeaba ir directo a buscar a su novia al salir de ahí. Deseaba con todo su corazón abrazarla y dormir a su lado. Estaba pensando en eso cuando unos pasos veloces llamaron su atención.
—¡Aquí estás! —dijo Willy con expresión de alivio.
—¿Qué haces aquí todavía?
—Estaba esperando a Verónica y entonces el doctor Cepeda me pidió que te buscara —respondió su amigo con una sonrisa—. Dijo que muevas tu trasero y vayas corriendo a verlo porque tiene grandes noticias.
—¿Grandes not…? —A Gal se le iluminó el rostro.
—¡Debe ser por la investigación en la que estuvieron trabajando juntos! ¡Corre, tonta!
Gal tiró sus cosas y corrió hasta la oficina de su mentor, con Willy yendo detrás de ella. Había estado trabajando como asistente de Cepeda durante meses para completar aquel trabajo y por fin sabría si todo había valido la pena.
—¡Gal! —Su mentor la recibió poniéndose de pie de su silla y caminó hacia ella con los brazos extendidos, la sujetó de los hombros y dijo—: ¡Los tenemos, Gal, los tenemos!
—¿La aprobaron?
—¡Sí! Acabo de recibir la llamada desde Alemania. Les ha fascinado nuestra investigación, Gal. Quieren patrocinarla por cinco años.
—¡¿Cinco años?!
—¡Wow! —gritó Willy uniéndose a la emoción.
—Pero esa no es la gran noticia, Gal.
—¿Hay una mejor? —preguntó con una enorme sonrisa en el rostro.
—Ellos… Y yo también… queremos que tú dirijas la investigación.
—¡¿Yo?! ¡Pero usted es quien…!
—Yo no tengo tiempo ahora, Gal. Se requiere estar de tiempo completo, yo tengo que dirigir el departamento de cardiología y a mis residentes. Tú podrías hacerlo.
Gal sentía su corazón latiendo a un millón de kilómetros por hora. Quería gritar pero no sabía muy bien cómo canalizar todo lo que sentía en ese momento.
—Sí quiero —dijo aún aturdida.
—¡Eso! —dijo Willy aplaudiendo junto a ella.
—Perfecto, Gal —dijo Cepeda dándole una palmada en su hombro para luego regresar a su escritorio donde empezó a teclear—. Veamos… Confirmaré tu nuevo puesto y… Por supuesto tendrás un considerable aumento en tu sueldo. Tendremos que hacer una reunión virtual con los del instituto alemán para que te den la bienvenida como jefa… Y… —Cepeda lanzó una gran carcajada—. Esto es secreto Gal, pero dadas las circunstancias… Leopoldo Galido será homenajeado en nuestra reunión anual de médicos de Castilnovo. Él no lo sabe, pero creo que sería un gran detalle que cuando lo anuncie al micrófono, Ana y tú suban al escenario a entregarle la placa de honor.
—¿Ana y yo? Pero ella sería más adecuada, es su hija. Yo no…
—Tú eres la brillante novia de su hija, una doctora que acaba de ser nombrada directora de una de las más importantes investigaciones médicas de los últimos años. Además, sé muy bien que Leopoldo te aprecia mucho, será una sorpresa verlas a las dos.
—Está bien —aceptó Gal con el corazón igual de acelerado.
—Perfecto, doctora. Ve a descansar. Cuando regreses ya serás parte de las grandes ligas.
Gal asintió y salió de ahí bastante aturdida. Willy la zarandeó de los hombros mientras gritaba en su oído derecho.
—¡Esto es increíble, Gal! ¡Increíble! ¡Tú, jefa de una investigación! ¡Jefa, Gal!
—Ana… —Logró decir con la garganta cerrada—. Debo contarle.
—¡Se volverá loca, Gal! ¿Te imaginas? ¡Y luego irás a la cena de médicos! ¡Gal, lo tienes, lo tienes!
—¿Qué cosa?
—¡A ellos! ¡Gal, ya eres uno de ellos!
—No es para… tanto. Apenas… Mi carrera apenas —decía sin poder concentrarse por tanta emoción.
—Sí, sí, apenas estás empezando ¡pero mira la forma de empezar! —Su amigo la rodeó de los hombros—. Escucha, si antes tenías dudas sobre estar a la altura de Ana Galindo, olvídalas. Ana Galindo es la que deberá esforzarse para estar a la altura de la doctora Gal Rivadeneyra.
—Ella ya es maravillosa…
—¡Y tú un día serás más poderosa que su padre! ¡Carajo, Gal! —Su amigo la abrazó fuerte un momento y luego la arrojó lejos—. ¡Ah, perdón, fue la emoción!
—Debo ir con Ana.
—Correcto, ve, desnúdala y celebra con una buena sesión de sexo, te lo imploro.
Gal no pudo evitar soltar una carcajada.
—Cállate.
—¿Hasta dónde quieres llegar exactamente con Ana Galindo?
—Pues… —Gal pensó un momento y se dio cuenta que la respuesta la sabía desde que conoció a Ana—. La quiero por siempre conmigo.
—¿Vivir con ella? ¿Casarte con ella?
—Sí, todo eso con ella.
Willy le sonrió.
—Podrás hacerlo, Gal. Justo hoy si lo quieres.
—Es muy pronto…
—¡¿Pronto?! ¡No hay pronto, Gal! Has llegado a la luna y si quieres que Ana esté ahí contigo ve ahora mismo por el anillo más grande que encuentres y ponlo en su dedo.
Gal caminó hacia la puerta de su departamento pensando en mil cosas al mismo tiempo. La primera era que se le hacía raro que Ana no le respondiera los mensajes ni las llamadas. Luego pensó que su novia tal vez estaba dormida o haciendo algo con su familia. Después pensó que Willy tenía ideas muy locas, pero que si era sincera con ella misma, eran cosas que deseaba hacer. Quería vivir con Ana, quería un compromiso mayor con ella. Se sentía lista, sentía que podía ofrecerle el mundo. Ese nuevo trabajo era solo el primer escalón y ella estaba dispuesta a poner cada célula de su cuerpo para lograr sus objetivos. Haría todo para conseguir que Ana estuviera con ella.
Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. Seguía distraída, así que dio un salto cuando levantó la mirada y vio a Ana ahí.
—Hola —le dijo a su novia mientras dejaba sus cosas en la mesita de la sala—. No sabía que estarías aquí. ¡Tengo excelentes noticias! —Se acercó a Ana para darle un beso en los labios. Pero Ana no correspondió—. ¿Qué pasa?
Ana la miró fijamente. Gal bajo la mirada por el cuerpo de su chica para buscar una pista sobre su conducta. Iba a decir algo más cuando Ana habló.
—Vine aquí sin estar segura de querer hacerlo…
—¿Qué?
—Tus padres, Gal. ¿Dónde están?
Gal dio un paso atrás, totalmente aturdida.
—Eh… supongo que en su casa… ¿Pasó algo malo?
—¿En su casa, Gal? ¿La que venderán para pagar sus deudas?
—Sí. Oye, yo vengo del hospital, dime qué pasa.
—Quiero que les llames.
—¿A mis padres?
—¡Sí, Gal, a tus padres! —gritó Ana.
Gal pensó que algo malo había pasado. Ana se veía muy molesta y Gal tuvo miedo de que Tobías y Matilde hubieran hecho algo terrible. Tal vez robaron un banco y sus fotos estaban por todo internet. O tal vez habían pisado las flores del jardín de los Galindo.
—Lo que sea que hayan hecho, lo solucionaré, ¿si?
—Llámale a tus padres —dijo Ana apretando los dientes.
—Primero dime qué sucede.
—¿Quieres saber, Gal? —Ana tomó una carpeta que estaba sobre el pequeño sofá y se la aventó a Gal en la cara—. Esto sucede, mentirosa.
Gal agarró las hojas regadas en el suelo y leyó. El alma se le fue a los pies al ver su expediente. Todo estaba ahí. Sus datos, la fecha en que había ingresado al orfanato y… la etiqueta «huérfana» junto a la fecha de fallecimiento de sus padres.
Levantó la vista y sintió que su corazón se detenía cuando la mirada fría de Ana se cruzó con la suya.
…………………………………. Continuará……………………………
Pd. Si creiste que esta historia era de una pareja feliz, perdón por la confusión jajajaa.
Pd2. Cada semana nuevo cap.
Pd3. Disculpa el retraso, pero lo prometido te lo doy baby.
Pd.4 Te recomiendo que apartir de este cap leas estos capítulos con una caja de kleenex junto a ti.
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