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⚡Cap 19|El Pulso del Corazón
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Capítulo 19
Después de Navidad, los días pasaban volando. Ana y ella estuvieron de guardia en Año Nuevo, pues sabían que era la fecha donde más manos se necesitaban. Se la pasaron en urgencias recibiendo a personas ebrias y accidentadas.
Gal sentía que estaba viviendo un sueño. Era bastante irreal aquella nueva rutina: ir al trabajo y luego pasar el día con su novia. Ella nunca se tomó en serio eso de tener una novia, pero en esos momentos no podía pensar en cómo serían sus días sin Ana. Ella adoraba cuando Ana la acompañaba a comprar sus víveres o cuando a ella le tocaba esperar para ir a donde fuera. Esos días, lejos de parecer monótonos, eran una fuente inagotable de emociones nuevas y extrañas.
Con el pasar de las semanas se dio cuenta que los momentos que más odiaba eran las noches. Porque durante las noches pensaba. En todo. En sus padres, principalmente, y ella odiaba pensar en ellos. Pero ese pensamiento se estaba convirtiendo en una constante preocupación. No sabía cómo hablar de su muerte. No sabía cómo decirle a Ana. No sabía si de verdad era necesario hablar de eso. Solo sabía que tenía dos alternativas: decir la verdad o mantener la mentira.
Sintió una fuerte punzada en el pecho al pensar en estar frente a Ana diciendo esas palabras. Explicando aquel naufragio, contándole el infierno que vivió después. Soltó un gemido al sentir más dolor y cerró los ojos para calmar su respiración.
—Te ves fatal —dijo una voz a su lado. Willy se había sentado junto a ella. Lo vio dando un gran mordisco a su sándwich—- Solo dime que se debe a una increíble sesión de sexo con tu novia.
Gal negó con la cabeza.
—¿Qué haces aquí? Creí que ya estabas dormido en tu casa.
—Espero a alguien.
—¿Alguien?
—Una mujer.
—¿Y ella sabe que la esperas? —Gal levantó la ceja al ver titubear a su amigo.
—Tal vez.
—¿Estás acosando a otra enfermera?
—No. —Su amigo se aseguró de que nadie los escuchara—. Es una doctora. Nueva y muy sexy. La invitaré a salir. ¿Conoces algún buen sitio para llevarla a cenar?
Gal pensó en todos los lugares a los que Ana la había llevado durante esas semanas, pero sin duda, uno siempre sería el favorito de las dos.
—Llévala a la trattoria que está cerca de mi departamento.
—Mmm, buena sugerencia. ¡Ahí está!
Su amigo brincó de su lugar, como si su trasero se hubiera electrocutado y caminó hacia la doctora. Gal la observó. Sí, era guapa, pero nada impactante. Al menos a ella siempre le parecería que no había nadie tan bella como Ana.
Sonrió como tonta cuando su novia entró a la cafetería.
—Perdona, sé que tardé muchísimo —dijo Ana dándole un beso en los labios—. ¿Nos vamos?
—Pareces ansiosa.
—Jenn —dijo su chica con cara de exasperación.
—¿Qué pasa con ella?
—Ha convocado a su dama de honor para una reunión urgente. No me ha querido decir qué sucede, pero casi estoy segura que es sobre algo absurdo. ¿Me acompañas?
—¿Para escucharlas discutir sobre cosas ridículas?
—Ajá…
—Claro —dijo ella encogiendo sus hombros.
—Eres la mejor. —Ana le tomó la mano y la jaló hacia la salida—. Por cierto, he escuchado que Willy recibió una gran bofetada el otro día.
—No me sorprende.
Gal capturó una hermosa sonrisa de su novia y sintió algo revoloteando en su estómago. Quiso detenerla para decirle que era preciosa, que no había mujer más bella... Pero con solo pensar aquello sintió su cara arder. Prefirió quedarse callada y continuar hacia el estacionamiento. Antes de encender el auto, Ana sacó una bolsa de galletas de su mochila. Gal adoraba comer porquerías mientras paseaban por la ciudad. Era algo mundano, pero le parecía encantador.
Gal nunca había ido a ese departamento. En teoría, era de Santiago, aunque Ana le había confesado que Jenn llevaba viviendo ahí desde meses atrás, aunque los Galindo no tenían idea de aquello. Ana le dijo que sus padres no hubieran aprobado una situación así, tomando en cuenta que Santiago y Jenn aún no estaban casados.
En cuanto salieron del elevador, a Gal le quedó claro que ese lugar estaba a años luz de donde ella vivía. Todo ahí gritaba riqueza y Gal detestaba darse cuenta de esas cosas, ya que antes no las notaba.
Ana tocó la puerta una vez y escucharon una voz autorizar su entrada. En cuanto lo hicieron, dieron un salto atrás para esquivar el plato que pasó volando frente a ellas.
—¡Ya llegó mi hermana, ¿quieres calmarte?! —gritó Santiago, que estaba oculto detrás del sofá.
—¡Ella me ayudará a matarte! —gritó Jenn desde la cocina, tirándole otro plato a Santiago.
—¡Es mi hermana!
—¡Es mi mejor amiga!
—¡¿Qué rayos pasa aquí?! —gritó Ana interceptando la taza que Jenn iba a usar como nuevo proyectil.
—¡Que lo mataré, Ana, por infiel!
—¡No soy infiel!
—¡Mentiroso!
—¡Ya, basta! —Ana jaló a Jenn hasta el sofá y la empujó para que se sentara—. ¡Y tú, ven aquí!
—No seas agresiva —se quejó Santiago cuando Ana lo jaló de la oreja y lo lanzó junto a Jenn, que se cruzó de brazos.
—Ahora díganme qué rayos pasó.
Gal miró los ojos húmedos de Jenn. La chica se mordió el labio inferior y negó varias veces con la cabeza como si intentara espantar las lágrimas.
—No pasó nada —dijo Santiago girando hacia su prometida—. No es lo que crees.
—Eso dicen todos… ¡Vi tus mensajes, idiota!
—¡No es lo que piensas!
—¡¿Entonces qué es?!
Santiago dijo:
—No te estoy engañando con otra mujer.
—¡Ah, entonces es un hombre! —gritó Jenn tirando un cojín a la cara de Santiago. Gal desvió la mirada cuando el llanto desgarrador de Jenn sonó.
—¡No es un hombre! ¡Ni una mujer!
—¡¿Es un no binarie?!
—¡Que no! ¡No es nadie!
Pero Jenn lloraba desconsoladamente. Ana abrazó a su amiga, que le sacó la lengua a Santiago.
—¡Te dije que me prefiere a mí!
—Gal, ¿puedes acompañar a Santiago a la habitación? Tengo que hablar con Jennifer.
Ella asintió con la cabeza y caminó detrás de un derrotado Santiago. Cuando entraron a la recámara, el hombre se sentó en la orilla de la cama.
—No la estoy engañando —susurró Santiago mirando el suelo—. Jamás podría hacerle algo así.
Gal se sintió bastante incómoda por esa conversación. Pero a ella le agradaban esos dos, así que se aclaró la garganta para decir:
—¿Y ya se lo dijiste?
—¡No me escucha! ¡Solo grita y me lanza platos!
—¿Por qué cree que la engañas?
Santiago negó con la cabeza.
—Leyó unos mensajes en mi celular…
—¿De una mujer?
—Sí… pero no es una mujer… O sea, es una mujer pero no hablo con ella por ser una mujer.
—¿Qué?
—Es una sorpresa para Jenn. Ella ama a una cantante y estoy en negociaciones con su manager para que cante en nuestra boda. Jenn leyó unos mensajes sin contexto y como no pude explicarle ahora quiere cancelar todo.
Gal parpadeó varias veces encontrando muchas capas de ironía en eso.
—Casarse… suena horrible… —dijo sin poder evitar reírse.
—¿Por qué te ríes? —preguntó Santiago bastante molesto.
—Solo creo que ambos están perdiendo la cabeza por los nervios y cada cosa la exageran. Dame tu celular —pidió Gal con voz firme.
Santiago le entregó el aparato con la dichosa conversación. Gal leyó desde el inicio y esbozó una sonrisa.
—¿Ves? Te dije que Jenn lo sacó de contexto —recalcó Santiago.
—Espera aquí.
Gal regresó a la sala, donde Ana hacía esfuerzos por entender la voz gangosa de Jenn, que tenía la cara llena de lágrimas y mocos.
—Y esa tipa le respondió: «Te daré todo lo que quieres». ¡Es una zorra!
—Jenn… —Ana y Jen giraron las cabezas hacia ella—. ¿Confías en mi palabra?
—¿Qué?
—Solo responde.
—Eh… Sí…
—Entonces escucha muy bien: Santiago no te engaña. Él te ama mucho y está… creando un... momento especial para ti en su boda.
—¿Qué?
—Es una sorpresa. Eso es lo que leíste. Santiago convenció a… estas personas de hacer algo para ti. Por eso la chica le dijo que le daría todo. Se refería a todas las solicitudes de Santiago.
—Pero… pero…
—Si lo escuchas un minuto seguro te explicará el malentendido. Aunque yo que tú no lo presionaría con eso de la sorpresa.
—¿Tú ya sabes qué es? —preguntó Jenn con curiosidad. Ella asintió.
—Es espectacular. Ve a hablar con él.
Jenn y Ana intercambiaron una mirada. La chica loca se puso de pie y caminó hacia su habitación.
—¿Es verdad lo que le dijiste?
—Sí —dijo ella tumbándose junto a su novia, que le sujetó el rostro y le dio un beso.
—De verdad iba a matar a mi hermano.
—¿Jenn?
—¡Yo! Si ese idiota la hubiera engañado…
—¿No te gusta la infidelidad?
—¿A quién le gusta la infidelidad?
Gal sonrió y aceptó otro beso de Ana.
—De acuerdo, seré fiel… —jugó ella.
Ana soltó una carcajada.
—¿Sabes algo? No sé por qué todos piensan que eres seria. Creo que eres una de las personas más divertidas que conozco.
—Tal vez… solo tú me conoces de verdad —susurró ella acomodando el cabello de Ana detrás de su oreja.
—Es lindo pensar eso.
Ana comenzó a besarla de forma suave y Gal sintió enseguida su deseo despertando.
—Esto es injusto… —dijo con un hilo de voz metiendo sus manos bajo la ropa de Ana mientras le besaba el cuello
—Hay… una… habitación vacía… podemos… podemos…
Ana la jaló del rostro y le plantó un beso desesperado que hizo que Gal cayera hacia atrás sobre el sofá. De nuevo sintió el aturdimiento en su cerebro y el calor en su cuerpo. Sonrió contra la boca de Ana, cuyas manos estaban ya abriéndole el pantalón.
—Podemos —dijo Gal atrapando la mirada encendida de su novia. Ana la jaló por el pasillo, abrió una puerta y la arrojó dentro.
Gal recibió a Ana cuando se le fue encima. La abrazó fuerte por la cintura y giró el cuerpo para caer sobre ella en la cama.
—Carajo… —dijo Ana conteniendo un estremecimiento en su piel. Gal sonrió al ver eso—. Odio no tener tanto tiempo para hacer esto.
—No hay problema —dijo ella levantando la falda de Ana para bajar su ropa interior. Sin perder ni un segundo, se inclinó sobre el cuerpo de su novia para darle placer.
—Bien… —dijo Ana con voz temblorosa—. Eso… está muy… bien…
Gal miraba por la ventana del auto. Junto a ella, manejando, iba Santiago. Después de que Ana y ella salieran de aquella habitación, tuvieron que esquivar los comentarios de Jenn y Santiago, que aprovecharon para hacerles todo tipo de bromas bastante pesadas. Gal no los culpó y aceptó la penitencia con gusto. Le pareció un precio bajo por lo que acababa de hacer con Ana.
Sin embargo, como los novios tenían varios pendientes que hacer ese día, Ana y ella se dividieron para acompañarlos. Así que a ella le tocó ir con Santiago,
que en ese momento le dijo:
—Gal, estoy pensando en nombrarte mi… madrina.
—¿Qué?
—Tú sabes… En las bodas gringas siempre hay un padrino que se encarga de que el novio llegue a la boda. Tú podrías hacer eso por mi. Hoy diste una gran muestra de que puedes hacerlo.
—Ahm… ¿y no tienes… algún… amigo?
Santiago soltó una carcajada.
—Sí. Pero son idiotas y seguro solo querrán presentarme a una stripper en mi despedida de soltero. ¿Entonces… lo harías?
Gal parpadeo varias veces mientras veía la sonrisa de Santiago.
—Claro —aceptó porque no sabía cómo decir que no. Y tampoco estaba segura de que quisiera negarse a eso.
—¡Excelente! Ana se pondrá muy feliz cuando lo sepa. Además, dicen que la dama de honor y el padrino… Ya me entiendes —terminó Santiago con una carcajada.
Gal sintió su cara ardiendo.
—Sí. Y… perdón por… lo que pasó… hace rato.
—Bah, no importa. En realidad me hace feliz ver a mi hermana contigo. Durante mucho tiempo Ana estuvo triste. Incluso mientras estaba con esa bruja, Ana no era feliz y… Bueno, es mi hermana, odiaba verla así. Pero ahora ella está bien y toda la familia lo nota. Gracias por eso.
Gal se sintió bastante torpe escuchando aquello.
—D-de nada.
—¿Y cuál es tu plan?
—¿Qué plan?
—Con Ana. Ya llevan varios meses juntas, ¿no?
—Tres —dijo ella pensando si eso era mucho o poco.
—¿Y? ¿Piensas en algo serio con ella?
—Pues… Sí. O sea… Estoy en algo serio. Yo no la veo… como algo… pasajero.
—Ay, que lindo. —Santiago giró el volante—. Eso está bien, porque de lo contrario tendrías un gran problema conmigo.
—¿Contigo? —Gal se animó a decir—: Jenn es la que me preocupa. No quiero ni imaginar… —Gal se estremeció y Santiago empezó a reír.
—Tienes razón. Jenn te mataría si le rompieras el corazón a Ana.
—No pienso hacerlo —dijo Gal con firmeza. Miró de nuevo hacia afuera, pues era más cómodo no mirar a Santiago—. Ella me importa mucho. Además, ustedes… Tu familia… han sido… amables.
—No importa el tiempo que lleves con Ana, ella te ama, ¿lo sabes?
—Sí.
—¿Y tú la amas?
Gal sintió su estómago girando a toda velocidad. Odió que Santiago se detuviera en un semáforo, pues giró el rostro hacia ella esperando su respuesta. Ella no quería decírselo a él, ya que pensaba que la primera en escucharlo debía ser Ana. Pero Santiago seguía con la mirada en sus ojos.
—Si. —Su voz apenas salió de su garganta, así que asintió con torpeza por si Santiago no había podido escucharla.
El hombre esbozó una sonrisa y dijo:
—Ya eres una de nosotros, Gal. Ana te ama, tú la amas… Y eso me suena muy prometedor. Además, mis padres están locos contigo aunque intenten negarlo. Y en cuanto conozcan a tus padres… —Santiago soltó una carcajada—. Rayos, esto parece más serio de lo que pensé.
Gal sintió un pesar muy grande en su pecho, así que se atrevió a preguntar:
—¿Tienes… alguna recomendación… para el día en que se conozcan?
—Uhm… Solo diles a tu padres que cuenten todas sus aventuras en el mar. Con eso tendrán a mi padre en su bolsa. Y mi madre… comida. Con eso de que ya se cree chef… ¿Tu mamá sabe cocinar?
—Sí —mintió.
—Ahí lo tienes: mar y comida. En realidad lo tienes muy sencillo, no hay nada de qué preocuparte. Recuerdo a una chica que andaba detrás de Ana hace muchos años. Pfff, fue un desastre.
—¿Por qué?
—Era una bastarda.
—¿Qué?
—¡Una hija ilegítima! Mis padres casi se mueren cuando se enteraron. Por suerte Ana no tenía verdadero interés en esa chica, así que no pasó a más. ¿Te imaginas ese desastre? Una Galindo con una bastarda. Mi padre se hubiera muerto después de desheredar a Ana.
—Que… terrible —dijo ella tragando en seco—. Eso de ser bastarda… o… huérfana…
—¡Eso sería peor!
—¿Peor que ser bastarda? No… lo creo… —dijo ella tratando de controlar su voz.
—¡Por supuesto que sí! Una bastarda es una enorme deshonra para cualquier familia. Pero no tener una familia, pff. Si esa chica hubiera sido una huérfana, mi padre hubiera mandado a Ana al otro lado del universo para alejarla, luego de desheredarla. Y después se hubiera muerto de vergüenza.
—Tu familia parece muy… estricta con esas cosas…
—Sí —dijo Santiago entrando al estacionamiento del centro comercial—. ¿Pero qué esperabas? Los Galindo somos descendientes de un antiguo linaje aristocrático, y mi padre es el médico y amigo personal del Duque Guillermo. Además… —Santiago se detuvo y la miró antes de bajar del auto.
—¿Qué?
—¿Ana alguna vez te contó que pudo ser la prometida de un San Román?
—¡¿Qué?!
Santiago empezó a reír muy fuerte y bajó del coche. Gal lo siguió.
—Mi papá estaba empeñado en que Ana saliera con Alejandra.
—¿Alejandra… San Román?
—Esa misma.
—Pero…
—Sí, sí. Ahora todos sabemos que Alejandra está loca por otra chica. Pero cuando estaba soltera, a mi padre se le metió la idea de que mi hermana… Ya me entiendes. Sabía que los San Román andaban en busca de un prometido para la princesa Cristina, y entonces pensó que seguramente querrían hacer lo mismo con Alejandra, encontrarle una pareja apropiada.
—Que locura arreglar matrimonios.
—Sí. Por eso en cada evento, en cada oportunidad, mi padre insistía en que Ana se sentara junto a Alejandra. Pero en ese entonces Ana estaba con Tessa y luego, cuando terminaron, todos en Castilnovo sabíamos que Alejandra ya tenía su corazón ocupado.
—Ana no me había dicho. Ustedes parecen muy cercanos... a la familia real.
Santiago la rodeó por los hombros y caminaron hacia la tienda de trajes en donde debía recoger el que había encargado para su boda,
—Ana es muy modesta. ¡Pero hey! Ya puedes ir por ahí a presumir que Ana te quiso a ti pero nunca a Alejandra San Román —terminó Santiago con una carcajada.
Gal se fijó en que habían entrado al lugar donde recogerían su traje de boda. Se quedó sin aire al ver todo ahí. Entonces entendió cosas que no había entendido antes, como por ejemplo, la posición de la familia de Ana. Su riqueza, su linaje, su círculo. Ella amaba a Ana pero en ese momento supo que alguien como ella no era elegible, y nunca sería aceptada en una familia como los Galindo.
Sí, Ana podía amarla, pero hasta ese momento Ana no sabía en realidad quién era ella. Y si se enteraba…
Casi se va para atrás cuando escuchó el costo de la ropa de Santiago, que sacó una tarjeta y la entregó como si nada mientras seguía hablando de algo. Pero Gal no escuchaba nada. Sentía su cerebro trabajando a toda su capacidad, tratando de encontrar una solución a su problema.
Había una cosa que se le había ocurrido noches atrás, pero era tan radical que la había pensado como una broma de mal gusto. Pero en ese momento supo que tal vez esa era su única salida.
Gal miró a las dos personas sentadas frente a ella. Había pasado la última semana buscándolos y escribiendo todo lo que debían saber. Las dos personas leían en silencio los papeles que Gal les había entregado.
—¿Tienen alguna duda? —les preguntó.
La mujer levantó la vista de lo que leía y dijo:
—Todo claro.
—Bien, esto debe ser ejecutado con precisión, ¿de acuerdo? La familia de mi novia debe creer todo lo que les digamos. Y… necesito toda su discreción.
—Tranquila, Gal. Somos profesionales —dijo el hombre con una sonrisa—. Entraremos, seremos encantadores, luego fingiremos una mudanza y nadie se enterará que nos contrataste.
—Bien. —Gal sacó un sobre con dinero y se los entregó—. La otra mitad se las daré al finalizar la comida con los Galindo.
—Perfecto. —La mujer tomó el sobre y contó los billetes—. ¿Sabes algo? Nunca me había planteado que una actriz podría dedicarse a este tipo de trabajos. Cuando te acercaste a nosotros después de nuestra obra, creí que querías contratarnos para otro teatro. Nunca pensé que sería para esto.
—Solo no le digan nada de esto a nadie, ¿está bien?
—Ya te lo dije, somos profesionales —dijo el hombre dando un sorbo a su bebida—. Por cierto, muchas gracias por esta cena, fue deliciosa.
Ella solo asintió.
—Yo necesito ir al baño —dijo la mujer, levantándose.
—Te acompaño, esposa —dijo el hombre lanzando un guiño a su compañera, que solo empezó a reír.
—En realidad, nunca me hubiera casado contigo. —La escuchó decir Gal mientras se dirigían a los baños.
Ella se tapó la cara con las manos, totalmente estresada. Durante todos esos días se había intentado convencer de que eso era una mala idea, pero estaba desesperada. Después de que Santiago le diera toda esa información sobre su familia, Gal se había vuelto más consciente de su entorno.
Notó, por ejemplo, la calidad de las cosas de Ana. Se fijó en su hermoso auto, en la forma en que nunca se preocupaba por dinero o las cuentas. De sus modales finos, de su forma de hablar con gente poderosa cuando se los encontraba por ahí.
Ana estaba acostumbrada a moverse con soltura frente a las personas más intimidantes de Castilnovo, porque claro, eran los amigos de su familia. Ana vivía un estilo de vida con el que Gal nunca hubiera soñado. Y aunque su novia nunca se había comportado con ella con superioridad, Gal por fin entendía quién era Ana Galindo en realidad.
Así que esa medida desesperada, era su única jugada. Lo único que le garantizaría tener a Ana en su vida. Al menos le daría tiempo para hacerse con una reputación tan impresionante que los Galindo nunca podrían poner objeción a su relación con Ana.
Sabía que podía convertirse en la mejor cardióloga del mundo pero necesitaba que el tiempo estuviera a su favor. Y si para eso tenía que fingir tener padres, lo haría. Ella era capaz de hacer todo por Ana, cualquier locura. La amaba. Eso lo tenía muy claro. Nunca había sentido algo tan fuerte por nadie. Y Ana la hacía sentir parte de algo. Por fin aquella soledad que la acompañó toda su vida se había quedado atrás. Ana la había eliminado y Gal no permitiría que su relación terminara por algo tan estúpdo como su situación familiar.
Pero entonces pensó en Ana. Pensó en lo linda que había sido con ella desde el inicio. Pensó en su sinceridad, en sus cuidados, en la forma en que la miraba. ¿Era justo jugar así con ella? ¿Estaba bien mentirle a la mujer que amaba?
Se sobó la cabeza pues empezó a dolerle con fuerza. Gal respiró hondo varias veces totalmente angustiada. No quería mentirle a Ana, pero si le decía la verdad, ¿qué pasaría? ¿Qué pensaba Ana de los huérfanos? Su novia siempre le había dicho lo que su familia pensaba, pero ¿ella qué pensaba? ¿La aceptaría?
«Soy una huérfana», pensó Gal. Esa era la realidad. Su historia, todo lo que había ocurrido, era parte de ella. Y ocultarle eso a Ana, era ocultarle una parte de sí misma. Gal respiró hondo entendiendo que debía decir la verdad. Si Ana la aceptaba, significaba que era alguien con quien valía la pena estar. Pero si la rechazaba… Gal entendería que el amor de Ana no había sido suficiente y debía vivir con eso.
Temblando, sacó su teléfono para llamarle a Ana. Pero antes de que el primer timbre sonara, colgó. Eso debía decírselo de frente. Se puso su chamarra y se levantó de la mesa. Con decisión, caminó hacia la salida, pero entonces, chocó con alguien.
—¡Gal! —Wlly la miró con los ojos muy abiertos—. ¡Qué suerte encontrarte aquí! Necesito tu ayuda.
—Es que tengo prisa —dijo ella algo aturdida intentando esquivar a su amigo.
—Espera… Verónica no debe tardar en llegar.
—¿Quién es Verónica?
—La chica con quien tendré una cita. La doctora nueva, ¿recuerdas?
—Ah sí.
—Entonces, ¿cómo conquistaste a Ana? ¿Tienes alguna frase poderosa que puedas pasarme?
—No.
—¡Oh, vamos! Esta chica puede ser la elegida. Ayúdame a no arruinarlo.
—Es que de verdad tengo prisa. Debo ir con Ana.
—Ana no se irá a ningún lugar, dame solo cinco minutos para…
—¿Ya nos vamos?
Gal giró y se encontró con los dos actores que habían regresado del baño.
—Sí. Vámonos —dijo ella tratando de que todos caminaran lo más rápido posible.
—Hola —le dijo Willy a los acompañantes de Gal—. ¿Por qué tanta prisa, Gal? Siéntate un rato conmigo. Tus amigos pueden acompañarnos, tal vez tengan buenos consejos también —dijo Willy haciendo un guiño.
—Ah, no, no. No somos sus amigos —dijo el hombre—. Somos sus padres.
—¡¿Tus padres?! ¡Qué maravilla! —Willy estrechó la mano de ambos—. Por fin los conozco. Llevo años pensando que Gal nació por generación espontánea.
—Nada de eso. Este tesoro submarino vino de aquí —dijo la mujer pellizcando la mejilla de Gal.
—Vámonos, ya —dijo Gal mirado hacia la puerta.
Pero en ese momento el alma se le fue a los pies. Ana estaba parada a unos metros de ella observando todo.
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….Continuará….
P.d. Un cap. nuevo cada viernes
Pd2. Comenta o reacciona a este capítulo. Ayuda a que no haya fallos y siemrpe te lleguen estos emails.
En caso de no querer recbirlos más, aquí abajito verás cómo darte de baja de esta lista para siempre.
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